La divertida y sarcástica pelirroja Nora Barnacle, una típica campesina irlandesa de finales del siglo XIX, se convirtió en la mujer que inspiró una de las grandes revoluciones de la literatura del siglo XX.

Nora Barnacle, o Nora Joyce, fue mucho más que el estereotipo de la gran mujer detrás del artista, fue musa y, aunque suene feo, laboratorio de las fantasías literarias de su marido: James Joyce.

La historia y los prejuicios machistas desvirtuaron durante mucho tiempo su papel en la vida de Joyce. La leyenda que se tejió en torno al escritor la convirtió en la esposa sumisa e ignorante que nunca comprendió la genialidad de su esposo, y que se dio el lujo de despreciar sus obras por considerarlas complicadas y sucias.

Durante mucho tiempo, los cerrados círculos intelectuales que le rinden culto a Joyce, no tuvieron el suficiente tino para entender el porqué de la relación entre el joven y prometedor universitario dublinés y la camarera casi analfabeta de la provincia de Galway, al norte de Irlanda.

La periodista estadounidense Brenda Maddox, apoyada en su intuición femenina y en una extensa investigación, trata de descubrir las claves internas de esta relación. Su conclusión es contundente: es difícil que se hubiera escrito el Ulises sin la presencia de Nora .

Nora fue, desde siempre, el cable a tierra de Joyce. La mujer que conectó al escritor con la realidad sin irrespetar su espíritu libre y rebuscador. El sentido práctico de esta católica practicante le permitió a Joyce entender la naturaleza de las relaciones humanas y plasmarlas en sus obras.

A diferencia de Joyce, Nora no vivía atormentada por complicadas elaboraciones mentales de tipo filosófico y literario. Sus razonamientos, a pesar de ser simples, eran descarnadamente honestos y por los mismo transgresores.

En un tiempo en el que la unión libre era una atrocidad, Nora Joyce se atrevió a vivir más de treinta años con su esposo, sin haber pasado siquiera por una notaría.

Tuvo la claridad suficiente para saber que aquel joven desgarbado y un poco excéntrico era un genio y que tarde o temprano entraría en la historia, aunque no sabía porque. Apostó por Joyce, y ganó.

Ese otro mundo El escritor, estudioso por oficio del comportamiento, recurrió en infinidad de oportunidades a Nora para conocer exactamente de los que hablaba. La sexualidad que irradia el Ulises es la sexualidad de Nora, a quien muchos identifican como la irreverente Molly Bloom. Nora fue capaz de satisfacer cada una de las fantasías sexuales de Joyce. Sobre esto Maddox aporta como prueba las famosas cartas sucias.

Maddox sostiene que Joyce no era un hombre que podía crear mundos abstractos. Solo escribía sobre lo que conocía. Era consciente de eso y por eso quería vivir intensamente. La vida, en Joyce, era una actitud pedagógica, llevada hasta las últimas consecuencias. Incitó a su mujer hacia la infidelidad para conocer en carne propia las consecuencias.

La mejor prueba de las afirmaciones de Joyce son las mismas obras de Joyce. Retrato de un artista adolescente, Finnegate s Wake, Los Dublineses y el Ulises. Maddox es minuciosa y por eso ilustra cada una de sus afirmaciones con párrafos enteros de los libros de Joyce. El 16 de junio de 1904, el Bloomsday, el día en que transcurre el Ulises, parece ser el mismo día en que conoció a Nora. Algunos de los párrafos de las cartas sucias escritas por Nora casi que fueron transcritos por Joyce.

Pero esas no son las únicas razones para darle a Nora un papel protagónico en la novela de Joyce. Nora fue esposa y madre en el sentido tradicional. De las que se ocupan de los hijos, de la casa y de la comida. Nimiedades que no hacen parte de las angustias de un escritor.

A pesar de su escasa formación Nora supo alternar con gentes como Ernest Hemingway, Samuel Becket, Peggy Guggenheim -la fundadora del museo-, Ezra Pound, T.S Elliot y casi toda la intelectualidad estadounidense de comienzos de siglo, que era ferviente admiradora de su marido. Nora disfrutaba estas reuniones porque podía contrastar su visión pragmática con la imaginación desbordada de estos artistas.

Nora le sobrevivió a Joyce y se convirtió en el mejor testimonio sobre la vida del gran escritor irlandés. Falleció el 10 de abril de 1951. Como Maddox dice: Nora es importante porque perteneció a Joyce y porque, de hecho, nunca le perteneció. Ella era la más fuerte de los dos, un espíritu independiente que tuvo mucha mayor influencia en Joyce que éste en ella

 

Por: Andrés Zambrano Díaz.-http://www.eltiempo.com

Advertisements

2 thoughts on “NORA FUE LA PENÉLOPE DETRÁS DE JAMES JOYCE

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s