La caza de brujas en Europa

Entre los siglos XV y XVIII, las autoridades de muchos lugares de Europa desencadenaron una brutal represión contra los supuestos adoradores del diablo. Miles de ellos fueron condenados y murieron en la hoguera.

El Aquelarre de Goya

El diablo, bajo la forma de un macho cabrío, es adorado por un grupo de brujas que le ofrecen niños en sacrificio, alusión quizás a la práctica del aborto. Óleo de Francisco Goya. 1797-1798. Museo Lázaro Galdiano, Madrid.

 

A finales del siglo XVIII, un historiador alemán calculó que a lo largo de un milenio habían sido ejecutados en Europa nueve millones de supuestos brujos y brujas. En realidad, el número fue muy inferior: los estudiosos actuales estiman que entre mediados del siglo XV y mediados del siglo XVIII se produjeron entre 40.000 y 60.000 condenas a la pena capital por ese concepto. Aun así, se trata de una cifra muy considerable, a la que cabe añadir aquellos que murieron como consecuencia del trato infligido durante la detención y, asimismo, los muchos que sufrieron linchamiento como sospechosos de brujería, al margen de cualquier proceso formal y que, por tanto, no fueron debidamente registrados. No hay duda de que la brujería fue uno de los fenómenos más dramáticos de la Europa moderna y sus consecuencias fueron terribles: decenas de miles de personas acusadas de connivencia con el diablo, la mayoría humildes mujeres, fueron objeto de terribles oleadas de persecución en las que salió a relucir la radical intolerancia de su época.

Aquelarres y hogueras

En esta ilustración, procedente de un manuscrito suizo, se representa a la izquierda la celebración de un aquelarre, y a la derecha una quema de brujas en Baden.

Aunque la creencia en la brujería está documentada desde épocas muy remotas de la historia de Europa, fue a partir del siglo XIII cuando la idea se convirtió en una auténtica obsesión y empezaron a desencadenarse persecuciones organizadas por la Iglesia. La razón de ello se encuentra, seguramente, en la aparición, precisamente en ese tiempo, de un poderoso movimiento herético en amplias zonas del continente, sobre todo en el sur de Francia: los cátaros. Para reprimirlos, la Iglesia de Roma puso a punto una institución de gran poder, la Inquisición, que con el tiempo se encargaría de controlar a quienes realizaban prácticas mágicas.

La doncella de hierro

Instrumento de tortura también conocido como la virgen de Núremberg. Siglo XVII.

De las herejías a la brujería

La identificación entre magia y herejía fue un proceso gradual. En 1233, el papa Gregorio IX promulgó la bula Vox in Rama, en la que se acusaba a una imprecisa secta de herejes alemanes de adorar a animales monstruosos, cometer sacrilegios y practicar rituales orgiásticos. Acusaciones semejantes se vertieron a principios del siglo XIV contra los templarios, en el gran proceso que se organizó contra ellos tras la supresión de la orden militar. Posteriormente, en 1326, la bula Super illius specula, de Juan XXII, equiparó definitivamente las prácticas o las creencias mágicas con la herejía, permitiendo que se aplicasen también a estas últimas los procedimientos inquisitoriales normales.

El aquelarre de las brujas

Óleo realizado por el pintor flamenco Frans Francken II el joven. 1606. Museo Victoria y Alberto, Londres.

 

Por último, en 1484 el papa Inocencio VIII, en la bula Summis desiderantes affectibus, formuló una condena radical de todos aquellos que cometieran actos diabólicos y ofendieran así la fe cristiana: «Muchas personas de ambos sexos se han abandonado a demonios, íncubos y súcubos, y por sus encantamientos, conjuros y otras abominaciones han matado a niños aún en el vientre de la madre, han destruido el ganado y las cosechas, atormentan a hombres y mujeres y les impiden concebir; y, sobre todo, reniegan blasfemamente de la fe que es la suya por el sacramento del bautismo, y a instigación del Enemigo de la Humanidad no dudan en cometer y perpetrar las peores abominaciones y excesos más vergonzosos para peligro mortal de sus almas».

El transporte de una bruja

La tradición siempre ha sostenido que las brujas se trasladaban a los aquelarres montadas en una escoba. En la imagen, bruja en su escoba. Ilustración del siglo XV. Biblioteca Nacional, París.

La lucha contra la herejía sirvió, pues, de pretexto para los episodios de caza de brujas que surgieron con creciente frecuencia a partir del siglo XV. Esto ocurrió en la Suiza franco- provenzal, así como en el norte de Francia. En 1459, en la ciudad de Arras, entonces bajo soberanía de los duques de Borgoña, la condena de un ermitaño por magia demoníaca provocó una serie de confesiones en cadena, ayudadas por la tortura, que terminaron con 29 acusaciones y 12 ejecuciones. El episodio fue conocido como vauderie de Arras, en referencia a los vaudois, «valdenses», una corriente herética surgida en los siglos XII y XIII. El eco del asunto provocó la intervención del duque Felipe el Bueno, que logró frenar lo que ya parecía una psicosis colectiva. Los condenados fueron rehabilitados muchos años más tarde, en 1491.

Las brujas de Berwick

El rey Jacobo VI, preside un tribunal para examinar la culpabilidad o inocencia de las presuntas brujas de Berwick. Grabado de la obra Newes from Scotland. 1591.

El período más intenso de caza de brujas se sitúa, en cualquier caso, en la segunda mitad del siglo XVI y se prolongó hasta 1660. Sin duda, no es casualidad que esta fase se corresponda, en parte, con la llamada «pequeña era glacial»: un empeoramiento climático que trajo malas cosechas y carestías; fenómeno que parece haber afectado a varias áreas de Europa en diferentes momentos entre 1580 y 1630, al que siguió la trágica oleada de peste de 1630. La posterior mejoría económica se correspondió igualmente con una disminución generalizada de los procesos, aunque en algunas zonas fue a finales del siglo XVII cuando se produjeron los peores casos de caza de brujas.

Masacres en Alemania

La caza de brujas no tuvo el mismo alcance ni la misma intensidad en toda Europa. Sin lugar a dudas, el territorio en el que se desarrollaron las persecuciones más virulentas y numerosas fue Alemania. La gran mayoría de los procesos se produjeron entre los siglos XVII y XVIII, y la cifra total de víctimas oscila entre 22.000 y 25.000 –aunque hay autores que la elevan a 30.000–, lo que representa la mitad del total europeo. En las primeras décadas del siglo XVII, en particular, estalló una auténtica psicosis colectiva en el suroeste del país, en torno a ciudades como Bamberg, Maguncia, Eichstätt o Würzburg, donde se desarrollaron procesos masivos, en los que condenados y ejecutados se contaban por centenares.

Una causa de ello fue la fragmentación política del Sacro Imperio Romano Germánico: al no haber un poder central fuerte, cada ciudad se enfrentaba al problema con cierto grado de autonomía, lo que propiciaba abusos y actuaciones discrecionales. Asimismo, la coexistencia de grupos de católicos y reformados, como ocurría en el suroeste de Alemania, creaba graves tensiones que desembocaban con frecuencia en acusaciones recíprocas de brujería.

Los procesos de brujería en las ciudades alemanas alcanzaron cotas inusitadas de dramatismo. Un testimonio de los procesos de Würzburg explicaba en una carta a un conocido en 1629: «Hay niños de tres y cuatro años, hasta 300, de los que se dice que han tenido tratos con el Diablo. He visto cómo ejecutaban a chicos de siete años, estudiantes prometedores de 10, 12, 14 y 15 años. También había nobles». Sin embargo, el mismo testimonio estaba convencido de la realidad de las acusaciones: «No hay duda de que el Diablo en persona, con 8.000 de sus seguidores, mantuvo una reunión y celebró misa ante todos ellos, administrando a sus oyentes cortezas y mondaduras de nabos en lugar de la Sagrada Hostia. Se pronunciaron blasfemias tan horribles que tiemblo de escribirlas».

Combatir al diablo y sus acólitos

En otros puntos de Europa no faltaron los procesos masivos, generalmente en regiones periféricas, fuera del control de los gobiernos centrales. Por ejemplo, en el suroeste de Francia, un juez de Burdeos, Pierre de Lancre, lanzó una pesquisa que llevó a la hoguera a 80 supuestos brujos, mientras que otros 500 sospechosos fueron absueltos, debido principalmente a su corta edad. Lancre estaba convencido de haber visto 3.000 niños con la marca del demonio y de que en el País Vasco francés había una secta diabólica con 30.000 miembros; «todos los habitantes de la Navarra son brujos», escribió. En Lorena Nicolas Rémy, otro magistrado firmemente convencido de la existencia del demonio, envió a la muerte a cientos de brujas entre 1586 y 1595. En cambio, el Parlamento de París, tribunal supremo de Francia, raramente ratificaba las condenas a muerte.
En Inglaterra, hasta 1640 se ha calculado que no se quemó a más de 44 personas.

Sin embargo, durante el período de guerra civil iniciado en 1640, cuando el poder central era débil y los conflictos religiosos estaban exacerbados, se produjeron persecuciones terribles. Por ejemplo, entre 1644 y 1648 el juez Matthew Hopkins condenó a muerte a 200 personas. En la península escandinava la brujomanía llegó más tarde, pero cuando lo hizo causó estragos. En 1668, un juicio que llevó a la hoguera a 30 personas, acusadas de secuestrar niños y de tener tratos con el diablo, dio lugar a una caza de brujas generalizada por todo el país. Trescientas personas fueron ejecutadas, casi todas mujeres. Cabe señalar que sólo una fue quemada viva, pues la costumbre era decapitarlas antes. En 1675, en tres pequeñas aldeas del centro de Suecia que sumaban 670 habitantes mayores de 15 años, fueron ejecutadas 71 personas: 65 mujeres, dos hombres y cuatro chicos. La base principal de la acusación fueron las «confesiones» de niños que contaban historias fantásticas sobre cómo las brujas los habían llevado a Blockulla, la residencia del diablo en la mitología nórdica.

El sur de Europa, menos contundente

Al contrario de lo que podría creerse, la muy católica España quedó libre en buena medida de las explosiones de violencia contra las supuestas brujas, de modo que el número de víctimas resultó muy bajo si lo comparamos con el de la Europa central y septentrional. El mérito de ello corresponde a la tan difamada Inquisición, que aquí era especialmente eficaz. La decisión clave en este sentido se tomó después de una redada en los valles de Navarra en 1525, que terminó con la ejecución de entre 30 y 40 personas.

Al año siguiente, una junta de juristas en Granada determinó que en adelante los casos de brujería serían competencia de la Inquisición y poco después se establecieron una serie de normas estrictas para los inquisidores, que debían comprobar si los acusados habían sufrido torturas, en cuyo caso las confesiones serían rechazadas. Aun así, también se produjeron episodios de persecución masiva, como el bien conocido de las brujas de Zugarramurdi, la localidad navarra en la que, en 1609, fueron apresadas decenas de personas, la mayoría en base a las acusaciones realizadas por niños. De ellas, treinta resultaron condenadas en un auto de fe, once a muerte, aunque sólo se quemó a seis, pues las otras habían fallecido en prisión.

En Italia los procesos, aunque empezaron pronto, no fueron frecuentes y las condenas a muerte no fueron muchas, gracias, como en España, a las instrucciones de la Inquisición. Por ejemplo, en 1589, coincidiendo con un período de carestía y de elevada mortalidad infantil, dio inicio en Triora, cerca de Génova, un proceso en el que se encausó a un considerable número de mujeres. Las diligencias se prolongaron largo tiempo y algunas prisioneras murieron en la cárcel a causa del trato sufrido, pero la Inquisición romana puso fin al episodio. En las áreas alpinas de Italia también hubo oleadas de persecución, especialmente en la década de 1630, propiciadas por la situación de tensión confesional entre católicos y protestantes así como por las condiciones de pobreza en la zona, agravadas por la peste de 1630 que mató a la mitad de la población.

El triunfo de la razón

Al tiempo que arreciaba la caza de brujas en numerosas regiones de Europa, surgieron voces críticas que ponían en cuestión la realidad de las acusaciones sobre posesiones diabólicas. Por ejemplo, cuando en la primera mitad del siglo XVI se pidió al jurista milanés Andrea Alciati su parecer sobre unos procesos en el valle alpino de la Valtelina, quedó impresionado por la dureza del trato infligido a los acusados y por el número de ejecuciones, y argumentó por escrito sus opiniones críticas. Más tarde, el médico brabanzón Johann Wier afirmaba en dos tratados que el demonio ejerce su poder confundiendo las mentes de las presuntas brujas, pero también induciendo en la sociedad mucha credulidad hacia el fenómeno.

En España, el humanista Pedro de Valencia afirmó, en un informe sobre el caso de las brujas de Zugarramurdi, que éstas fueron «juntas de hombres y mujeres que tienen por fin el que han tenido y tendrán todos los tales en todos los siglos, que es torpeza carnal […] Siguiendo estos vicios y guiados por estos espíritus se van los brujos y brujas por sus pies a las juntas y procuran meter en el juego niños y niñas, como más fáciles de cazar». Según Valencia, no había que dar crédito a las confesiones de los acusados, pues éstos «dicen de propósito disparates increíbles para encubrir la verdad y porque los dejen». El jesuita alemán Friedrich von Spee, por su parte, que había sido testigo de numerosos procesos por brujería, publicó en 1631 un libro en el que denunciaba que en estos procesos se consideraba culpable al imputado antes de que se presentasen pruebas válidas.

En el siglo XVIII, las críticas contra la creencia en las brujas se hicieron aún más insistentes. Por ejemplo, el noble veronés Scipione Maffei negó en numerosos escritos la realidad de todas las creencias mágicas. Montesquieu y Voltaire fueron igualmente radicales en tachar de supersticiones tanto las creencias en las brujas como las de sus acusadores; para ellos, la caza de brujas no había sido otra cosa que un gran fraude, facilitado por la ignorancia y el oscurantismo, que sólo el Siglo de las Luces era capaz de superar.

 

Artículo tomado desde: www.nationalgeographic.com

 

LAS ILUSIONES

Autor: Juan Ramón Jiménez

 

—No era nadie. El agua.
—¿Nadie?
¿Que no es nadie el agua?
—No
hay nadie. Es la flor.
—¿No hay nadie?
Pero ¿no es nadie la flor?

No es nadie. Era el viento.
—¿Nadie?
¿No es el viento nadie?
—No
hay nadie. Ilusión.
—¿No hay nadie?
¿Y no es nadie la ilusión?

SEVILLANAS

Autor: Antonio Gala

Aceituna en invierno,
trigo en verano.
No te tardes bien mío,
que yo te llamo.

Que yo te llamo, niña,
que yo te imploro.
Y rebosan las ramblas
con lo que lloro.

Cuando suspiro,
hasta el aire me amarga
si no te miro.

Ay, que tormento,
que me duela hasta el aire
si no te siento.

Azahares en marzo,
limón lunero,
quién pudiera decirte
cuanto te quiero.

Tanto te quiero, niña,
tanto te amo,
que en cuanto el mar sea mío
te lo regalo.

Cuando suspiro,
hasta el aire me amarga
si no te miro.

Ay, qué tormento,
que me duela hasta el aire
si no te siento.

Olivo en la campiña,
pino en la sierra.
Negritos son los ojos
que a mí me queman.

Que a mí me queman, niña,
que a mí me matan,
y la flor de mi almendro
la desbaratan.

Cuando suspiro,
hasta el aire me amarga
si no te miro.

Ay, qué tormento,
que me duela hasta el aire
si no te siento.

Arroz en la marisma,
pita en la arena.
Mi corazón amante
muerto de pena.

Muerto de pena, niña,
muerto de duelo,
deshojando la rosa
del desconsuelo.

Cuando suspiro,
hasta el aire me amarga
si no te miro.

Ay, qué tormento,
que me duele hasta el aire
si no te siento.

 

Arte: Julio Romero de Torres

SE QUERÍAN

Autor: VICENTE ALEIXANDRE 

Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando…
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

Los escenarios de Van Gogh

Viaje por la provincia de Brabante tras los trazos del pintor holandés

Nuenen

Entre 1883 y 1885, Van Gogh pintó hasta siete veces el molino De Roosdonck, cada vez con una luz distinta.

 

El amor por el campo y los campesinos determinó la obra de Vincent Van Gogh en sus inicios. Pintó con el corazón los paisajes de Brabante Septentrional, la provincia del sur de los Países Bajos en la que nació y vivió su juventud. En ella se convirtió en artista, se impregnó del entorno y lo recreó de forma compulsiva con su personal paleta de colores, de forma que en solo diez años realizó 800 pinturas y 1.000 dibujos. En 2016 se cumplen 126 años de su muerte y qué mejor manera que conmemorarlo que siguiendo la Ruta Van Gogh, idónea para seguir en bicicleta y por etapas, que descubre sus primeros escenarios.

El viaje se inicia en Zundert, 138 km al sur de Ámsterdam, donde el artista nació en 1853. La localidad preserva su fisonomía rural, dibujada por molinos, bosques de lánguidos árboles y campos de fresas alineados junto a los senderos. La casa natal de Van Gogh ya no existe, pero, en su lugar, un edificio de arquitectura holandesa la recrea y acoge una muestra con recuerdos, fotografías y documentos. El jardín de la parte trasera, en el que se ha instalado un restaurante, es una réplica del que tenía la casa familiar.

Den Bosch

La Catedral de Sint Jans es uno de los templos más destacados de Holandapor su arquitectura de estilo gótico-flamígero.

 

La visita al pueblo pasa por la iglesia en la que su padre ejerció de pastor protestante –la sacristía es hoy un taller para jóvenes artistas– y el cementerio donde yace su hermano mayor, muerto al nacer y que, como él, se llamaba Vincent, un hecho que marcó su niñez. Después se puede realizar una excursión de ocho kilómetros que, a través de bosques, conduce a algunos de los rincones que inspiraron sus primeros lienzos.

Siguiendo un orden cronológico, hay que recorrer 41 kilómetros hasta Tilburg, localidad de larga tradición textil como muestra su museo, donde Van Gogh tomó sus primeras clases de dibujo. Allí, el moderno centro Vincent’s Art Roomreproduce el aula en la que descubrió su vocación y pone al alcance de todos la posibilidad de pintar como el maestro, mediante pantallas digitales que enseñan su técnica.

Podemos detenernos en Breda, cuyo centro recuerda que en el siglo XVI fue una de las plazas fuertes de los Países Bajos, antes de seguir la ruta Van Gogh en Etten-Leur, a 42 km de Tilburg. Consciente de que quería dedicarse a la pintura, el joven Vincent se instaló en este típico pueblo brabanzón al que se había mudado su familia, para dejarse llevar por la inspiración que encontraba en sus gentes y paisajes.

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Vincentre

El Vincentre, en el pueblo de Nuenen, revive la vida y obra de Van Gogh en la misma casa en la que residió el pintor.

 

La siguiente etapa es Den Bosch, o también s’-Hertogenbosch. En su Museo de Noord-Brabant, instalado en un palacio del XVIII, se pueden ver obras tempranas y esbozos de los personajes de una de sus obras maestras: Los comedores de patatas (1885). Den Bosch es un lugar encantador para callejear por el casco antiguo amurallado, navegar en barca por canales y degustar en un café la típica bosche ball (bola de crema bañada en chocolate).

Con la opción de tomar el desvío al castillo de Heeswijk, llegamos a Nuenen (a 38 km de Den Bosch), donde Van Gogh vivió su eclosión artística: allí pintó miles de bocetos y una cuarta parte de la totalidad de su obra. Todo Nuenen es Van Gogh, como si de un museo al aire libre se tratase. Sus calles y alrededores recuerdan al pintor y hay paneles frente a lugares icónicos que muestran el paisaje real junto a las obras pictóricas: Congregación saliendo de la iglesia reformada en Nuenen (1884), La vieja torre de Nuenen con un labrador (1884), Hombre y mujer plantando patatas (1885)…

Heeswijk

El castillo-ciudadela de Heeswijk (s. XI).

 

El genio pintaba a todas horas; se detenía junto a los campesinos para captar su expresión cansada; buscaba las luces lúgubres de aquella realidad opresiva. Su obsesión provocó el rechazo de las autoridades, que vieron en sus cuadros una crítica social. Finalmente tuvo que abandonar Brabante, iniciando un periplo que le llevó a Londres, La Haya, París, Provenza y más de 30 lugares en 38 años.

El Vincentre que Nuenen dedica al artista muestra una detallada cronología de su vida y obra en la provincia, e imágenes de los 21 lugares que le sirvieron de modelo. Uno de los más retratados es el Molino de agua De Roosdonck (1884), situado en las afueras y convertido en restaurante. Su visita permite ver los paisajes que atraían al pintor y degustar la gastronomía brabanzona, a base de sopas y guisos con las famosas patatas de la zona, acompañados de pan de especias y la peculiar cerveza local, de sabor dulce.

Den Bosch

El canal Zuid Willemsvaart cruza la ciudad y la conecta con Maastricht y Lieja. En el Siglo de Oro holandés (s. XVII) era una importante vía de comunicación.

 

La última etapa es Eindhoven, donde el pintor dio clases. Su aportación a la ruta es un sendero para bicicletas que se ilumina al anochecer, recordando el cielo de La noche estrellada (1889). Estos 600 metros centelleantes ponen el broche al viaje por los escenarios del genio holandés.

Etapas imprescindibles en la ruta Van Gogh

1 Zundert. Cuna de Van Gogh, este pueblo agrícola y horticultor acoge la feria de flores más antigua de Europa.
2 Tilburg. Fundada en pleno auge de la industria textil (XVII), preserva antiguos almacenes convertidos en restaurantes.
3 Den Bosch. Sus atractivos son la plaza
del Mercado, la catedral de Sint Jans yel museo provincial de Noord-Brabant.
4 Nuenen. En esta localidad Van Gogh dio clases mientras vivía los primeros años de su carrera como pintor.

 

 

 

Artículo tomado desde www.nationalgeographic.com

Una isla para el encaje

Casas pintadas de colores vivos identifican a la isla Burano entre la niebla del agua veneciana. El tejido del encaje, sin embargo, es su gran distintivo.

Sube y baja la aguja que guía la mano derecha diligente, precisa, cuidadosa. Un impecable delantal blanco resguarda la almohada cilíndrica sobre la cual la merlettaie trabaja una pieza con hilos blancos que retrata a un gondolero en plena acción sobre la laguna. Un dedal dorado protege su dedo corazón.

¿Cómo usted se llama?

-Merlettaie (tejedora), cuando está trabajando ella se llama así. Todas lo son, contesta, en su lugar, Olga, la dueña de la tienda donde la mujer ofrece una demostración de cómo en pleno año 2016, en la isla veneciana de Burano, se mantiene vivo el arte del tejido de encaje que heredaron desde el siglo XVI.

Es domingo en la tarde y la isla, con sus casas abrazadas de colores vivos, aún recibe visitantes. Los residentes, acostumbrados a oleadas de turistas que van y vienen, ni se inmutan ante su presencia; tienden ropa, conversan en la plaza, juegan los niños. Este es el escenario del gran protagonista de la isla que cientos de años atrás poblaron los artesanos: el encaje.

En Burano se teje, se vende el encaje que se ha utilizado para los más refinados vestidos desde el siglo XVI y en su Museo del Merletto se custodia la herencia que el hilo y la aguja les han legado.

En el antiguo Palazzo de la Podestà de Torcello, en la Piazza Galuppi, fundó la Condesa Adriana Marcello en el 1872 la Escuela de Encaje de Burano con el empeño de revivir una antigua tradición. Hoy esta es la sede del museo que embarca al visitante en una viaje dirigido por puntadas con sello veneciano, florentino, español y francés, entre otras influencias que siguieron entrelazándose. Piezas pertenecientes a la colección de la escuela son allí exhibidas.

Cada mañana, las tejedoras se reúnen en el museo y en las tiendas para realizar demostraciones de tejido, trabajo que asemeja a una orquesta de manos y agujas con movimientos acompasados.

Múltiples tiendas alrededor del Museo venden piezas revividas por el encaje; desde estolas, faldas, blusas y vestidos hasta sombrillas, sábanas, manteles y ajuares de bebé. Llaman la atención las piezas de cuatro pulgadas cuadradas en las que se retratan tanto una delicada bailarina de ballet hasta un futbolista pateando el balón o un simpático burro. Diez euros cuestan y son el anzuelo perfecto para despertar interés por diseños más elaborados y costosos. ¿Cuántas puntadas requiere cada pieza? ¿Cuánto empeño, paciencia y devoción reclama?

A las cinco y media de la tarde la merlettaie recoge sus bártulos, se despide de Olga y sale de la tienda. Abre la puerta de su casa, justo al lado, y entra. Allí seguro tendrá otro nombre.

CÓMO LLENARTE, SOLEDAD…

Autor: Luis Cernuda

Cómo llenarte, soledad,
sino contigo misma…

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos o ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todo ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tú me das fuerza y debilidad
como el ave cansada los brazos de la piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y erguido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
por quienes vivo, aún cuando no los vea;
y así, lejos de ellos,
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
puras ante la espera de una revolución ardiente
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.

No puede, no, no puede la belleza…

Autor: Rafael Alberti

No puede, no, no puede la belleza
morir o ser cegada
por cualquier conmoción o cataclismo.
Ceñido estoy a veces de catástrofes,
con la patria perdida,
con mis mares y bosques allá lejos,
sin mí, desesperados.
Y sin embargo, oh tú, distante, emerges,
Venus real de espumas y de hojas.
Cuerpo de savias verdes y salitres
enamorados subes.
En él la arena teje con las ramas
altos salientes, tibias oquedades.
Dichosos los que al fin de la tormenta,
o incluso en medio de sus rojos rayos,
te suspiran, te tocan y se mueren
por ti, por ti, que eres también la aurora.

(Poemas de Punta del Este, 1956)

SIEMPRE ELLA

Autor:  JOSÉ MARÍA HINOJOSA   

 

Precisamente porque estaba sola
tendida en una rama de la noche
no quise vadear el arco iris
para unir en un beso nuestras voces. 

Ella guardaba dentro de sus ojos
una pareja de palomas blancas, 
ella tenía dentro de sus párpados
la nieve derretida de sus lágrimas. 

Esta noche de seda, cómo cruje
y se hace toda ecos, a mi paso, 
ocultando en sus pliegues las palabras
que escapan sin querer de nuestros labios. 

Precisamente porque estaba sola
yo me había disuelto con el aire, 
dejó volar aquel par de palomas. 

ALBA – POEMA DE LA SOLEÁ (Cante Jondo)

Autor: Federico García Lorca

Campanas de Córdoba
en la madrugada.
Campanas de amanecer
en Granada.
Os sienten todas las muchachas
que lloran a la tierna
soleá enlutada.
Las muchachas
de Andalucía la alta
y la baja.
Las niñas de España
de pie menudo
y temblorosas faldas,
que han llenado de luces
las encrucijadas.
¡Oh, campanas de Córdoba
en la madrugada.
y oh, campanas de amanecer
en Granada!