Perfil de un poeta

Los 100 de Octavio Paz

El poeta Andrés Sánchez Robayna ensaya un pefil forzosamente múltiple de Octavio Paz en el cruce de caminos entre la poesía y el ensayo breve en el que el mexicano da “su verdadera medida”.

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Un perfil de Octavio Paz -incluso un perfil tan sucinto como este- ha de ser por fuerza un perfil múltiple, como esos lienzos de Francis Picabia poblados por figuras diversas que, a pesar de superponerse y, a veces, confundirse, resultan al cabo perfectamente reconocibles. El trazo primero o primario es la poesía. Paz fue ante todo, esencial e irrenunciablemente, un poeta. Desde Luna silvestre (1933) hasta Carta de creencia (1987), tuvo una fe invariable en lo que llamó “la otra voz” del ser, el “espejo de la fraternidad cósmica”, el lenguaje del amor, la rebelión y la revelación. Había publicado su primer poema, “Cabellera”, en 1931, a sus diecisiete años, y con más de ochenta seguía defendiendo ardientemente la poesía no sólo como “vuelo y caída” a un tiempo, sino también como antídoto de la técnica y del mercado. En la Escuela Nacional Preparatoria (cuyo recuerdo, muchos años después, daría lugar al poema “Nocturno de San Ildefonso”: “sol hecho tiempo, / tiempo hecho piedra, / piedra hecha cuerpo. // El muchacho que camina por este poema /entre San Ildefonso y el Zócalo, / es el hombre que lo escribe”) tuvo entre sus profesores a Samuel Ramos y a Julio Torri, a José Gorostiza y a Carlos Pellicer, magisterio que prolongaron, fuera de las aulas, Jorge Cuesta y Xavier Villaurrutia. En la Universidad Nacional empezó luego estudios de derecho, que no completó: prefirió entregarse a la acción, encarnar el deseo. Como poeta, según reconocía él mismo, maduró un poco tarde. Consideraba su “verdadero” primer libro Libertad bajo palabra (1949). La segunda edición de éste incorporaba ya, sin embargo, uno de los puntos más altos de su obra, Piedra de sol. A partir de ahí se sucederían libros capitales, desde Salamandra hasta El mono gramático, desde Blanco hasta Pasado en claroSe trata de una poesía de pensamiento, en la acepción de Pessoa: “lo que en mí siente está pensando”; de pensamiento apasionado, se entiende, en el que pesan tanto Donne y Quevedo como Mallarmé y Breton; a ello se añade el influjo oriental, profundizado en los años en que residió en la India (1962-1968), donde aprendió, entre otras muchas cosas, que el tiempo padece “hambre de encarnación”. 

Ya en ese momento era Paz autor de una obra ensayística de extraordinario relieve: libros como El laberinto de la soledad (1950) o El arco y la lira (1956) lo situaban no sólo entre los mejores ensayistas hispánicos sino también entre los más sugestivos de la segunda mitad del siglo XX. Le atrajeron el arte, la antropología, la artesanía, la ciencia, la política, la historia. Habrá quien destaque libros como los dedicados a Marcel Duchamp (1968) o a Sor Juana Inés de la Cruz (1982); subrayaré, por mi parte, que es en el ensayo breve donde Paz da, a mi juicio, su verdadera medida, especialmente en los de Corriente alterna(1967), escritos en uno de los períodos más brillantes de su obra: verlo reflexionar sobre el nihilismo o las drogas, el cine, el ateísmo, el budismo, la revolución, es una “invitación al viaje” como pocas obras ensayísticas pueden hoy, en rigor, proponer. Un ensayismo que provoca en el lector, según Marc Fumaroli, “el efecto de un Montaigne moderno”. Aunque siempre pensó que su “verdadero primer ensayo” fue el titulado Distancia y cercanía de Marcel Proust (1939), Paz ya había puesto desde mucho antes las bases de su “método” intelectual: la intuición y la autodiscusión, el diálogo consigo mismo, algo que le haría escribir con toda lucidez, en 1943, que “Montaigne sabía más sobre el alma de los mexicanos que la mayor parte de los novelistas de la Revolución”. Fuera de Ortega y Gasset (y de cierto Borges), es raro ver a un pensador hispano mencionado por los autores que conforman lo más vivo del ensayo y el pensamiento crítico contemporáneos: Paz es una referencia para no pocos de éstos, desde Jürgen Habermas hasta George Steiner, lo que prueba que la obra ensayística del escritor mexicano no resulta, como se ha dicho alguna vez, una simple adaptación o refundición “hispana” de corrientes críticas internacionales, sino, por el contrario, una valiosa contribución a ellas. 

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Uno de los manuscritos de Paz que conserva Sánchez Robayna.

He hablado de autodiscusión y de diálogo consigo mismo. La demostración más palpable de que Paz hizo también del diálogo con los demás un arte, y hasta una poética, es el número de revistas que dirigió, y que contribuyeron extraordinariamente a insertar la dimensión hispánica en el plano internacional: Barandal (1931), Taller (1938-1941), El Hijo Pródigo (1943-1945), Plural (1971-1976) y, sobre todo, Vuelta (1976-1998). Intentó con ellas tanto una peculiar pedagogía (“Paz es el pedagogo por excelencia”, decía Alejandro Rossi) como una sociedad más abierta. Esas revistas no habrían sido lo que fueron si Paz no hubiera desplegado una correspondencia epistolar verdaderamente pasmosa, como puede hoy comprobarse con la publicación de sus cartas. El Paz epistológrafo -ningún perfil de nuestro poeta podría hoy omitir este otro aspecto- asombra por su agudeza, su frescor y su lucidez. Véase sólo, en el número más reciente de Letras Libres, la carta que con motivo de su participación en el jurado del premio Formentor (1961) dirigió a Jaime García Terrés: la radiografía del mundo literario hispano e internacional de la época es de una clarividencia poco común. 

Y entra en ese perfil también, en mi caso, el plano personal. Conocí a Paz en 1974, en Barcelona, a través del poeta Joan Brossa. La corriente de simpatía fue inmediata, y durante un cuarto de siglo me honró con su amistad, sus consejos y un puñado de cartas. Nuestras conversaciones en Barcelona, en México, en Madrid, en París, fueron para mí cruciales siempre. Inteligencia eléctrica: cuando nuestra coincidencia en algún punto era completa, se situaba en el lado contrario, como una prueba de “falsabilidad”. La reflexión podía ser del siguiente tenor: “Vallejo, sí… Gran poeta, sin duda. Pero, pensándolo bien, sobre todo enTrilce. Y pensándolo aún mejor, en el poema XXVIII, el de la ‘miseria de amor’… Vallejo, autor de un solo poema esencial… ¿Es de veras un gran poeta?”. O bien: “No sé si estamos de acuerdo en la importancia de Mallarmé. Recuerda que los grandes poetas de Occidente son Dante, Shakespeare, John Donne”. No era el juego por el juego, era la prueba de la poesía como “conversación entre personas inteligentes”, según Pound, el ejercicio hipercrítico de la inteligencia con el fin de probar, entre otras cosas, sus propios límites. Por supuesto, esa prueba incluía la posibilidad (¿la evidencia?) de que Duchamp no fuera tan decisivo en el arte del siglo XX, y que el gran artista de ese siglo fuera Picasso… Para algunos escritores de mi generación (he tenido ocasión de comentarlo, por ejemplo, con Juan Manuel Bonet, con Juan Malpartida, con José Luis Pardo), Paz fue determinante en todos los sentidos: su apertura, la amplitud de sus intereses creadores, su dinamismo intelectual. Una personalidad, en rigor, irrepetible. 

Podríamos cerrar este rápido perfil con unas palabras del propio Paz escritas en 1939: “No creemos en los aniversarios sino en la medida en que dejan de serlo y de simple recuerdo escolar se convierten en tradición: tradición, es decir cosa viva, combatida y combatiente: polémica”. Es hora de interpretar esta obra: es hora de discutirla. 

 

ANDRÉS SÁNCHEZ ROBAYNA

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Vincent Van Gogh, un loco muy cuerdo

Recordando al gran Vicent Van Gogh, al cumplirse hoy, un nuevo aniversario de su nacimiento

Pintó unos 900 cuadros (entre ellos 27 autorretratos y 148 acuarelas) y realizó más de 1.600 dibujos. Una figura central en su vida fue su hermano menor Theo, quien le prestó apoyo financiero de manera continua y desinteresada. La gran amistad entre ellos está documentada en las numerosas cartas que se intercambiaron desde agosto de 1872. De las 800 cartas que se conservan del pintor, unas 650 eran para Theo; las otras son correspondencia con amigos y familiares

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(Lirios – Material: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 71 x 93 cm. Museo: Paul Getty Museum. Malibú)

A pesar que desde muy joven tuvo inclinación hacia el dibujo, su primer trabajo fue en una galería de arte. Más tarde se convirtió en pastor protestante y en 1879, a la edad de 26 años, se marchó como misionero a una región minera de Bélgica, donde comenzó a dibujar a la gente de la comunidad local. En 1885 pintó su primera gran obra Los comedores de patatas. En ese momento su paleta se componía principalmente de tonos sombríos terrosos.

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(Vista de París frente a Meudon – Material: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 54 x 72.5 cm.  Museo: Rijksmuseum Vincent van Gogh . Amsterdam)

La luz de colores vivos por la que es conocido surgió en obras posteriores, cuando se trasladó al sur de Francia, consiguiendo su plenitud durante su estancia en Arlés en 1888. La calidad de su obra sólo fue reconocida después de su muerte, considerándose en la actualidad uno de los grandes maestros de la pintura. Tuvo una gran influencia en el arte del siglo XX, especialmente entre los expresionistas alemanes y los fauvistas como DerainVlaminck y Kees Van Dongen. Sufrió frecuentes brotes de una enfermedad mental a lo largo de su vida, que le llevó a producirse una herida de bala que acabó con su vida a la edad de 37 años. A pesar de que existe una tendencia general a especular que su enfermedad mental influyese en su pintura, el crítico de arte Robert Hughes cree que las obras del artista están ejecutadas con un completo control.

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Dormitorio en Arlés  – Material: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 72 x 90 cm.- Museo: Rijksmuseum Vincent van Gogh. Amsterdam)

Durante los últimos treinta meses de vida llegó a realizar 500 obras y en sus últimos 69 días firmó hasta 79 cuadros. El 22 de febrero de 1890, Van Gogh sufrió una nueva crisis que fue “el punto de partida de uno de los episodios más tristes en una vida ya plagada de tristes acontecimientos”. Este período duró hasta finales de abril, tiempo durante el cual fue incapaz de decidirse a escribir, sin embargo siguió dibujando y pintando.74Hughes escribe que entre mayo de 1889 y mayo 1890, «tuvo arrebatos de desesperación y alucinación que le impedía trabajar, y entre ellos, meses en los que pudo hacerlo y lo hizo marcado por el éxtasis extremo visionario».75Sin embargo, su depresión empeoró y el 27 de julio de 1890, a la edad de treinta y siete años, mientras paseaba por el campo, se disparó un tiro en el pecho con un revólver. No se dio cuenta de que su herida era mortal y volvió a la pensión Ravoux, donde murió en su cama dos días después, en brazos de su hermano Theo. «Yo arriesgué mi vida por mi obra, y mi razón destruida a medias»: éstas son las palabras de Vincent en la última carta encontrada en su lecho de muerte el 29 de julio de 1890.  Vincent fue enterrado en el cementerio de Auvers-sur-Oise. Y Theo como consecuencia de los trastornos mentales que le generaba una insuficiencia renal, probablemente por piedras en el riñón aunque según otros autores su enfermedad mental se la producía la sífilis  solo poco después de la muerte de Vincent ingresó en una clínica de Utrecht, donde falleció el 25 de enero de 1891: a los seis meses de la muerte de Vincent. En 1914 el cuerpo de Theo fue exhumado y enterrado junto al de su hermano.

 

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(Autorretrato con oreja vendada – Material: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 60 x 49 cm. – Museo: Courtauld Instituto de Arte. Londres)

LOS 20 FOTÓGRAFOS ASIÁTICOS MÁS INFLUYENTES

1. Daido Moriyama, Japón

Probablemente el nombre de mayor referencia Asia cuando se trata de fotografía contemporánea de las calles del mundo.

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2. Nobuyoshi Araki, Japón

Maestro del Erotismo y considerado uno de los artistas más prolíficos vivo o muerto en Japón.

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3. Raghu Rai, India

Protegido de Henri Cartier-Bresson y uno de los pocos nombres asiáticos de la Agencia fotográfica Magnum. Rai ha documentado el cambio social e histórico de la India por más de 4 décadas, desde el Sadhua de Kumbh Mela hasta la Sra. Gandhi y la Madre Teresa hasta las víctimas del Bhopal. 

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4. Chien-Chi Chang, Taiwan

Otro de los pocos nombres asiáticos de la Agencia fotográfica Magnum, más conocido por The Chain, su cuerpo de retratos íntimos de Long Fa Tang en Taiwan.

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5. Eikoh Hosoe, Japón

Más conocido por sus fotos sicológicamente cargadas que exploran la muerte, la obsesión erótica e la irracionalidad durante el Japón de la post II Guerra Mundial. Durante sus primeros días en la fotografía, Daido Moriyama aistió a Eikoh.

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6. Raghubir Singh, India

Pionero y maestro de la fotografía a color india y más conocido por sus vívidas y complejas fotografías de su país natal.

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7. Lu Nan, China

Lu Nan es aclamado por su documental sobre pacientes en un hospital mental y católico en China, y su campestre vida en el Tibet. Sus fotografías fueron previamente distribuidas por Magnum.

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8. Nick Ut, Vietnam

Nacido en Long An, Vietnam, Nick Ut fotografió la que puede ser la imagen más icónica de la tragedia sufrida por la Guerra de Vietnam.

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9. Rinko Kawauchi, Japón

Más conocida por sus fotografías serenas y poéticas que surgen de momentos ordinarios de la vida, Rinko es una de las pocas fotógrafas célebres en Asia.

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10. Dayanita Singh, India

Más conocida por sus retratos de la vida de la clase media y alta urbana de la India, Dayanita se describe como una “corredora de apuestas en la fotografía.”

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11. Lu Guang, China

Uno de los fotógrafos chinos más premiados actualmente, Lu Guang se enfoca en temas sociales contemporáneos y económicos en China, notablemente en la industrialización y polución del país.

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12. Tay Kay Chin, Singapur

El más respetado educador y mentor profesional en fotoperiodismo y fotografía documental de Singapur. Kay Chin es más conocido por sus galardonada panorámica documental de Singapue y su evangelismo en Platforma, un grupo de fotógrafos de Singapur que con-fundó.

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13. Oscar Motuloh, Indonesia

Uno de los más renombrados fotoperiodistas de Indonesia y fundador de la Galería Antara de fotoperiodismo (Galeri foto jurnalistik Antara), una organización que envuelve curación, educación y exhibición.

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14. Shomei Tomatsu, Japón

Recordado por ser uno de los hombres que cambiaron la fotografía japonesa para siempre, Shomei es parte de la generación de fotógrafos de la post Guerra de Japón junto con Eikoh Hosoe, que fotografiaban imágenes icónicas del cambio y flujo de su país. 

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15. Ho Fan, Hong Kong

Probablemente el fotógrafo más galardonado de Hong Kong, con un maestral cuerpo de trabajo en la tradición de la fotografía de calle.

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16. Takuma Nakahira, Japón

Amigo de Shomei Tomatsu y Daido Moriyama, su libro de fotografías Por un lenguaje por venir (Kitarubeki kotoba no tame ni) ha sido descrito como “una pieza maestra del reduccionismo.”

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17. Shahidul Alam, Bangladesh

Padrino de la fotografía en Bangladesh, Shahidul fundó la muy respetada Agencia Drik Picture y Chobi Mela, uno de los primeros festivales de fotografía de Asia. También fundó Majority World, una iniciativa formada para ofrecer una plataforma a la fotografía indígena. 

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18. Erik Prasetya, Indonesia

Recordado como compañero de Oscar Motuloh, Erik Prasetya es más conocido por su fotografía de calle improvisada y la revista documental de Jakarta por más de 15 años. 

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19. Chang Tsai, Taiwan

Chang Tsai es conocido como uno de los “tres espadachines” de la fotografía taiwanesa durante las décadas de los 30 a los 50. La cita más famosa de Tsai: “No soy muy educado. Solo uso mi cámara para observar a las personas y las cosas. No tiene que parecer artístico.”

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20. Alex Baluyut, Filipinas

Uno de los nombres más prominentes del fotoperiodismo en Filipinas, también es miembro fundador de la facultad con diploma en el programa de Fotoperiodismo en la Universidad de Manila.

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Tomado de: http://memoriandofotografia.blogspot.com/

 

LA NUEVA CAUSA DEL FOTOPERIODISMO SOCIAL

 EL PROYECTO NURU

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(Fotografía en el recuadro: Brandon Thibodeaux)

Parte de un envío del Proyecto Nuru.

 

Por: Lily Rothman

 

Cuando el fotoperiodista J.B. Reed volvió de un viaje de la Beca Fullbright 2004 en Kenia, donde había estado trabajando en un documental acerca de los barrios bajos de Nairobi, sintió que su proyecto no había terminado. Las personas que conoció rondaban su mente, dijo, y quería hacer algo un intercambio por el acceso y el tiempo que ellos le proporcionaron. Entonces organizó una presentación en una galería en Boston, vendió sus fotos y envió el dinero a una organización sin ánimo de lucro en el barrio de Nairobi.

 

“Creo que muchos fotógrafos se sienten así,” explicó, “pero estaba fuera de tal sentido de la obligación.”

 

Reed se dio cuenta que, mientras sus compañeros fotógrafos a menudo hablaban de esa urgencia de devolver, carecían de una plataforma para hacerlo de una manera organizada y constante. En 2008, él junto con algunos amigos artistas -y negociantes- fundaron Nuru Proyect—“Nuru” significa “luz” en Swahili—para llenar ese vacío. La empresa ahora se ha relacionado con el reconocido fotoperiodista, fotógrafo de contrato de TIME Yuri Kozyrev, y el grupo busca crecer con el manejo de Kickstarter (una plataforma de servicios creativos) destinados a crear una campaña de marketing. Reed dice que la respuesta al proyecto ha sido positiva, pero es consciente de las preguntas a la integridad periodística que surgen con su idea.

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(Un clavasita en el Río Ganges en Varasani, India – Fotografìa Ami Vitale . Varasini (India)

“Muchos fotoperiodistas llegan al periodismo porque creen que hay historias que son importantes contar y quieren hacer la diferencia,” dice Reed. Nuru les ayuda, pero también re-introduce la frecuente discusión de el papel del periodista es hacer una diferencia o grabar las cosas como son.

 

El Proyecto Nuru ha recolectado hasta ahora U$150.000 para organizaciones sin ánimo de lucro, que a menudo trabajan directamente con las comunidades que aparecen en las fotografías que venden. Originalmente concebido como un grupo que organizaría exhibiciones, Nuri transitó hacia un modelo e-comercial en octubre de 2011. Reed ahora maneja la empresa a tiempo completo, viéndolo como una extensión del emprendimiento social que usó en su práctica como fotógrafo. Nuru vende fotos a bajo costo, enumeradas pero de edición limitada; la mitad del dinero va a una organización si ánimo de lucro afiliada que puede ser seleccionada por el comprador para verificar y la otra mitad es dividida entre el fotógrafo y el Proyecto Nuru. 

 

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(Fotografìa: Laura El-Tantaway . Nueva Delhi (India)//Trabajadores musulmanes celebran el Festival Eid)

“De verdad me gusta crear algo que está dedicado a poner al fotoperiodismo en una especie de prooósito social más allá de contar noticias, y creo que eso es una idea controversial al interior del fotoperiodismo,” dice Reed. “En nuestra página de Facebook, cuando posteamos historias relevantes, tendremos comentarios que dice que no es lo que el periodismo debe ser – y usualmente después tenemos más comentarios que simpatizan con lo que estamos haciendo.”

 

El Proyecto Nuru no es el primer grupo en enlazar fotoperiodismo y defensa social. Cornell Capa, director fundador del Centro Internacional de Fotografía, introdujo la idea del “fotógrafo preocupado” a mediados del siglo XX y mantuvo que las cámaras podían catalizar cambios necesarios más que solo preservar una imagen de la situación que lo necesitara. Hace poco, VII Photo ha vendido fotos a beneficio de Médicos sin Fronteras. Y Reed dice que ha notado una tendencia general hacia la fotografía con consciencia social.

 

“Existe la idea de que el fotoperiodismo debe ser objetivo y no tener opiniones,” dice. “Creo que en la realidad esto no tiene sentido y todos somos seres subjetivos y que el fotoperiodismo brinda eso a sus trabajos.”

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(Diez mil personas marcharon hacia el parque central en Cairo, hondeando banderas y cantando el himno nacional durante la campaña para expulsar al Presidente Hosni Mubarak. – Fotografía: Yuri Kozyrev – Cairo (Egipto))

 

Sin embargo, muchos de los puntos planteados por el código de ética de la Asociación Nacional de Fotógrafos de Prensa (NPPA) parece implicar que tal subjetividad debe permanecer fuera de ese trabajo. El código le pide a los fotógrafos, mientras mantienen el respeto por sus personajes, “evitar envolverse política, civil y en negocios diferentes al compromiso del empleador o dar la apariencia de comprometer su propia independencia periodística.”

 

John Long, que es la Silla Ética del NPPA, dice que esta directriz no significa que los fotógrafos no deban envolverse en acciones sociales – tan solo que deben tener cuidado. Cuenta una historia suya de su carrera en Hartford Courant, cuando un editor le pidió que renunciara a la junta directiva de un refugio para indigentes y se abstuviera de fotografiar historias sobre indigentes: en ese caso, ambas acciones en esos dos espacios podían haber tenido un conflicto de intereses. “Puede tener creencias y una gran dedicación a su organización que está tratando de promover en ese aspecto,” dice Long, “Pero cuando llega el momento de lidiar con su periodismo tiene que recordar que el maestro al que está sirviendo no es la organización sino la precisión.”

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(Una niña voltea su cara hacia la lluvia. – Fotografía: Alex Masi – Bhopal (India))

 

La filosofía que le concierne al fotógrafo es muy consistente con la ética del NPPA, él añade: mientras que la fotografía suceda desde un punto periodístico, y después la acción social suceda separadamente, entonces el fotoperiodista está haciendo su trabajo. Y el impulso que condujo a Reed a fundar Nuru, dice Long, es lo necesario para que una buena fotografía sea posible. 

 

“No puede traer sus alegatos a su trabajo pero puede traer su humanidad,” dice Long. “Si no trae pasión por las personas y preocupación por el bienestar de las personas y la sociedad, si no trae amor por su trabajo, su trabajo va a ser un hoyo en el cual empezar.”

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(Niñas rezan en una escuela musulmana al sur de Tailandia en la Provincia de Narathiwat – Fotografía: Martyn Aim – Narathiwat (Tailandia))

 

Nuru se convierte en un conveniente intermediario, permitiendo al fotoperiodista participar en causas sociales sin dar activamente a la causa involucrada, especialmente mientras las fotografías están a la venta, especialmente si las fotografías no han sido tomadas con Nuru en mente. Pero si Nuru se desarrolla a través de tratos excepcionales con fotógrafos para extender sus relaciones – como J.B. Reed espera que sea- la organización será la máxima expresión en contra de la pregunta de si la objetividad periodística es en efecto posible o deseable en primer lugar. 

 

Todas las fotografías pertenecen al Proyecto Nuru.

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(Un hombre en el santuario sufi. – Fotografía: Aaron Huey – Multán (Pakistán))

El deseo de la música, Maddalena Casulana (1540-1590)

La educación musical de las mujeres, sobre todo de las pertenecientes a la burguesía y la nobleza, era bastante común en la Europa medieval y renacentista. La excelencia de alguna de aquellas mujeres hizo que sus interpretaciones traspasaran los muros del ámbito privado y se atrevieran incluso a sumergirse en sus propias composiciones. 

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Maddalena Casulana fue una de aquellas mujeres tocadas por el don de la creatividad musical. A pesar de ser la primera mujer en publicar un trabajo musical y de haber colaborado con algunos de los principales músicos de su tiempo, poco sabemos de la vida de esta genial artista.


Su vida en las dedicatorias

Se desconoce la fecha exacta del nacimiento de Maddalena Casulana situado en Casola d’Elsa, en Siena, alrededor de 1540. Localización que se deduce de su apellido y de la cita del literato sienés Giulio Piccolomini, quien la nombra entre muchos de los artistas destacados de Siena. 

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Como su nacimiento, los escasos datos de su biografía, que se reducen a su recorrido profesional por distintas ciudades de Italia, se conocen gracias a dedicatorias hechas por ella misma en sus obras o por otros autores que la citan.

Venecia, Florencia, Milán o Vicenza fueron algunos de los destinos de la compositora en los que se dedicó a impartir clases de música y a componer madrigales. 

Que estuvo casada con un hombre que al parecer se llamaba Mezari se sabe también por la dedicatoria que el editor veneciano Angelo Gardano le hizo en una publicación de madrigales en la que citaba a la compositora como Maddalena Casulana di Mezari. 

1586 es la última fecha en la que aparece algún dato de la biografía de Maddalena; fue el año en el que se publicó su última composición. Tras esta fecha, el silencio, hasta 1590 que parece que fue el año en el que murió. 

El primer libro de madrigales

 

Maddalena Casulana empezó su andadura musical como intérprete de laúd y cantante aunque pronto se centró en su actividad como compositora. En 1566 ya había compuesto cuatro madrigales que se recopilarían bajo el nombre de Il Desiderio (El Deseo). 

Maddalena pasó a la historia de la música por ser la primera mujer en ver publicada una de sus obras musicales. Con el sencillo nombre de Il primo libro di madrigali, se publicaba en Venecia su primera recopilación de madrigales a cuatro voces. Esta importante obra estuvo dedicada a otra gran mujer, Isabela de Médici, hija del Gran Duque de Toscana Cosme I de Médici y su esposa Leonor de Toledo y una apasionada de la música. 

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De esta dedicatoria destaca su reflexión acerca de la capacidad de las mujeres para dedicarse a la composición: Deseo mostrar al mundo, tanto como pueda en esta profesión musical, la errónea vanidad de que sólo los hombres poseen los dones del arte y el intelecto, y de que estos dones nunca son dados a las mujeres.

Maddalena dedicó su vida a la composición, regalando a la historia de la música más de 60 madrigales.

 

grandesmujeresenlahistoria.blogspot

 

Los bellos árboles de Heather Haynes

Pintora canadiense que en pocos años ha logrado situarse entre los artistas más cotizados de su país.
Estudió Bellas Artes en la Universidad McMaster de Hamilton, en Ontario, de 1989 a 1993.

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Vive en una escuela restaurada en el pintoresco barrio de las Mil Islas de Ontario.
Comenzó vendiendo sombreros funky y pequeñas pinturas en un mercado de su ciudad, hasta que poco a partir de 1995, la pintura se convirtió en el centro de su vida.

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En sus inicios realizó pequeñas exposiciones bianuales en su estudio, todas ellas con un enorme éxito, tanto que en muy poco tiempo estaba exponiendo en importantes galerías.

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En los últimos años, su trabajo ha obtenido un gran reconocimiento internacional.
Sus pinturas están representadas en numerosas colecciones privadas y públicas, entre otras en galerías de de arte en Canadá, Gran Bretaña y los EE.UU.

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Se describe así misma como “impresionista contemporánea” y se inspira en la naturaleza;  pinta sobre todo  bellos árboles llenos de colorido y vistosos y seductores contrastes que atrapan la atención del espectador.

En su técnica, usa sobre todo pintura acrílica, integrando a veces sutiles estarcidos y algún texto; todas sus composiciones están selladas con esmalte.

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Tomado de: http://trianarts.com/

 

 

Confieso que he vivido (fragmento)

Pablo Neruda 

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” Uno de los amigos de Federico y Rafael era el joven poeta Miguel Hernández. Yo lo conocí cuando llegaba de alpargatas y pantalón campesino de pana desde sus tierras de Orihuela, en donde había sido pastor de cabras. Yo publiqué sus versos en mi revista Caballo Verde y me estusiasmaba el destello y el brío de su abundante poesía. Miguel era tan campesino que llevaba un aura de tierra en torno a él. Tenía una cara de terrón o de papa que se saca de entre las raíces y que conserva frescura subterránea. Me contaba cuentos terrestres de animales y pájaros. Era ese escritor salido de la naturaleza como una piedra intacta, con virginidad selvática y arrolladora fuerza vital. Me narraba cuán impresionante era poner los oídos sobre el vientre de las cabras dormidas. Así se escuchaba el ruido de la leche que llegaba a las ubres, el rumor secreto que nadie ha podido escuchar sino aquel poeta de cabras. 

“NOS HAN DADO LA TIERRA”

Autor: Juan Rulfo

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Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.
Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero sí, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.

Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca.
Hemos venido caminando desde el amanecer. Ahorita son algo así como las cuatro de la tarde. Alguien se asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice:
-Son como las cuatro de la tarde.
Ese alguien es Melitón. Junto con él, vamos Faustino, Esteban y yo. Somos cuatro. Yo los cuento: dos adelante, otros dos atrás. Miro más atrás y no veo a nadie. Entonces me digo: “Somos cuatro.” Hace rato, como a eso de las once, éramos veintitantos, pero puñito a puñito se han ido desperdigando hasta quedar nada más que este nudo que somos nosotros.
 Faustino dice:
-Puede que llueva.
Todos levantamos la cara y miramos una nube negra y pesada que pasa por encima de nuestras cabezas. Y pensamos: “Puede que sí.”
No decimos lo que pensamos. Hace ya tiempo que se nos acabaron las ganas de hablar. Se nos acabaron con el calor. Uno platicaría muy a gusto en otra parte, pero aquí cuesta trabajo. Uno platica aquí y las palabras se calientan en la boca con el calor de afuera, y se le resecan a uno en la lengua hasta que acaban con el resuello. Aquí así son las cosas. Por eso a nadie le da por platicar.

Cae una gota de agua, grande, gorda, haciendo un agujero en la tierra y dejando una plasta como la de un salivazo. Cae sola. Nosotros esperamos a que sigan cayendo más y las buscamos con los ojos. Pero no hay ninguna más. No llueve. Ahora si se mira el cielo se ve a la nube aguacera corriéndose muy lejos, a toda prisa. El viento que viene del pueblo se le arrima empujándola contra las sombras azules de los cerros. Y a la gota caída por equivocación se la come la tierra y la desaparece en su sed.

¿Quién diablos haría este llano tan grande? ¿Para qué sirve, eh?
Hemos vuelto a caminar. Nos habíamos detenido para ver llover. No llovió. Ahora volvemos a caminar. Y a mí se me ocurre que hemos caminado más de lo que llevamos andado. Se me ocurre eso. De haber llovido quizá se me ocurrieran otras cosas. Con todo, yo sé que desde que yo era muchacho, no vi llover nunca sobre el llano, lo que se llama llover.

No, el Llano no es cosa que sirva. No hay ni conejos ni pájaros. No hay nada. A no ser unos cuantos huizaches trespeleques y una que otra manchita de zacate con las hojas enroscadas; a no ser eso, no hay nada.
Y por aquí vamos nosotros. Los cuatro a pie. Antes andábamos a caballo y traíamos terciada una carabina. Ahora no traemos ni siquiera la carabina.
Yo siempre he pensado que en eso de quitarnos la carabina hicieron bien. Por acá resulta peligroso andar armado. Lo matan a uno sin avisarle, viéndolo a toda hora con “la 30” amarrada a las correas. Pero los caballos son otro asunto. De venir a caballo ya hubiéramos probado el agua verde del río, y paseado nuestros estómagos por las calles del pueblo para que se les bajara la comida. Ya lo hubiéramos hecho de tener todos aquellos caballos que teníamos. Pero también nos quitaron los caballos junto con la carabina.

Vuelvo hacia todos lados y miro el Llano. Tanta y tamaña tierra para nada. Se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga. Sólo unas cuantas lagartijas salen a asomar la cabeza por encima de sus agujeros, y luego que sienten la tatema  del sol corren a esconderse en la sombrita de una piedra. Pero nosotros, cuando tengamos que trabajar aquí, ¿qué haremos para enfriarnos del sol, eh? Porque a nosotros nos dieron esta costra de tapetate para que la sembráramos.

Nos dijeron:
-Del pueblo para acá es de ustedes.
Nosotros preguntamos:
-¿El Llano?
-Sí, el Llano. Todo el Llano Grande.
Nosotros paramos la jeta para decir que el Llano no lo queríamos. Que queríamos lo que estaba junto al río. Del río para allá, por las vegas, donde están esos árboles llamados casuarinas y las paraneras y la tierra buena. No este duro pellejo de vaca que se llama Llano.

Pero no nos dejaron decir nuestras cosas. El delegado no venía a conversar con nosotros. Nos puso los papeles en la mano y nos dijo:
-No se vayan a asustar por tener tanto terreno para ustedes solos.
-Es que el Llano, señor delegado…
-Son miles y miles de yuntas.
-Pero no hay agua. Ni siquiera para hacer un buche hay agua.
¿Y el temporal? Nadie les dijo que se les iba a dotar con tierras de riego. En cuanto allí llueva, se levantará el maíz como si lo estiraran.
-Pero, señor delegado, la tierra está deslavada, dura. No creemos que el arado se entierre en esa como cantera que es la tierra del Llano. Habría que hacer agujeros con el azadón para sembrar la semilla y ni aun así es positivo que nazca nada; ni maíz ni nada nacerá.

-Eso manifiéstenlo por escrito. Y ahora váyanse. Es al latifundio al que tienen que atacar, no al Gobierno que les da la tierra.
-Espérenos usted, señor delegado. Nosotros no hemos dicho nada contra el Centro. Todo es contra el Llano… No se puede contra lo que no se puede. Eso es lo que hemos dicho… Espérenos usted para explicarle. Mire, vamos a comenzar por donde íbamos… 
Pero él no nos quiso oír.
Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará de aquí. Ni zopilotes. Uno los ve allá cada y cuando, muy arriba, volando a la carrera; tratando de salir lo más pronto dposible de este blanco terregal endurecido, donde nada se mueve y por donde uno camina como reculando.

Melitón dice:
-Esta es la tierra que nos han dado.
Faustino dice:
-¿Qué?
Yo no digo nada. Yo pienso: “Melitón no tiene la cabeza en su lugar. Ha de ser el calor el que lo hace hablar así. El calor, que le ha traspasado el sombrero y le ha calentado la cabeza. Y si no, ¿por qué dice lo que dice? ¿Cuál tierra nos han dado, Melitón? Aquí no hay ni la tantita que necesitaría el viento para jugar a los remolinos.”

Melitón vuelve a decir:
-Servirá de algo. Servirá aunque sea para correr yeguas .
-¿Cuáles yeguas? -le pregunta Esteban.
Yo no me había fijado bien a bien en Esteban. Ahora que habla, me fijo en él.
Lleva puesto un gabán que le llega al ombligo, y debajo del gabán saca la cabeza algo así como una gallina.
Sí, es una gallina colorada la que lleva Esteban debajo del gabán. Se le ven los ojos dormidos y el pico abierto como si bostezara. Yo le pregunto:
-Oye, Teban, ¿de dónde pepenaste esa gallina?
-Es la mía- dice él.
-No la traías antes. ¿Dónde la mercaste, eh?
-No la merque, es la gallina de mi corral.
-Entonces te la trajiste de bastimento, ¿no?
-No, la traigo para cuidarla. Mi casa se quedó sola y sin nadie para que le diera de comer; por eso me la traje. Siempre que salgo lejos cargo con ella.
-Allí escondida se te va a ahogar. Mejor sácala al aire.
Él se la acomoda debajo del brazo y le sopla el aire caliente de su boca. Luego dice:
-Estamos llegando al derrumbadero.
Yo ya no oigo lo que sigue diciendo Esteban. Nos hemos puesto en fila para bajar la barranca y él va mero adelante. Se ve que ha agarrado a la gallina por las patas y la zangolotea a cada rato, para no, golpearle la cabeza contra las piedras.
Conforme bajamos, la tierra se hace buena. Sube polvo desde nosotros como si fuera un atajo de mulas lo que bajará por allí; pero nos gusta llenarnos de polvo. Nos gusta. Después de venir durante once horas pisando la dureza del Llano, nos sentimos muy a gusto envueltos en aquella cosa que brinca sobre nosotros y sabe a tierra.

Por encima del río, sobre las copas verdes de las casuarinas, vuelan parvadas de chachalacas verdes. Eso también es lo que nos gusta.
Ahora los ladridos de los perros se oyen aquí, junto a nosotros, y es que el viento que viene del pueblo retacha en la barranca y la llena de todos sus ruidos.
Esteban ha vuelto a abrazar su gallina cuando nos acercamos a las primeras casas. Le desata las patas para desentumecerla, y luego él y su gallina desaparecen detrás de unos tepemezquites.
-¡Por aquí arriendo yo! -nos dice Esteban.
Nosotros seguimos adelante, más adentro del pueblo.
La tierra que nos han dado está allá arriba.

 

A 72 años de la muerte en prisiòn del gran poeta español Miguel Hernàndez

Miguel Hernández, el poeta del pueblo

Autor Felipe Pigna

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En medio de una de las peores crisis que recuerda la historia española el calendario marcó en julio pasado los 77 años del inicio de aquella tremenda guerra civil. El bando vencido realizo algunos actos y los pocos sobrevivientes pudieron ver con cierto orgullo flamear su bandera, la republicana, entre los miles de jóvenes indignados de la Puerta del Sol de Madrid o de la Plaza Catalunya. Flameaba por allí cierta poesía, la Federico, la Machado y la del querido y dolorido hasta el final, Miguel Hernández, el poeta que sobrevivió a la guerra, pero no a la pena, ni a la cárcel ni a saber que su hijito Manuel Miguel pasaba hambre y se alimentaba “con sangre de cebolla”, aquel niñito que le quitaba soledades y le arrancaba cárcel, al que estaba dispuesto a traerle la luna cuando era preciso y le pedía a aquel hijito que no se derrumbara, que no sepa lo que pasa ni lo que ocurre. Años de humillación de su amada Josefina Manresa, recorriendo las distintas prisiones donde los asesinos de Federico, los exiliadores de Machado que lo mandaron a la muerte, lo iban confinando en condiciones cada vez peores. La guerra también, y sobre todo, la habían declarado los herederos de la Inquisición a la poesía, al teatro, al amor y como dijo un íntimo de Franco, Millán de Astray, a la vida, cuando proclamó frente a un desconcertado Miguel de Unamuno “Viva la muerte”.
Lo conocimos a Miguel de chicos, allá por los 70 gracias a otro grande, Joan Manuel Serrat, que tuvo la valentía de rescatar algunos de sus más bellos poemas y difundirlos por el mundo. En nuestros asmáticos wincos se nos hicieron familiares las nanas de la cebolla, conocimos a su entrañable amigo Ramón Sijé, frente a cuya tumba se lamentaba Miguel, encontrando las palabras que tantos sentimos ante un hecho que nos parte en dos y que él sintetizo en “que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.”Pero aquel muchachito nacido en Orihuela un 30 de octubre de 1910 también nos dejó la vitalidad, aquel niño yuntero del que dirá años más tarde: “carne de yugo ha nacido, más humillado que bello, con el cuello perseguido por el yugo para el cuello. Nace como la herramienta, a los golpes destinado.” En consonancia con su pensamiento revolucionario, se preguntará “¿Quién salvará a este chiquillo, menor que un grano de avena? ¿De dónde saldrá el martillo verdugo de esta cadena? Y proponía: “Que salga del corazón de los hombres jornaleros, que antes de ser hombres son y han sido niños yunteros.”

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Pero también le escribió a la alegría campesina de aquel Romancillo de Mayo, que le canta a la vida, al renacer de la primavera. Nos habló de las bocas que arrastran bocas y de los amorosos labios, en uno de los mejores poemas dedicados a los besos y le recordó a su amada que “menos tu vientre, todo es confuso”. Miguel peleó en el bando vencido todo lo que pudo en el 5to regimiento, estuvo en el frente en Teruel, Andalucía, Madrid y Extremadura. Sólo pidió una tregua, una licencia para casarse con su amada Josefina el 9 de marzo de 1937. En diciembre nacerá Manuel Ramón, un motivo más para luchar por la vida Pasó luego del tremendo dolor al batallón dirigido por Valentín González, el mítico campesino. Era convocado de todos los frentes para alentar a las tropas, para darles el calor que les faltaba y devolverles algo de la poesía que les habían robado. Escribe para ellos “Vientos del pueblo”, “El labrador de más aire” y “Teatro en la guerra”. Promueve y participa del Congreso Internacional de Escritores Antifascistas” en defensa de la República española. Pero la ayuda nazifascista, la cómplice duda de las potencias occidentales y los conflictos internos entre las fuerzas de izquierda irán minando la suerte de aquel sueño de cambiar la España vieja de la que hablaba Machado. A las derrotas se suma la terrible noticia de la muerte de su pequeño hijo, “el niño de la luz y de la sombra”, como lo llama en un amoroso poema. Sólo habrá luz y alegría con el nacimiento de Manuel Miguel en enero de 1939.

Vino la derrota y el decreto franquista refirmado por el “filólogo” Joaquín de Entrambasaguas que mandó quemar toda la obra del enorme poeta. Pero manos del pueblo de algún niño yuntero hecho hombre lograron rescatar dos copias de cada libro y se pudo publicar su obra en Buenos Aires y muchos años después en España. Tratando de escapar hacia Portugal es detenido y comienza como decíamos su peregrinar de mazmorra en mazmorra acusado de cantarle a la vida, al amor y a la libertad, por la que había sangrado, luchado y pervivido. Salió en libertad a fines de 1939 gracias a las gestiones de Pablo Neruda ante un cardenal, pero al volver a su querida Orihuela, alguien lo delató, volvió a prisión y fue enviado a Madrid donde lo condenan a Muerte. Gracias a las gestiones de varios amigos, entre ellos el Luis Almarcha Hernández, que de amigo de Miguel en la juventud había pasado a ser Vicario de la Diócesis de Orihuela, se consigue la conmutación de la pena por 30 años de prisión. Pasó por Palencia y Toledo hasta ser confinado al “Reformatorio de adultos” de Alicante. A donde los trasladaban allí iban Josefina y su querido niñito a quitarle soledades y arrancarle cárcel. No dejó de escribir nunca, cualquier papel que caía en sus manos lo convertía en poesía. 
A fines de 1941 las durísimas condiciones de detención, la tristeza y sus ansias de libertad encerradas, lo enferman. Primero fue la bronquitis, luego el tifus y finalmente la tuberculosis. Miguel se fue para siempre el 28 de marzo de 1942. En febrero de 2011, informaba el diario El País de Madrid que “el Tribunal Supremo en lo militar denegó revisar la sentencia del 18 de enero de 1940, dictada por el Consejo de Guerra Permanente número 5 de Madrid como autor de un delito de Adhesión a la Rebelión previsto en el artículo 238.2º del Código de Justicia Militar del año 1890.” El argumento de los injustos es aferrarse a que la ley de memoria histórica reconoce la injusticia de las sentencias dictadas durante la dictadura. No hubiese estado mal que se reconociera la barbarie, que se pidiese disculpas a la familia y al mundo por intentar matar la poesía porfiadamente después de Federico. 
Pedirle disculpas al hombre que escribió, que nos escribió en 1938 en “El hombre acecha”: 

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.
Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

 

http://www.facebook.com/FelipePigna

¿Dónde vamos, papá? (fragmento)

Jean Louis Fournier 

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” Imperturbable, Thomas continuó: “¿Dónde vamos, papá?” Puede ser que mejore. Después de la enésima vez, resultaba realmente insoportable. Para él no había ningún problema. Thomas, el rey del running gag.
Que levanten la mano los que nunca han tenido miedo de tener un hijo anormal.
Nadie levanta la mano.
Todos piensan en ello como un temblor de tierra, o como el fin del mundo, algo que sucede sólo una vez.
Yo tuve dos fines del mundo.
Al mirar a un recién nacido, sentimos verdadera admiración. Es algo bueno. Contemplamos sus manos, incluso sus minúsculos dedos, vemos que hay cinco en cada mano y lo mismo en cada pie. Sentimos un verdadero asombro. No cuatro o seis. Sólo cinco. Es como un milagro. Y no hablo del interior, algo mucho más complicado.
Tener un niño supone un riesgo… No siempre sale bien. Así que continuamos.
Cada segundo sobre la tierra, una mujer da a luz en el mundo… Es vital encontrarla y decirle que deje de hacerlo, dijo un comediante.
Ayer fuimos al convento de Abbeville para presentar a Mathieu a su tía Madeleine, que es una religiosa carmelita.
Estábamos en la sala de visitas, una pequeña sala blanqueada con cal. En la pared del fondo había una obertura cerrada por una gruesa cortina. La cortina no era roja, como en el Teatro de Guiñoles, sino negra. Oímos una voz que venía de detrás de la cortina, que nos dijo: “Hola, niños”
Era Madeleine. Estaba en el claustro. No se le permitía vernos. Charlamos un rato con ella, antes de que pidiera ver a Mathieu. Nos pidió que dejáramos su cuna cerca de la obertura antes de girarnos hacia la pared. Las monjas de clausura tienen derecho a ver a los niños pequeños. Llamó a las otras monjas para que vinieran a ver a su pequeño sobrino. Escuchamos un roce de vestidos, risas y carcajadas. A continuación, el sonido de la cortina que se abre y un coro de alabanzas, cosquillas y caricias al divino niño. “¡Qué lindo es, mamá. Nos sonrió. Parece un ángel, un pequeño Jesús!”
Para las religiosas, los niños son criaturas del Buen Dios, perfectas. Todo lo que Dios hace es perfecto. Ellas no quieren admitir defecto alguno. Además, era el pequeño sobrino de la Madre Superiora. Durante un instante tuve la tentación de dar la vuelta y decirle que nadie podría suplantarla.
No lo hice. Hice lo correcto.
Por una vez que el pobre Mathieu era objeto de cumplimientos.