Ruth Bernhard, reverencia atemporal

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In the box. Ruth Bernhard 1962.

Ruth Bernhard es la fotógrafa inconfundible de los desnudos femeninos, que potencia con sus fuertes contrastes de luz y sombra, y con la fuerza expresiva del blanco y negro, la silueta y los volúmenes de los cuerpos desnudos de la mujer.

Ruth Bernhard nació en Berlín en 1905 y tras el divorcio de sus padres quedó bajo la custodia del padre que, como diseñador gráfico que era y tipógrafo, influiría en las inclinaciones artísticas de su hija. De hecho Ruth estudió en la Academia de Bellas Artes de Berlín, aunque en 1927 marcharía con su padre a Nueva York. Algunos años después, en 1935, el encuentro casual con el fotógrafo Edward Weston en Santa Mónica, California, le cambiaría la vida, porque desde entonces decide dedicarse al arte de la fotografía de una forma inequivoca, siendo Weston su principal mentor y maestro. Los principios no fueron fáciles, trabajando en encargos de fotografía comercial y de diseño, aunque poco a poco se va especializando en el desnudo femenino, cobrando progresivamente un prestigio que terminará por hacerle un hueco entre los grandes fotógrafos del siglo XX.

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Wet Silk.  Ruth Bernhard 1938.

Sobre todo por sus estudios de desnudos, siempre de una gran precisión en los detalles y de un purismo casi abstracto en las formas. Tanto, que llegaba a realizar una sola fotografía desde un ángulo concreto, después de recrear minuciosamente una composición, a veces durante días. Ella lo explicaba así: “Mi búsqueda, a través de la magia de la luz y la sombra, es aislar, simplificar y dar énfasis a la forma con la mayor claridad. Mi objetivo es indicar la proporción ideal y revelar la masa escultural y el espíritu dominante”. Especialmente de desnudos femeninos, porque como ella decía: “Si he elegido la forma femenina en particular es porque la belleza ha sido degradada y explotada en nuestro sensual siglo XX. La mujer ha sido objeto de muchas cosas sórdidas y baratas, sobre todo en la fotografía. Mi misión ha sido elevar y fomentar la imagen de la mujer con una reverencia atemporal.”

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Ruth Bernhard, n.d.

De la mano de Edward Weston, Bernhard formará parte del Group f/64, uniéndose a otros fotógrafos de la Costa Oeste como el propio Weston, Ansel Adams, Minor White, Imogen Cunningham, Wynn Bullock y Dorothea Lange. Todos en la misma línea de purismo compositivo y minimalismo fotográfico que ella. Bernhard, además,organizó numerosos talleres de fotografía, impartió clases y publicó varios libros, contándose obras suyas en las colecciones del San Francisco Museum of Modern Art, el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el Museum of Fine Arts de Houston y el Victoria and Albert Museum de Londres.

( http://www.historiadelartecreha.com
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Two formas. Ruth Bernhard, 1963.
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Angles. Ruth Bernhard 1969.
Tomado de: ojoacromatico.blogspot.com
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Fernando Manso: España mágica

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España mágica © ed. Lundwerg 2012

“Pintar con luz es lo que me lleva a mostrar lo más profundo de mis

emociones. La paciencia con la que fotografío paisajes me transporta

más allá de las sensaciones: no siento ni padezco, simplemente espero

el momento para captar lo que quiero transmitir. Reflejos, sombras,

brillos, brumas, nieblas…  en definitiva, la luz que nos hace percibir la

realidad y sus interpretaciones.”

 

Fernando Manso.
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Playa de San Martín

Tras su muy comentado y apreciado libro sobre Madrid, que catapultó a su autor desde el práctico anonimato a ser uno de los fotógrafos españoles más populares en estos momentos, la editorial Lundwerg ha completado su oferta con la reciente publicación de un segundo volumen de Fernando Manso, con prólogo del pintor Antonio López y dedicado esta vez a recoger paisajes de diversos puntos de España. Bellos, atmosféricos y románticos paisajes de España.
Señala muy acertadamente Antonio López en el prólogo del libro como la poética que se manifiesta tras la mirada sobre el paisaje de este fotógrafo está impregnada de un espíritu muy similar al del romanticismo alemán y cita concretamente a Friedrich, aunque en mi modesta opinión yo añadiría al alemán los ejemplos de William Turner o incluso John Constable. Como ellos Manso muestra una evolución, bastante patente si se compara este libro con el anterior, en la que sus imágenes se adelgazan progresivamente de formas para cargarse de luz. Dicho de otro modo, se detecta un gusto creciente por suavizar los rotundos volúmenes para enfatizar los aéreos efectos de la atmósfera en movimiento y a  la par el tratamiento de la imagen evoluciona hacia una textura y armonía cromática más y más pictóricas, como si su autor pretendiera pintar delicadas acuarelas con la cámara. Contemplando su obra se intuye, como en los buenos cuadros románticos, al hombre ensimismado ante la naturaleza, atrapado entre las grandes masas de vapor que se arremolinan en la atmósfera, el enigma que se oculta en la profundidad de los lagos o de la realidad que se difumina entre la niebla, la fría y melancólica serenidad que imponen los parajes cubiertos de nieve, el pasmo arrebatado ante la sobrehumana fuerza del mar… Como en los pintores románticos, el misterio y la desconcertante belleza de las formas de la naturaleza bajo la cambiante luz se convierte en protagonista, dejando la figura humana, en los pocos casos en que aparece reducida a un segundo plano.

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San Vicente de la Barquera
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Barcas en Riaño.

No les canso más, contemplen las imágenes que les ofrezco de ejemplo a continuación y si tienen tiempo compárenlas con las de su anterior libro, Madrid (tienen un enlace al final del post). A mi modo de ver la evolución es clara, Fernando Manso se muestra fiel a su objetivo confeso de “pintar con luz” y esto decantará de forma inevitable aún más la opinión del espectador ante su obra. Es este un fotógrafo ante el cual cada vez queda menos resquicio para la indiferencia o la tibiedad, o lo amas o lo odias. Demasiado bonito para estos tiempos, anacrónico incluso, dirán algunos, y en cierto modo no les faltará razón. Yo por mi parte hace ya tiempo que me liberé de los prejuicios de la crítica y si les confieso que tanto Turner como Friedrich están entre mis pintores favoritos, no creo que sean necesarias más pistas sobre mi opinión. Un saludo amigos, feliz Navidad a todos y disfruten de estas imágenes sin complejos. Les dejo por último unos párrafos seleccionados del prólogo:

«Fernando Manso no cumple con el estereotipo del fotógrafo, su disposición supera lo corriente y siempre busca algo excepcional. Desde su objetivo, ofrece detalles extraordinarios como solo puede hacerlo la fotografía, y eso es de una importancia enorme.»
«A veces en la naturaleza hay horas especiales donde ocurren cosas que no estamos acostumbrados a ver, lo inusual, el instante donde se produce una revelación, y es en esos instantes donde -como muy pocos creadores y de forma muy personal- trabaja Fernando Manso.»
«Hay muchas formas de representar la luz, y sus fotografías me recuerdan a Caspar David Friedrich, están tocadas por ese espíritu evocador del romanticismo alemán, su templanza, que concilia el tumulto del idealismo con una armonia y serenidad bellisimas»
Antonio López

Fernando_Manso_spain07_playadelaEspasaASturiasPlaya de la Espasa. Asturias.

Fernando_Manso_spain09_CalaCarbonALmeriaCala Carbón, Almeria.

 

Tomado de: ojoacromatico.blogspot.com

ELOGIO DE LA SOMBRA

Autor: Jorge Luis Borges

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La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.

autógrafo

 

NOCIÓN DE PATRIA

Autor: Mario Benedetti

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Cuando resido en este país que no sueña
cuando vivo en esta ciudad sin párpados
donde sin embargo mi mujer me entiende
y ha quedado mi infancia y envejecen mis padres
y llamo a mis amigos de vereda a vereda
y puedo ver los árboles desde mi ventana
olvidados y torpes a las tres de la tarde
siento que algo me cerca y me oprime
como si una sombra espesa y decisiva
descendiera sobre mí y sobre nosotros
para encubrir a ese alguien que siempre afloja
el viejo detonador de la esperanza.

Cuando vivo en esta ciudad sin lágrimas
que se ha vuelto egoísta de puro generosa
que ha perdido su ánimo sin haberlo gastado
pienso que al fin ha llegado el momento
de decir adiós a algunas presunciones
de alejarse tal vez y hablar otros idiomas
donde la indiferencia sea una palabra obsena.

Confieso que otras veces me he escapado.
Diré ante todo que me asomé al Arno
que hallé en las librerías de Charing Cross
cierto Byron firmado por el vicario Bull
en una navidad de hace setenta años.
Desfilé entre los borrachos de Bowery
y entre los Brueghel de la Pinacoteca
comprobé cómo puede trastornarse
el equipo sonoro del Chateau de Langeais
explicando medallas e incensarios
cuando en verdad había sólo armaduras.

Sudé en Dakar por solidaridad
vi turbas galopando hasta la Monna Lisa
y huyendo sin mirar a Botticelli
vi curas madrileños abordando a rameras
y en casa de Rembrandt turistas de Dallas
que preguntaban por el comedor
suecos amontonados en dos metros de sol
y en Copenhague la embajada rusa
y la embajada norteamericana
separadas por un lindo cementerio.

Vi el cadáver de Lídice cubierto por la nieve
y el carnaval de Río cubierto por la samba
y en Tuskegee el rabioso optimismo de los negros
probé en Santiago el caldillo de congrio
y recibí el Año Nuevo en Times Square
sacándome cornetas del oído.

Vi a Ingrid Bergman correr por la Rue Blanche
y salvando las obvias diferencias
vi a Adenauer entre débiles aplausos vieneses
vi a Kruschev saliendo de Pennsylvania Station
y salvando otra vez las diferencias
vi un toro de pacífico abolengo
que no quería matar a su torero.
Vi a Henry Miller lejos de sus trópicos
con una insolación mediterránea
y me saqué una foto en casa de Jan Neruda
dormí escuchando a Wagner en Florencia
y oyendo a un suizo entre Ginebra y Tarascón
vi a gordas y humildes artesanas de Pomaire
y a tres monjitas jóvenes en el Carnegie Hall
marcando el jazz con negros zapatones
vi a las mujeres más lindas del planeta
caminando sin mí por la Vía Nazionale.

Miré
admiré
traté de comprender
creo que en buena parte he comprendido
y es estupendo
todo es estupendo
sólo allá lejos puede uno saberlo
y es una linda vacación
es un rapto de imágenes
es un alegre diccionario
es una fácil recorrida
es un alivio.

Pero ahora no me quedan más excusas
porque se vuelve aquí
siempre se vuelve.
La nostalgia se escurre de los libros
se introduce debajo de la piel
y esta ciudad sin párpados
este país que nunca sueña
de pronto se convierte en el único sitio
donde el aire es mi aire
y la culpa es mi culpa
y en mi cama hay un pozo que es mi pozo
y cuando extiendo el brazo estoy seguro
de la pared que toco o del vacío
y cuando miro el cielo
veo acá mis nubes y allí mi Cruz del Sur
mi alrededor son los ojos de todos
y no me siento al margen
ahora ya sé que no me siento al margen.

Quizá mi única noción de patria
sea esta urgencia de decir Nosotros
quizá mi única noción de patria
sea este regreso al propio desconcierto.

autógrafo

 

La mujer de la paz, Bertha von Suttner (1843-1914)

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En 1905 se entregaba el cuarto Premio Nobel de la Paz de la historia. La galardonada fue Bertha von Suttner, una mujer entregada en cuerpo y alma a la defensa del pacifismo. Hija de una de las familias austriacas con más tradición militar de Viena, Bertha rompió con aquella existencia, se casó en secreto y vivió penurias económicas. En París trabajó brevemente para Alfred Nobel con quien estableció una profunda relación de amistad que duraría años. La vida y el ejemplo de Bertha von Suttner, autora de la obra cumbre del pacifismo ¡Adiós a las armas¡, le sirvió como inspiración a Nobel para crear su reputado premio. El primero de todos, el de la Paz, abrió el camino a una larga tradición de reconocimientos a la labor humana, científica, económica y literaria. Y la primera mujer en iniciar dicha tradición fue Bertha von Suttner.

La hija póstuma de un militar

Bertha Felicitas Sophie nació el 9 de junio de 1843 en Praga, entonces parte del Imperio Austro-Húngaro en el seno de una familia de militares. Bertha fue la hija póstuma del conde Franz Kinsky von Wchinitz und Tettau, mariscal de campo del Imperio Austro-Húngaro y su esposa Sofía Wilhelmine. Ya desde su nacimiento recibió el título de condesa de Kinsky y vivió rodeada del lujo de la corte. Recibió una esmerada educación de la mano de un tutor personal, aprendió varios idiomas y viajó en múltiples ocasiones.

Pero aquella vida de lujos y tranquilidad económica terminaría cuando su madre ya no fue capaz de mantener el elevado ritmo de vida que la corte exigía.

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Una condesa institutriz

Bertha tenía entonces unos treinta años y decidió buscarse un trabajo para poder independizarse económicamente. En 1873 empezó a trabajar como institutriz en casa del barón Karl von Suttner donde se hizo cargo de sus cuatro hijas. Su estancia con los von Suttner solamente duró tres años. Bertha se había enamorado del hermano mayor de las chicas, el conde Arthur Gundaccar von Suttner. El barón no sólo se opuso porque Bertha tuviera siete años más que Arthur. La joven, a pesar de pertenecer a la aristocracia, poco podía aportar a aquel matrimonio, aparte de su título.

En 1876 el barón von Suttner invitó a Bertha a dejar su cargo de institutriz de sus hijas. Fue entonces cuando, casualidades del destino, Bertha encontró un anuncio en el periódico en el que un caballero adinerado de París que buscaba una secretaria. Aquel millonario no era otro que el químico sueco Alfred Nobel.

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Una boda secreta

Su trabajo junto a Nobel se redujo a unos pocos días pero que, sin embargo, dejarían huella en ambos. Entre Bertha y Alfred nacería una relación de amistad que se perpetuaría a lo largo de muchos años gracias a las cartas que nunca dejaron de escribirse.

De vuelta a Viena, Bertha y Arthur se casaron en secreto en junio de 1876. La ceremonia llegó pronto a oídos del baron von Suttner provocando su ira y la de la toda la alta sociedad vienesa. Ante aquella incómoda situación, la pareja se marchó a vivir al Cáucaso donde vivirían casi una década sobreviviendo gracias a sus escritos en medios locales.

Palabras en favor de la paz

En 1885 el barón von Suttner aceptó al fin el matrimonio de su hijo y pudieron regresar a Viena donde Bertha continuó dedicándose a escribir y empezó a entrar en contacto con distintos movimientos pacifistas de toda Europa. En París conoció de primera mano la labor de la Asociación Internacional por la Paz y el Arbitraje e intercambió impresiones con otras personas con sus mismo ideales.

En 1889 Bertha von Suttner publicó la que sería su gran obra. ¡Adiós a las armas!, una novela en la que se relata la vida de Marta, una mujer que sufre el horror de la guerra, se convirtió en un claro referente del pacifismo y su autora en una consagrada escritora y activista internacional.

Convenciendo a Alfred Nobel

Bertha continuó dedicando toda su vida a la defensa de la paz en el mundo. Incluso después de quedarse viuda en 1902, no cejó en su empeño de demostrar a los dignatarios de los distintos países europeos de la necesidad de encontrar soluciones alejadas de los conflictos armados para resolver problemas.

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Mientras continuaba con su misión, Bertha no se olvidó de su amigo Alfred Nobel al que mantuvo siempre informado de sus acciones y al que terminó sensibilizando en favor de la necesidad de implicarse activamente en los movimientos pacifistas.

El 27 de noviembre de 1895 Alfred Nobel firmaba su testamento en el que destinaba una parte importante de su fortuna a crear un fondo con el que premiar a todas aquellas personas que hubieran dedicado de manera excepcional su vida a la paz, la ciencia y la literatura. La mujer que había inspirado e influido en aquel testamento recibiría en 1905 el Premio Nobel de la Paz.

Bertha von Suttner, quien también luchó por los derechos de las mujeres y estuvo siempre a favor de una Europa unida, participó en citas internacionales tan importantes como la Conferencia de la Haya de 1907. Ya entonces empezaba a intuir la amenaza belicista que sobrevolaba el Viejo Continente.

El 21 de junio de 1914, dos meses antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, Bertha von Suttner fallecía tras una larga lucha contra el cáncer.

 

Tomado de: http://www.mujeresenlahistoria.com/

 

Escapando a la muerte:

Los sobrevivientes de Auschwitz

“Los vagones eran doce, y nosotros seiscientos cincuenta; en mi vagón éramos sólo cuarenta y cinco pero era un vagón pequeño. Aquí estaba, ante nuestros ojos, bajo nuestros pies, uno de los famosos trenes de guerra alemanes, los que no vuelven, aquéllos de los cuales, temblando y siempre incrédulos, habíamos oído hablar con tanta frecuencia. Exactamente así, punto por punto: vagones de mercancías, cerrados desde el exterior, y dentro hombres, mujeres, niños, comprimidos sin piedad, como mercancías en docenas, en un viaje hacia la nada, en un viaje hacia allá abajo, hacia el fondo. Esta vez, dentro íbamos nosotros (…) Entre las cuarenta y cinco personas de mi vagón tan sólo cuatro han vuelto a ver su hogar; y fue por mucho el vagón más afortunado”. 

Primo Levi en Si esto es un hombre

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(Erzsebet Brodt: 89 años. Sostiene una fotografía de sus familia cuyos integrantes murieron en Auschwitz-Birkenau. Brodt tenía 17 años cuando llegó al campo de concentración y recuerda “quienes estaban enfermos o a punto de dar a luz, eran obligados a salir y los metían en otro vagón. Cuando éste se abrió en Auschwitz, vimos que todos habían muerto”. )

El Holocausto es una herida sensible en la historiade la humanidad, no por haber sido perpetrado en su mayor parte contra la población judía, sino porque representa el fondo del pozo de la atrocidad humana. Se trató pues, de una maquinaria perfecta ideada para matar en masa y evitar la presión psicológica que la muerte supone en el perpetrador, un hecho que ocurría en las muertes por ejecución en territorio ruso, por ejemplo. Con una clara complicidad de la sociedad europea, los nazis lograron imponer la muerte sistemática para las minorías étnicas, raciales y sexuales que pronto eran abandonadas a su suerte, sin importar que familias enteras fueran arrastradas hacia un destino común. Por ejemplo, tan sólo 200,000 presos sobrevivieron al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau donde otros 1.1 millón de personas encontraron la muerte. Muchos de ellos intentaron seguir con su vida en Europa, otros más viajaron hacia Israel con mente fija en la tierra prometida pero ninguno pudo olvidar lo que perdió y encontró en los campos de exterminio.

En el marco del 70º aniversario de la liberación de Auschwitz, múltiples fotógrafos de Reuters se dieron a la tarea de localizar, entrevistar y fotografiar a los sobrevivientes de quizás el campo de concentración más “famoso”Con edades que oscilan entre los 80 y los 100 años, los hombres y mujeres que superaron la más temible maquinaria de exterminio nazi se abren ante la lente de los fotógrafos.

Algunos de ellos posan con memorias de una lejana juventud, antes de que la muerte inundara su cotidianidad en los campos de concentración. Se miran a sí mismos en viejos retratos cargados de esperanza e ingenuidad, como de quien ama la vida hasta que le presentan a la muerte y duda de su amor. Sostienen fotografías familiares que evocan silencios y vacíos en sus vidas con tan sólo el recuerdo de la última vez que vieron a su padre, madre o hermano a punto de entrar a las cámaras de gas. Algunos afrontan su realidad de superviviente con orgullo, como muestra inequívoca de la victoria de su voluntad ante la violencia sistemática de un régimen que atentó contra ellos. Otros más callan al recordar Auschwitz, llenos de vergüenza y dolor por haber sobrevivido a un destino que sus familiares afrontaron con honor.

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 (Eva Fahidi. 90 años. Sostiene una fotografía de su familia, todos ellos muertos en el campo de concentración. Eva tenía 18 años cuando en 1944 fue trasladada a Auschwitz-Birkenau. -)

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(Janos Forgacs. 87 años. Sostiene un carnet con su fotografía. Janos recuerda que fue transportado a Auschwitz-Birkenau en un vagón para ganado con las ventanas cerradas con alambre de púas. Un soldado alemán les ordenó que entregaran sus pertenencias pues ya no las necesitarían. -)


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 (Laszlo Bernath. 87 años. Sostiene una fotografía de su familia, quienes murieron en Auschwitz-Birkenau. Bernath atribuye su supervivencia a la practicidad de su padre. A los 15 años, Laszlo fue enviado al campo de concentración y su padre le indicó que mintiera sobre su edad para que no los separaran. – )

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 (Imre Varsanyi. 86 años. Sostiene una fotografía de otros sobrevivientes de Auschwitz-Birkenau. Imre tenía 14 años cuando fue enviado al campo junto con su familia. Fue el único que sobrevivió y decidió no hablar sobre el campo durante 60 años por vergüenza a haber sobrevivido)

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(Marian Majerowicz. 88 años. Registrado con el número 157715. Marian tenía 17 años cuando fue enviado a Auschwitz-Birkenau. En el campo se reencontró con su padre quien le dijo que su madre y hermano habían sido asesinados en las cámaras de gas. Su padre murió tiempo después. )

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(Lajos Erdelyi. 87 años. Sostiene un dibujo hecho por otro prisionero del campo de concentración. Lajos fue enviado a Auschwitz-Birkenau y luego a otro campo. Cuando lo liberaron, pesaba menos de 30 kilos e intentó caminar hacia su casa. En el camino se desplomó y un granjero lo llevó al hospital. – )

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 (Jerzy Ulatowski. 83 años. Registrado con el número 192823. Tenía 13 años cuando fue enviado a Auschwitz-Birkenau. En enero de 1945 logró escapar con su familia ya que se cortó la luz y por ende lo que electrificaba el alambre de púas que rodeaba el campo. -)

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(Danuta Bogdaniuk-Bogucka. 80 años. Danuta tenía 10 años cuando fue enviada a Auschwitz-Birkenau. Ahí fue parte de los experimentos de Josef Mengele. Tras el fin de la guerra, se reencontró con su madre y descubrió que habían estado en el campo de concentración de Ravensbruck en el mismo momento sin darse cuenta. – )

Fuente: Reuters
– See more at: http://culturacolectiva.- Artículo de Alejandro Campos

Frida Kahlo

Fotografías de una infancia lejana

“Yo solía pensar que era la persona más extraña en el mundo, pero luego pensé, hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo que se siente bizarra y dañada de la misma forma en que yo me siento. Me imagino, e imagino que ella también debe estar ahí pensando por ahí pensando en mí. Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraña como tú”.

Frida Kahlo

La Casa Azul es quizás una de las mayores atracciones de Coyoacán. Cientos de turistas nacionales y extranjeros se arremolinan a las afueras para entrar a la intimidad de la artista mexicana y recorrer, entre empujones, los cuartos de la casona más famosa del viejo barrio capitalino. Conocer la Casa Azul es complementar la historia prostituida de Frida Kahlo, enarbolada como la imagen femenina de México para el mundo. Mujer que se abrió paso entre un mundo de hombres, que sufrió, pintó, amó y volvió a sufrir.

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El rostro de la artista con sus chongos decorados con flores, labios pintados de rojo carmesí, cejas que no distinguen frontera y un reboso tehuano que se asoma están por todos lados. Basta recorrer lugares turísticos de la capital para ver bolsas, pósters, libretas, playeras, stencils, llaveros y “a dónde llegue” la creatividad mexicana para comprobarlo. Los turistas extranjeros ceden y deciden comprar un objeto que acompañe al tequila y la blusa tzotzil que llevarán de regreso a su país. Nosotros, los que vivimos en ese mundo comercial/artesanal de la Ciudad de México vemos con ojos cotidianos el rostro de Kahlo.

Los retratos de Frida son mundialmente conocidos y las fotografías tomadas por Diego Rivera, su eterno niño, son parte de la cultura popular. Pero existe una etapa de su vida y un rostro poco conocido: el de su infancia. Misma que transcurrió en esos jardines de la Casa Azul. Las fotografías, tomadas por su padre, Guillermo Kahlo, retratan los primeros años de Frida, aquellos donde la sonrisa de ingenuidad infantil y una mirada tierna eran evidentes. Todas ellas tiempo antes de que contrajera la poliomelitis en 1913, misma que marcó su choque con el sufrimiento característico de la existencia humana. Y sólo fue el inicio.

(Frida a los 4, 2 y 5 años de edad respectivamente.)

En las fotografías también vemos a sus hermanas, mismas que junto con sus hermanastras y su madre, Matilde, conformaban la familia matriarcal de Frida. Las siguientes dos fotografías, tomadas durante la juventud de Frida, una nueva actitud, personalidad y una mirada trastornada. En parte por el accidente en tranvía que sufrió en 1925 que por poco destruye su cuerpo y que sería el inicio de su carrera artística.

Frida a los 18 años de edad en 1926. En la segunda foto viste de traje.

Postrada en la cama con múltiples fracturas, Frida comenzó a pintar. Y quizá fue ese accidente y los constantes achaques médicos que le perseguían, aislaron y la atormentaron por tantos años que la llevaron a dedicarse a la pintura y abandonar el sueño de convertirse en médico. Vaya ironía.

Frida a los 12 (derecha), fecha desconocida y 4 años de edad

Tomado de: http://culturacolectiva.com/

ROMANCE DE LA PENA NEGRA

Autor: Federico García Lorca

De: Romancero Gitano

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A José Navarro Pardo

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad: ¿por quién preguntas
sin compañía y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegria y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache, carne y ropa.
¡Ay mis camisas de hilo!
¡Ay mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

*

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

 

ABRIL FLORECÍA

Autor: Antonio Machado

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Abril florecía
frente a mi ventana.
Entre los jazmines
y las rosas blancas
de un balcòn florido
vi las dos hermanas.
La menor cosía;
la mayor hilaba…
Entre los jazmines
y las rosas blancas,
la más pequeñita,
risueña y rosada
—su aguja en el aire—,
mirò a mi ventana.

La mayor seguía,
silenciosa y pálida,
el huso en su rueca
que el lino enroscaba.
Abril florecía
frente a mi ventana.

Una clara tarde
la mayor lloraba
entre los jazmines
y las rosas blancas,
y ante el blanco lino
que en su rueca hilaba.

—¿Qué tienes—le dije—,
silenciosa pálida?
Señalò el vestido
que empezò la hermana.
En la negra túnica
la aguja brillaba;
sobre el blanco velo,
el dedal de plata.
Señalò la tarde
de abril que soñaba,
mientras que se oía
tañer de campanas.
Y en la clara tarde
me enseñò sus lágrimas…
Abril florecía
Frente a mi ventana.

Fue otro abril alegre
y otra tarde plácida.
El balcòn florido
solitario estaba…
Ni la pequeñita
risueña y rosada,
ni la hermana triste,
silenciosa y pálida,
ni la negra túnica,
ni la toca blanca…
Tan sòlo en el huso
el lino giraba
por mano invisible,
y en la oscura sala
la luna del limpio
espejo brillaba…
Entre los jazmines
y las rosas blancas
del balcòn florido
me miré en la clara
luna del espejo
que lejos soñaba…
Abril florecía
frente a mí ventana.

LAS VIRTUDES CARDINALES

En la teología católica, las «Virtudes Morales» o «Virtudes Cardinales» son aquellos modelos de conducta que disponen la voluntad y el entendimiento humanos para obrar según la razón iluminada por la fe cristiana. Se diferencian de las «Virtudes Teologales» en que no tienen como objeto el acercamiento a Dios sino el desarrollo de una conducta buena y honesta. Aunque desde época medieval los teólogos han tratado de justificar su existencia partiendo de algunos textos de la Biblia, lo cierto es que su origen está en la filosofía clásica. Platón describió en La República cuatro virtudes principales, así como la manera en que un individuo puede lograrlas: la Prudencia, que se deriva del ejercicio constante de la razón; la Fortaleza, que se ejerce mediante una conducta adecuada para cada caso, obrando según las emociones o el espíritu; la Templanza, que es la capacidad de hacer que la razón se anteponga a los deseos; y la Justicia, que lleva a un estadio moral superior en el que todo está en perfecta armonía.

Posteriormente, otros filósofos como Cicerón, Marco Aurelio, Gregorio Magno y Tomás de Aquino admitieron la importancia de estas cuatro virtudes y profundizaron en sus propiedades. Por eso también fueron representadas frecuentemente en el arte, donde adoptaron la imagen de vírgenes guerreras que luchaban contra los vicios o los demonios. En ocasiones, las cuatro Virtudes Cardinales aparecieron unidas a las tres Virtudes Teologales formando un número total de siete, que se opone a los Siete Pecados Capitales. Toda esta tradición iconográfica fue sistematizada en el siglo XVI por Cesare Ripa, en su ya mencionado otras vecesTratado de Iconología, donde las virtudes se describen minuciosamente.

Alegoria Prudencia

La Prudencia, por ejemplo, está encarnada por una mujer que tiene dos caras, igual que el dios romano Jano. Está mirándose en un espejo que sostiene con una mano, mientras una serpiente se le enrolla en la otra, tal como se la representa en esta pintura del italiano Girolamo Macchietti, de la segunda mitad del siglo XVI, que pertenece a la Colección Luzzetti. Los dos rostros simbolizan la capacidad de considerar tanto las cosas pasadas como las futuras, y el acto de mirarse en el espejo a la hora de tomar decisiones significa conocimiento de sí mismo, sobre todo de los propios defectos, a la hora de tomar decisiones. La inclusión de la sierpe se debe a un pasaje de la Biblia que dice «Sed prudentes como las serpientes», pero también al propio comportamiento de este animal cuando es atacado, que yergue la cabeza mientras amaga y se defiende con el resto del cuerpo. Otros atributos posibles, según Ripa, son una flecha sobre la que se enrosca un pez rémora, o un delfín envuelto en un ancla, que expresan en ambos casos el dilema entre las prisas por tener que hacer las cosas y la tardanza en tomar decisiones acertadas. También puede llevar un yelmo dorado, símbolo de las decisiones armadas de buenos consejos, y un ciervo, que por su conducta es un animal al que siempre se le ha atribuido la cualidad de la prudencia. Una versión más filosófica de esta virtud añade la calavera como referencia a la inevitable meditación sobre la vida y la muerte.

Alegoria Fortezza

La Fortaleza, por su parte, se personifica como una mujer vestida con armadura o con una túnica de color leonado, que se apoya en una columna «porque de los elementos de un edificio éste es el más fuerte y el que sostiene a los otros», según Ripa. A sus pies suele aparecer un león, porque es uno de los animales que mejor representa esta virtud. A veces también se muestra a la Fortaleza en actitud de sofocar al león con una maza, significando su control sobre la temeridad y la arrogancia. Otros atributos posibles son un escudo y una rama de roble, que aluden a la capacidad de hacer frente a las pasiones y a la fortaleza del alma respectivamente. Así aparece precisamente en la imagen adjunta, tomada de un grabado de una de las ediciones más difundidas del Tratado de Iconología de Ripa, la del Abate Orlandi, publicada en Perugia en 1764.

Alegoria Templanza

La Templanza tiene muchas representaciones posibles que aluden indistintamente al equilibrio, moderación y autocontrol. Ripa la describe como una mujer que sostiene una rama de palma con la derecha y un freno con la izquierda. La palma es una planta que nunca se dobla por más que se la someta a fuertes pesos, levantándose siempre; y el freno hace referencia al dominio de las pasiones. Otros atributos pueden ser un péndulo referido al equilibrio necesario entre el movimiento y el reposo; un arco y unas flechas alusivos a la precisión requerida en las buenas acciones; o incluso un elefante, porque se trata de un animal que siempre ingiere la cantidad justa de alimento, sin rebasarla nunca. Sin embargo, la representación más frecuente de la Templanza no sigue las propuestas de Ripa sino que se remonta a otras tradiciones iconográficas de origen medieval. La imagen que reproducimos aquí está tomada del basamento del sepulcro de Alonso Fernández de Madrigal, el Tostado, esculpido por Vasco de la Zarza en la catedral de Ávila hacia 1520. La Templanza aparece como una mujer en el acto de escanciar agua en una copa de vino, con el fin de mitigar lo que es demasiado excitante. Esta imagen de la Templanza logró gran difusión en la cultura popular, entre otros medios a través de la baraja del Tarot.

Alegoria Justicia

Finalmente, la Justicia es representada como una mujer de aspecto virginal, muy bella, vestida de oro o de blanco, que sostiene en una mano una espada desnuda mientras que con la otra sujeta una balanza. El color dorado del vestido le otorga condición de realeza, a veces destacada por una corona, pero si el vestido es blanco es símbolo de pureza. Su belleza es una cualidad divina que en ocasiones es enfatizada con una paloma, símbolo del Espíritu Santo. En cuanto a los otros atributos, dice Ripa que la balanza pesa las buenas y malas acciones, y que «la Divina Justicia marca la pauta de todas las cosas, mostrándose con la espada las penas que les aguardan a quienes delinquieron». Otros atributos posibles son una vara de juez, un cetro de dominio y una venda sobre los ojos porque «no ha de ver ni mirar cosa alguna mediante la cual los sentidos, enemigos de la razón, ejerzan como jueces». Así se muestra esta alegoría en la última figura incluida hoy, extraída de un grabado francés de Gravelot y Cochin, de mediados del siglo XVIII.

 

Tomado de: http://www.arteiconografia.com/