James Balong:

Extreme Ice Survey, glaciares que agonizan.

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Chasing Ice. © James Balong 2011

Hoy vamos a cambiar un poco de registro. Hay fotógrafos a los que admiramos por el conjunto de su obra. Otros destacan por un determinado trabajo o proyecto que por su calidad o actualidad saltan a los medios y, en ocasiones recogen reconocimiento y galardones. Y a veces ese proyecto toma tales dimensiones e implicaciones que se convierte en la obra reconocible de ese fotógrafo. Tal es el caso de James Balong, fotógrafo norteamericano amante del alpinismo que estos días está siendo muy nombrado en todos los medios de comunicación por su lucha contra el deshielo derivado del calentamiento global.
En la primavera del año 2005 James Balog realizó por encargo un trabajo para National Geographic viajando en torno al Ártico con el fin de obtener imágenes relacionadas con el cambio climático. Si bien, como él mismo declara, en un principio no estaba muy convencido del tema, lo que vió le impresionó tanto que a los pocos meses de acabar este contrato se embarcó en una misión aún más audaz: documentar la desaparición de los glaciares mediante la instalación de una red de 25 time-lapse cámaras (cámaras que se disparan continua y  automáticamente cada cierto lapso de tiempo) en puntos estratégicos de todo el hemisferio norte: Islandia, Groenlandia, Alaska, Nepal, Montañas Rocosas… Este singular proyecto, que recibió el nombre de Extreme Ice Survey, ha funcionado de forma eficiente mostrando la creciente reducción de la superficie helada y los glaciares de Groenlandia, Islandia y Alaska principalmente, como consecuencia del incremento de las temperaturas y de los devastadores efectos de la crioconita, limo negro producido por el impacto de la contaminación atmosférica producida por el hombre pero también por causas naturales como las erupciones volcánicas. Este hielo contaminado de hollín absorbe las radiaciones solares por su color negro y produce la descongelación y ruptura de las placas a su alrededor.
El proyecto de Balong ha impactado a todo el mundo, no solo por la preocupante realidad que retrata sino también por la espectacular belleza de la imágenes. El documental que recoge el duro trabajo con la red de cámaras así como las impresionantes imágenes de los grandes colapsos captados por estas, Ice Chasing, acaba de ganar el premio Sundance 2012 al mejor film documental. Arte y ecología si se dan verdaderamente la mano en esta ocasión.

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Birthday Canyon, Groenlandia. El fondo de crioconita funde el hielo. © James Balong 2009Mendenhall Glacier, Juneau, Alaska 9-2010
Hielo fundiéndose en el Glaciar Mendenhall, Alaska. © James Balong 2010JamesBALONG-2007-Ilulissat Isfjor_Greenland
Un estrato de crioconita rompe un iceberg. Ilulissat Isfjor, Groenlandia © James Balong 2007JamesBALONG-2007-Ilulissat Isfjord, Greenland
Icebergs de 60 m de altura. Ilulissat Isfjor, Greenland © James Balong 2007Mendenhall Glacier from approx. 3000 feet
Grietas por el deshielo al extremo del Mendenhall Glacier, Alaska. © James Balong 2010Ice crystals,Greenland, July 2008
Limo negro (crioconita) aflorando al fundirse el hielo. Groenlandia. © James Balong 2008Decay and erosion feature on Solheimajokull (translation: "Sun house glacier").
Ventisquero impactado por ceniza volcánica. Solheimajokull, Islandia. © James Balong 2009JamesBALONG-2007-FromICE_vanishing_icebergs
Iceberg fundiéndose, Groenlandia. © James Balong 2009 

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LA PALOMA

Autor: Rafael Alberti

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  Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
  Por ir al norte fue al sur,
creyó que el trigo era el agua.
  Creyó que el mar era el cielo
que la noche la mañana.
  Que las estrellas rocío,
que la calor la nevada.
  Que tu falda era tu blusa,
que tu corazón su casa.
  (Ella se durmió en la orilla,
tú en la cumbre de una rama.)

 

Arte: Acuarela de Rafael Alberti

HE ANDADO MUCHOS CAMINOS

Autor: Antonio Machado

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He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas,
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancòlicos
borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra…

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adònde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos
descansan bajo la tierra.

La quijotita y su prima (1819)

El escritor mexicano José Joaquin Fernández de Lizardi (1776-1827) escribió la novela costumbristaLa quijotita y su prima (1819), una obra excelente. Su crítica a la inconveniente o mala educación de las mujeres, sería el tema principal. Expresa que la mujer debía de recibir educación intelectual y moral para poder desenvolverse en el mundo. Esto puede sonar lógico ahora, pero a inicios del siglo 19 era insólito, y más con el virreynato encima o recién librándose de él. Era necesario intentar establecer muchos puntos en el México independiente después de tantos enfrentamientos, luchas, controles, conflictos: el papel de la familia, los valores cívicos, la educación, la censura eclesiástica que era horrenda (especialmente con lo que se publicaba), etc.

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Podrán imaginarse qué sucedía después de tres siglos en completa opresión si se era indígena, y obviamente que no había más que indígenas (grandes culturas), así que pasar de ésta a hacer lo que les viniera en gana con la libertad que jamás debieron perder al estar en su propio país, era algo que debió de ser increible. Les copio un fragmento que hallé de La quijotita y su prima para que puedan ver una pequeñita parte de su notable escritura:

En efecto, fueron todos el jueves, no a la hora señalada, sino después de almorzar; pero, cuál fue la sorpresa del coronel, de Matilde y Pudenciana, al hallarse con la sala llena de gente y a Pomposa en medio muy colorada y hecha una víbora de rabia, con un papel en la mano diciendo:
—Los colegiales, sí, los malditos colegiales me han puesto por mal nombre Quijotita. ¿Qué me ven esos malditos de Quijota? ¿Soy yo acaso loca, flaca ni trigueña como don Quijote? ¿Soy hombre?, ¿tengo Rocinante?, ¿tengo escudero?, ¿acometo molinos de viento, ni hago ninguna fechoría como diz que hacía ese buen señor, que en paz descanse? ¿Pues por qué me han de llamar Quijotita? ¡Maldito sea el que tal nombre me puso y ojalá yo supiera quién fue, que me lo había de pagar, le había de decir que era un grosero, indecente y mal criado, y se había de acordar de mí para todos los días de su vida!, pero ya que no lo conozco, a lo menos les prometo que no ha de volver a pisar mi casa ni un colegial.
De esta manera se explicaba Pomposita, hecha una furia, hasta que el coronel le dijo:
—Vaya, vaya; ¿qué te han hecho los colegiales que estás tan enojada con ellos?
—¡Qué me ha de suceder, tío!, respondió Pomposa, ¡qué me ha de suceder!, esos pícaros, groseros, indecentes, me han puesto por mal nombre Quijotita y me lo han dicho casi en mis bigotes. ¡Mire usted qué atrevimiento! Este papel me dejaron esos condenados dentro del clave. Quién sabe cómo diantres lo pusieron sin que yo lo viera, y luego luego se despidieron y se fueron.
Decir esto Pomposa y poner el papel en manos de su tío, todo fue uno. Entonces el coronel se sentó, y como había muchas personas de visita, lo hubo de leer en alta voz y todos oyeron que decía ni más ni menos que como sigue:

Pomposa, aunque seas bonita,
Y aunque ves que te queremos,
No por eso dejaremos
De llamarte Quijotita;
Y pues tu locura incita
A ponerte este renombre,
Ten paciencia, y no te asombre,
Que ya sea en prosa, o en verso,
Diga todo el universo:
Quijotita sea tu nombre.

Acabó de leer el coronel; las visitas prudentes se sonreían y las no prudentes soltaron la carcajada, con lo que se puso de peor condición Pomposa, y echando espuma por la boca decía:
—¿Qué dicen ustedes?, ¿no son infamias las de estos perros, malcriados, indecentes? ¿Quijotita yo?, ¿yo Quijotita? ¡Voto a mis pecados! Esto no es sufrible. ¿Qué me habrán visto de Quijotita estos malditos? Pero como vuelvan, yo les prometo que les he de decir cuántas son cinco y los he de echar muy mucho noramala de mi casa.

 

 

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¿De qué sirve el profesor?

Artìculo de Humberto Eco

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En el alud de artículos sobre el matonismo en la escuela he leído un episodio que, dentro de la esfera de la violencia, no definiría precisamente al máximo de la impertinencia… pero que se trata, sin embargo, de una impertinencia significativa. Relataba que un estudiante, para provocar a un profesor, le había dicho: “Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?”

El estudiante decía una verdad a medias, que, entre otros, los mismos profesores dicen desde hace por lo menos veinte años, y es que antes la escuela debía transmitir por cierto formación pero sobre todo nociones, desde las tablas en la primaria, cuál era la capital de Madagascar en la escuela media hasta los hechos de la guerra de los treinta años en la secundaria. Con la aparición, no digo de Internet, sino de la televisión e incluso de la radio, y hasta con la del cine, gran parte de estas nociones empezaron a ser absorbidas por los niños en la esfera de la vida extraescolar.

De pequeño, mi padre no sabía que Hiroshima quedaba en Japón, que existía Guadalcanal, tenía una idea imprecisa de Dresde y sólo sabía de la India lo que había leído en Salgari. Yo, que soy de la época de la guerra, aprendí esas cosas de la radio y las noticias cotidianas, mientras que mis hijos han visto en la televisión los fiordos noruegos, el desierto de Gobi, cómo las abejas polinizan las flores, cómo era un Tyrannosaurus rex y finalmente un niño de hoy lo sabe todo sobre el ozono, sobre los koalas, sobre Irak y sobre Afganistán. Tal vez, un niño de hoy no sepa qué son exactamente las células madre, pero las ha escuchado nombrar, mientras que en mi época de eso no hablaba siquiera la profesora de ciencias naturales. Entonces, ¿de qué sirven hoy los profesores?

He dicho que el estudiante dijo una verdad a medias, porque ante todo un docente, además de informar, debe formar. Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que se transmitan datos y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera. Es cierto que lo que ocurre en Irak lo dice la televisión, pero por qué algo ocurre siempre ahí, desde la época de la civilización mesopotámica, y no en Groenlandia, es algo que sólo lo puede decir la escuela. Y si alguien objetase que a veces también hay personas autorizadas en Porta a Porta (programa televisivo italiano de análisis de temas de actualidad), es la escuela quien debe discutir Porta a Porta. Los medios de difusión masivos informan sobre muchas cosas y también transmiten valores, pero la escuela debe saber discutir la manera en la que los transmiten, y evaluar el tono y la fuerza de argumentación de lo que aparecen en diarios, revistas y televisión. Y además, hace falta verificar la información que transmiten los medios: por ejemplo, ¿quién sino un docente puede corregir la pronunciación errónea del inglés que cada uno cree haber aprendido de la televisión?

Pero el estudiante no le estaba diciendo al profesor que ya no lo necesitaba porque ahora existían la radio y la televisión para decirle dónde está Tombuctú o lo que se discute sobre la fusión fría, es decir, no le estaba diciendo que su rol era cuestionado por discursos aislados, que circulan de manera casual y desordenado cada día en diversos medios -que sepamos mucho sobre Irak y poco sobre Siria depende de la buena o mala voluntad de Bush. El estudiante estaba diciéndole que hoy existe Internet, la Gran Madre de todas las enciclopedias, donde se puede encontrar Siria, la fusión fría, la guerra de los treinta años y la discusión infinita sobre el más alto de los números impares. Le estaba diciendo que la información que Internet pone a su disposición es inmensamente más amplia e incluso más profunda que aquella de la que dispone el profesor. Y omitía un punto importante: que Internet le dice “casi todo”, salvo cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información.

Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales).

El problema dramático es que por cierto a veces ni siquiera el profesor sabe enseñar el arte de la selección, al menos no en cada capítulo del saber. Pero por lo menos sabe que debería saberlo, y si no sabe dar instrucciones precisas sobre cómo seleccionar, por lo menos puede ofrecerse como ejemplo, mostrando a alguien que se esfuerza por comparar y juzgar cada vez todo aquello que Internet pone a su disposición. Y también puede poner cotidianamente en escena el intento de reorganizar sistemáticamente lo que Internet le transmite en orden alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas pero no la relación sistemática entre estas dos nociones.

El sentido de esa relación sólo puede ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse para hacerlo. Si no es así, las tres I de Internet, Inglés e Instrucción seguirán siendo solamente la primera parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo.

(Traducción: Mirta Rosenberg)
La Nacion/L’Espresso
(Distributed by The New York Times Syndicate).

El Temblor

Autor: Josè Angel Valente

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La lluvia
como una lengua de prensiles musgos
parece recorrerme, buscarme la cerviz,
bajar,
lamer el eje vertical,
contar el número de vértebras que me separan
de tu cuerpo ausente.

Busco ahora despacio con mi lengua
la demorada huella de tu lengua
hundida en mis salivas.

Bebo, te bebo
en las mansiones líquidas
del paladar
y en la humedad radiante de tus ingles,
mientras tu propia lengua me recorre
y baja,
retráctil y prensil, como la lengua

oscura de la lluvia.

La raíz del temblor llena tu boca,
tiembla, se vierte en ti
y canta germinal en tu garganta.

 

Artista:  Malcolm T. Liepke

Joe Jones

Realismo social y antiregionalismo norteamericano

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Nació en San Luis, Missouri, el 7 de Abril de 1909.
Artista autodidacta, abandonó la escuela cuando contaba sólo quince años para comenzar a trabajar con su padre que era pintor de brocha gorda, trabajo que ejerció más de doce años.

Comenzó a pintar en San Luis, ganando varios premios en sendos concursos a los que se presentó, gracias a lo que logró el encargo de pintar un mural para la emisora de radio KMOX y una exposición individual.
En 1933 Elizabeth Green, junto a diez de sus clientes, fundaron el “Joe Jones Club”, que financió un viaje al artista a la colonia de pintores de Provincetown, en Massachusetts.

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Algunos críticos de arte han clasificado sus primeras obras como típicas del estilo Midwestern Regionalista, del que fue uno de los máximos exponentes Thomas Hart Benton, mientras que otros la encuadran en todo lo contrario, como “antiregionalista”.
Durante un tiempo se dedicó a trabajar como ilustrador para algunas revistas; según Andrew Hemingway, historiador de arte, Jones fue influenciado por la pintura de los modernistas y cubistas.

Tras su regreso a San Luis, instaló su residencia en una casa flotante.
En agosto de 1935, Jones pintó una serie de murales en la Universidad Commonwealth en Mena, Arkansas .

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La obra que le dio más fama fue “Trigo”, que presentó en la II Bienal de Pintura Contemporánea de América, en el Museo Whitney, realizada en 1934 – 1935.
En sus cuadros de esta época incluyó elementos revolucionarios; Jones escribió a Green, “no está pintado para desviar la atención a cualquier parte” a excepción de la lucha militante de la clase obrera, que contrasta con los artistas que creyeron en el Partido Comunista. En 1935, la revista Times, publicó una biografía sobre Jones, en la que se decía que el pintor había contribuido con una pintura al CiSixteen Cities Show, en el Museo de Arte Moderno. En ese momento, Jones se convirtió en un comunista.

De vuelta a San Luis, promovió este tipo de pensamiento en sus clases de arte en el St. Louis Artists Guild. En respuesta, el director de Seguridad Pública de la ciudad lo expulsó de la institución.

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En 1936 viajó a Nueva York para asistir a un simposio organizado por los New Masses, en el que participaron, Louis Bunin (titiritero), Stuart Davis (Artista del Congreso Americano), Joseph Freeman (crítico literario y fundador de la New Masses ), William Gropper (pintor y dibujante), Jerome Klein (crítico del New York Post , y Roger Baldwin, presidente de los New Masses.

Tras esto expondría de forma individual, por primera vez en la Galería de ACA y en la Galería Walker.
En 1937, la revista Times, informó que el Metropolitan Museum de Nueva York, había adquirido uno de sus cuadros.
En 1938, igualmente Times, sigue clasificando la pintura de Jones como “proletaria” .

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En 1943, durante el transcurso de la II Guerra mundial, Jones se alistó en el Departamento de Guerra de Estados Unidos en el programa de artistas de guerra; a pesar de su adscripción comunista, el presidente del programa, George Biddle le apoyó alegando que Jones estaba “dispuesto a jurar que Jones jamás perjudicaría los intereses del Gobierno estadounidense”; siendo asignado al Comando de Defensa Alaska, en Fort Richardson, en Anchorage.

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En 1951, ya de nuevo en Nueva York, las nuevas obras de Jones nos muestran imágenes delicadamente coloreadas, playas, ciudades y puertos, sin asomo de tristeza o ira en ellos. Ya contaba con 42 años, perdió todo interés por el comunismo y aparta de sus cuadros los temas de guerra de clases. En ella se interesaba por delicadas líneas y colores en tonos suaves, en contra de“la preocupación por la luz y la sombra que ha victimizado arte occidental desde el Renacimiento.”

En aquel momento veía la pintura como espacio y no como objeto, buscó el humanismo no del sujeto, sino de la línea. En aquel tiempo trasladó su residencia a Morristown, en Nueva Jersey.
Murió en abril de 1963, en Morristown, de un ataque cardíaco, contaba solo 54 años de edad.

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La llama doble. Amor y erotismo

Autor: Octavio Paz

La llama doble es un ensayo poético. Como el mismo Octavio Paz lo señala en el prólogo, este libro tiene relación con un poema que escribió anteriormente: Carta de creencia. La llama doble es el amor y el erotismo, asociados, por supuesto, a la sexualidad:

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“El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo. Apenas abrazamos esa forma, dejamos de percibirla como presencia y la asimos como una materia concreta, palpable, que cabe en nuestros brazos y que, no obstante, es ilimitada. Al abrazar a la presencia, dejamos de verla y ella misma deja de ser presencia. Dispersión del cuerpo deseado: vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos vive por sí solo pero alude a la totalidad del cuerpo. Ese cuerpo que, de pronto, se ha vuelto infinito. El cuerpo de mi pareja deja de ser una forma y se convierte en una substancia informe e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro. Nos perdemos como personas y nos recobramos como sensaciones.

El tiempo del amor no es grande ni chico: es la percepción instantánea de todos los tiempos en uno solo, de todas las vidas en un instante.”

 

 

Arte: Karol Bak, polaco.

 

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Cartas inéditas de Juan Ramón Jiménez

No voy a comentar mucho porque todo lo dice la lectura de esta carta. Sólo diré que me han conmovido estas cartas que escribe un gran poeta, Juan Ramón Jiménez, a otro grande, al poeta nicaragüense Rubén Darío (considerado el fundador del movimiento hispanoamericano conocido como Modernismo).

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Leemos en El cultural:

Volver a Juan Ramón no es sólo volver a la mejor poesía del siglo XX, es volver también a la historia literaria y sus protagonistas de medio siglo de España y volver siempre a lo imprevisto, a lo inédito. Estos días, las celebraciones en torno al poeta se multiplican e incluso se solapan. Se cumplen los cincuenta años del premio Nobel (…), la semana que viene se presenta por fin el primer tomo –de los tres– del epistolario del poeta que ha preparado durante años Alfonso Alegre. Se trata de 420 cartas, la mayor parte de ellas desconocidas y que, en todo caso, salen a la luz por primera vez completas, sin censuras ni erratas, que llenan un gran vacío, el de los años de juventud del poeta. Entre las joyas de este primer Epistolario encontramos diecisiete cartas que el poeta de Moguer escribió a Rubén Darío entre los años 1900 y 1911, recuperadas de los archivos de la Biblioteca Nacional de Chile. Cinco de ellas las publica en primicia El Cultural, así como las dirigidas a Ortega y Gasset, Unamuno y Antonio Machado. Que este epistolario era considerado por Juan Ramón como parte de su obra literaria –alguna carta encierra poemas inéditos– lo evidencia su carpeta encontrada en Puerto Rico con el título de “Cartas a mí con notas mías”.

A Rubén Darío

“Yo he sido siempre un aislado”
Moguer, ¿junio? de 1911

Mi querido maestro:
ahí van algunas poesías; ya le enviaré más; me dice usted que con mi carta y con mis libros no recibió versos; debió usted recibir unos “Tercetos melancólicos”. La revista no he tenido el gusto de verla; ¿no ha salido aún?

Me habla usted de mi aislamiento, del aislamiento. Yo he sido siempre, como usted sabe, un aislado; creo que la soledad es buena amiga de la bondad, y de la belleza. Ahora bien, la cuestión es ésta: ¿dónde debe uno aislarse? ¿En un pueblo como Moguer? Hay paz, hay silencio… relativo, se reciben libros, revistas, cartas; pero no puede ir uno a un museo, a un concierto, a un parque monumental. ¿En una gran ciudad como París? En el ambiente de una gran ciudad existe todo, pero, por lo mismo, falta la nostalgia. En fin, el asunto es soñar, pensar y cantar de un modo o de otro, pues que en todas direcciones puede encontrarse la belleza absoluta; ir arrancando las mejores rosas por todas las avenidas del destino.

Últimamente me había trazado un plan: estudiar bien algunas lenguas muertas y completar mi cultura en las modernas, para poder leerlo todo –todo no, ya sé que esto no es posible pero… ¡mucho de todo!– mas aquí no hay maestros de nada, como no sea de salud –el sol, el cielo azul, el campo verde, la arena roja, cosas que, sin un fondo de tesoros mentales, pueden conducir a una apoteosis a lo Rueda, ¡tan temible! La soledad del sabio sería el ideal perfecto. Llegaría uno a escribir sin gritos, a escuchar solamente el enorme rumor del gran silencio de oro del día, el hervidero de plata de la noche sin fin. Ninguna ciudad del mundo es “la única”, por lo tanto, todas son malas… o todas son buenas… Desde Sevilla…, sueño con las columnas de Tebas o con las pirámides; desde Atenas soñaría con un Tokio del siglo XVIII; desde Babilonia, con el Londres actual; desde París, con… ¡el Jardín de las Hespérides! Y quizás la impresión de las lecturas sea, en resumen, lo mejor.

Un favor: ¿quiere usted decirme en sus cartas qué libros –las joyas sólo– se publican ahí, que deban ser leídos? Yo veo “Vers et Prose”, “Mercure” [de France] y otras revistas –con sus catálogos–, pero sufro desilusiones. Se trata de lo “fundamental” de cosas como la interpretación de Macbeth de Maurice Maeterlinck, como la Elektra de Hugo von Hofmannstahl, como el Saint Sébastien de D’Annunzio -que he encargado-. ¿Estuvo usted en las representaciones? Me he convencido de que es una tontería apurar todo lo de una tendencia determinada: viene el hastío, el empalago. El libro maestro de cada autor –es difícil, dirá usted, saber cuál es; verdad–; Les Stances o Iphigénie de Moréas –¿de qué murió Moréas?-–, ¿no representan, por ejemplo, lo mejor, lo firme de su espíritu?

Mi salud no es buena: la continua taquicardia –que a veces llega a ser paroxística– de mi enfermedad nerviosa debe haber determinado una hipertrofia del ventrículo izquierdo, a lo que puedo juzgar. Lo que piensan de esto los médicos no lo sé, pues, como usted comprende, ellos no dicen la verdad… si la saben. No puedo andar mucho, porque viene la fatiga muscular y la disnea; así es que me paso el día en el jardín o en el cuarto de trabajo, leyendo, soñando, pensando y escribiendo.

No deje de mandarme la revista, escríbame y reciba un fuerte abrazo, de su

Juan R. Jiménez

¿Publicó Lugones sus Odas seculares?
Tengo escrita esta carta hace quince días, pero mi salud ha sido mala, y hasta ayer no he podido copiarle esos versos que le mando. Ya irán más. También le voy a enviar una fotografía del retrato que me hizo Sorolla; quiero una de usted, buena, para tenerlo en la ausencia y el destierro.

He visto el primer número de “Mundial” [Magazine] y los dos de “Elegancias”. Maravillosos. Si no es costumbre en esa casa enviar las revistas a los colaboradores, suplico a usted que descuente de lo que tenga que abonarme por los originales que yo le vaya remitiendo el importe de mi suscripción a ambas revistas. Y mándeme cada mes las tres correspondientes en un solo paquete “certificado”, pues los correos son por aquí infames. No lo eche en olvido.

¿Las señas de Rémy de Gourmont?
¿Las de Lugones?

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La herencia de Eszter (Fragmento)

Autor: Sándor Márai

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Mira Eszter, no vayas a creer que puede ocurrir algo en contra de ti o en tu perjuicio. Las cosas se tienen que arreglar de una manera sencilla y honrada. Vendras conmigo. Confías en mi ¿verdad? -me preguntó en voz baja, inseguro de sí mismo.
-Sigue hablando- le dije, también en voz baja, también con complicidad-. Claro que confío en ti.
-Eso es lo único que me importa -murmuró, muy satisfecho-. No creas que me voy a aprovechar de tu confianza- continuó, en un tono de voz más alto-. No quiero que decidas sola. Iré a llamar a Endre. Él es amigo de la casa. Es notario, entiende de estas cosas. Es mejor que firmes delante de él -dijo con aire de generosidad.
-¿Firmar qué? -pregunté, casi susurrando, como si ya hubiera accedido a todo, como si hubiese aceptado la tarea, como si tan sólo me interesara por los detalles.
-Este documento -respondió. Este documento que nos permitirá arreglarlo todo, para que puedas venir con cosotros, para que puedas vivir…
-¿Contigo?- le pregunté.
-Con nosotros -respondió con un tono más inseguro. -Con nosotros, cerca de nosotros.
-¿Dónde quieres que viva cerca de ti?
-Hemos pensado-dijo despacio, sopesando sus palabras, hablando en general, que podrías vivir cerca de nosotros. Nuestro piso, lamentablemente, no es lo suficientemente amplio. Pero hay un hogar cerca, donde viven damas solitarias.
-Un hogar de la caridad, ¿verdad? -le pregunté muy tranquila…
-¿Un hogar de caridad? -objetó, muy molesto. ¡Qué palabras! Ya te digo que es un hogar donde viven auténticas damas. Como tu y Nunu
.

 

Sándor Márai, La herencia de Eszter, trad. Judit Xantus Szarvas (Barcelona, Salamandra, 2000), 13a ed. 2006.