Fragmentos para dominar el silencio

Autora: Alejandra Pizarnik

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I

Las fuerzas del lenguaje son
Las damas solitarias, desoladas,
Que cantan a través de mi voz
Que escucho a lo lejos.

Y lejos, en la negra arena,
Yace una niña densa de música ancestral.
¿Dónde la verdadera muerte?
He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz.
Los ramos se mueren en la memoria.
La yacente anida en mí con su máscara de loba.
La que no pudo más e imploró llamas y ardimos.

II

Cuando a la casa del lenguaje
Se le vuela el tejado y las palabras
No guarecen, yo hablo.
Las damas de rojo se extraviaron
Dentro de sus máscaras aunque regresarán
Para sollozar entre flores.

No es muda la muerte. Escucho
El canto de los enlutados sellar
Las hendiduras del silencio.
Escucho tu dulcísimo llanto
Florecer mi silencio gris.

III

La muerte ha restituido al silencio
Su prestigio hechizante.
Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo.
Aún si el poema (aquí, ahora)
No tiene sentido, no tiene destino.

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HACE APENAS DÍAS

Autor: Hugo Mujica

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Hace apenas días murió mi padre,

hace apenas tanto.

 

Cayó sin peso,

como los párpados al llegar

la noche o una hoja

cuando el viento no arranca, acuna.

 

Hoy no es como otras lluvias

hoy llueve por vez primera

sobre el mármol de su tumba.

 

Bajo cada lluvia

podría ser yo quien yace, ahora lo sé,

ahora que he muerto en otro.

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Eva Luna (fragmento)

Autora: Isabel Allende

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Consuelo no manifestó ninguna emoción. Siguió trabajando como siempre, ignorado las náuseas, la pesadez de las piernas y los puntos de colores que le nublaban la vista, sin mencionar el extraordinario medicamento con que salvó al moribundo. No lo dijo, ni siquiera cuando empezó a crecerle la barriga, ni cuando la llamó el Profesor Jones para administrarle un purgante, convencido de que esa hinchazón se debía a un problema digestivo, ni tampoco lo dijo cuando a su debido tiempo dio a luz. Aguantó los dolores durante trece horas sin dejar de trabajar y cuando ya no pudo más, se encerró en su pieza dispuesta a vivir ese momento a plenitud, como el más importante de su vida. Cepilló su cabello, lo trenzó apretadamente y lo ató con una cinta nueva, se quitó la ropa y se lavó de pies a cabeza, luego puso una sábana limpia en el suelo y sobre ella se colocó en cuclillas, tal como había visto en un libro sobre costumbres de esquimales. Cubierta de sudor, con un trapo en la boca para ahogar sus quejidos, pujó para traer al mundo a esa criatura porfiada que se aferraba a ella. Ya no era joven y no fue tarea fácil, pero la costumbre de fregar pisos a gatas, de acarrear peso por la escalera y de lavar ropa hasta la medianoche, le había dado firmes músculos con los cuales pudo finalmente parir. Primero vio surgir dos pies minúsculos que se movían apenas, como si intentaran dar el primer paso de un arduo camino. Respiró profundamente y con un último gemido sintió que algo se rompía en el centro de su cuerpo y una masa ajea se deslizaba entre sus muslos. Un tremendo alivio la conmovió hasta el alma. Allí estaba yo envuelta en una cuerda azul, que ella separó con cuidado de mi cuello, para ayudarme a vivir. En ese instante se abrió la puerta y entró la cocinera, quien al notar su ausencia adivinó lo que ocurría y acudió a socorrerla. La encontró desnuda conmigo recostada sobre su vientre, todavía unida a ella por un lazo palpitante.
-Mala cosa, es hembra -dijo la improvisada comadrona cuando hubo anudado y cortado el cordón umbilical y me tuvo en sus manos.
-Nació de pie, es signo de buena suerte -sonrió mi madre apenas pudo hablar.
-Parece fuerte y g es gritona. Si usted quiere puedo ser la madrina.
-No he pensado bautizarla -explica Consuelo, pero al ver que la otras se persignaba escandalizada no quiso ofenderla-. Está bien, un poco de agua bendita no le puede hacer mal y quién sabe si hasta sea de algún provecho. Se llamará Eva, para que tenga ganas de vivir.
-¿Qué apellido?
-Ninguno, el apellido no es importante.
-Los humanos necesitan apellido. Sólo los perros pueden andar por allí con el puro nombre.
-Su padre pertenecía a la tribu de los hijos de la luna. Que sea Eva Luna, entonces.

“La Peste” (Fragmentos escogidos)

Autor: Albert Camus

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La ciudad, en sí misma, hay que confesarlo, es fea. Su aspecto es tranquilo y se necesita cierto tiempo para percibir lo que la hace diferente de las otras ciudades comerciales de cualquier latitud. ¿Cómo sugerir, por ejemplo, una ciudad sin palomas, sin árboles y sin jardines, donde no puede haber aleteos ni susurros de hojas, un lugar neutro, en una palabra?. El cambio de estaciones sólo se puede notar en el cielo. La primavera se anuncia únicamente por la calidad del aire o por los cestos de flores que traen a vender los muchachos de los alrededores; una primavera que venden en los mercados.
(…)
Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa.
(…)
La felicidad llegaba a toda marcha, el acontecimiento iba más deprisa que el deseo. Rambert sabía que todo iba a serle devuelto de golpe y que la alegría es una quemadura que no se saborea

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“Aceituneros” (Andaluces de Jaén)

Autor: Miguel Hernández

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Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!”

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

 

De “Viento del pueblo” – 1937

Recogido en Miguel Hernández – Obra Completa I
Ed. Espasa – Clásicos

“Quiero todo esto”

Autor: José Agustìn Goytisolo

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Quiero ser informado de todo lo que ocurre al más alto nivel
Quiero ver a la gente uno por uno
Quiero que me amnistíen por todo lo que pienso hacer de ahora en adelante
Quiero entrar en los cines sin pagar
Quiero que una persona de fiar escoja mis camisas y nunca se equivoque
Quiero un informe sobre el comportamiento sexual de los sexólogos
Quiero que los cocineros no sean obscenos
Quiero que ordenen llevar camisa azul a todos los que en su día la llevaron
Quiero que no me den gato por liebre
Quiero que el socialismo vaya sin más directamente al grano
Quiero aprender inglés en 15 días
Quiero saber con precisión exacta la verdadera forma del Universo
Quiero que los croissants siempre estén calentitos y sabrosos
Quiero misas de culo y en latín
Quiero saber si el papel higiénico de la Real Academia limpia fija y da esplendor
Quiero ser la Madre Abadesa
Quiero que se prohíban los canalones y la plusvalía
Quiero que el Impero Romano no siga decayendo de este modo
Quiero que fichen a la policía
Quiero comer Potitos Bledine
Quiero el control de natalidad con carácter retroactivo
Quiero que se sepa que el Presidente de USA barre para su casa de una manera descarada
Quiero amor
Quiero lanzarme en plancha y rematar marcando el sexto gol al Real Madrid
Quiero que Manolo no se quede calvo
Quiero saber si alguien me está robando los calzoncillos
Quiero entablar un Juicio
Quiero volver a merendar en la terraza con mis primas y tía Catalina
Quiero que me homologuen en Ohio
Quiero que alguien me nombre su Delegado en el Exterior
Quiero que Reus sea puerto de mar
Quiero que me devuelvan la gabardina que me quitaron el 17 de Noviembre de 1949 en el Cine Carretas
Quiero que Dios exista
Quiero que los Catedráticos de Estética no sean tan feos
Quiero ser de derechas
Quiero jugar al mus
Quiero que no menoscaben mi integridad
Quiero tener aparcamiento reservado dondequiera que vaya
Quiero bailar el rock
Quiero que le salga un sarpullido al Santo Padre
Quiero una mantita en la barriga a la hora de la siesta
Quiero que se firmen todos los acuerdos
Quiero destituir a Bing Crosby de un modo fulminante
Quiero fugarme con la morterada
Quiero comer centollo con Julia y con la Ton
Quiero triunfar como una bestia
Quiero que no se me invite otra vez a disolverme pacíficamente
Quiero que emplumen a San Valentín
Quiero que Cataluña llegue hasta el Tirol
Quiero un felpudo igual que el del vecino
Quiero considerar seriamente la posibilidad de que me expulsen de cualquier país
Quiero unas garantías mínimas
Quiero que se suprima la circulación periférica
Quiero que en las cajas de quesitos haya más quesitos
Quiero ir a las Islas Filipinas
Quiero que se eliminen las condiciones objetivas ya que por culpa de ellas todo sale mal
Quiero que no se tiren más a nuestras mujeres
Quiero tirarme a alguien
Quiero controlar el Gasto Público partida por partida
Quiero ser bueno
Quiero que se me paguen daños y perjuicios
Quiero que cada pueblo tenga el gobierno que no se merezca
Quiero que no me avergüencen más en las autopistas
Quiero que no haya clase obrera
Quiero que trasladen las Fallas de Valencia
Quiero que no vuelvan los buenos tiempos
Quiero revolcarme en la alfombra del Hotel des Templaires
Quiero se hábilmente interrogado para cantarlo todo a la primera friega
Quiero sardinas en escabeche y pan tostado con aceite y sal
Quiero ascender por méritos de guerra
Quiero que se me incapacite legalmente para no ser ya nunca responsable de nada
Quiero que no me maten la ilusión
Quiero que no vuelvan a salir goteras en el techo
Quiero que todo el mundo cobre más
Quiero que no se me hinche la barriga
Quiero que me convenzan
Quiero un poco de caridad cristiana
Quiero que todos pasen por el tubo
Quiero un nuevo cepillo de dientes.

Quiero todo esto.
yo no puedo seguir viviendo así:
es una decisión irrevocable.

 

De: “Sobre las circunstancias” – 1983-1990
Recogido en “José Agustín Goytisolo – Obra completa”
Editorial Lumen – 2011©

“Tolerancia”

Autor: César Pavese

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Llueve sin ruido sobre el prado del mar.
Nadie pasa por las sucias calles.
Una mujer sola bajó del tren:
pudieron verse bajo el abrigo las blancas enaguas
y las piernas que se eclipsaron en una puerta oscura.

Se diría que es un pueblo sumergido. El anochecer
gotea, frío, sobre los umbrales y las casas
propagan humo azulado por las sombras. Rojizas,
se encienden las ventanas. Una luz se enciende
tras los postigos entornados de la casa a oscuras.

Al día siguiente hace frío y luce el sol sobre el mar.
Una mujer en enaguas se enjuaga la boca
en la fuente y la espuma es rosada. Sus cabellos
son de un agreste rubio, parejos a las cortezas de naranja
diseminadas por el suelo. Inclinada por la fuente, mira de soslayo
a un pilluelo moreno que la observa, encantado.
En la plaza, mujeres oscuras abren los postigos de par en par
─en la sombra, sus maridos dormitan todavía.

Cuando anochece de nuevo, se reanuda la lluvia
crepitante sobre muchos braseros. Las esposas,
aventando los carbones, echan un vistazo a la casa
a oscuras y a la fuente desierta. La casa
tiene los postigos cerrados, pero dentro hay un lecho,
y en el lecho una rubia que se gana la vida.
Cuanto hay en el pueblo reposa por la noche,
todos, salvo la rubia que se lava por la mañana.

 

De: “Trabajar cansa” – 1931-1940
Traducción de Carles José i Solsora
Recogido en “Cesare Pavese – Poesías Completas”

Momentos estelares de la humanidad.(Fragmento)

Autor: Stefan Zweig

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“Ningún artista es durante las veinticuatro horas de su jornada diaria ininterrumpidamente artista. Todo lo que de esencial, todo lo que de duradero consigue, se da siempre en los pocos y extraordinarios momentos de inspiración. Y lo mismo ocurre con la Historia, a la que admiramos como la poetisa y la narradora más grande de todos los tiempos, pero que en modo alguno es una creadora constante. (…) La mayoría de las veces, en su calidad de cronista se limita a hilvanar, indolente y tenaz, punto por punto, un hecho tras otro en esa inmensa cadena que se extiende a lo largo de miles de años, pues toda crisis necesita un periodo de preparación y todo auténtico acontecimiento, un desarrollo. Los millones de hombres que conforman un pueblo son necesarios para que nazca un solo genio. Igualmente han de transcurrir millones de horas inútiles antes de que se produzca un momento estelar de la humanidad.

 

 

[…]

 

 

Un único “sí”, un único “no”, un “demasiado pronto” o un “demasiado tarde” hacen que ese momento sea irrevocable para cientos de generaciones, determinando la vida de un solo individuo, la de un pueblo entero e incluso el destino de toda la humanidad.

 

 

(…) Aquí he tratado de evocar, a partir de las más variadas épocas y regiones, algunos de esos momentos estelares –los he denominado así, porque, resplandecientes e inalterables como estrellas, brillan sobre la noche de lo efímero–. En ningún caso se ha procurado decolorar o intensificar la verdad de los acontecimientos externos o internos recurriendo a la propia invención, pues en esos instantes sublimes que la Historia configura a la perfección, no es necesario que ninguna mano acuda en su ayuda. Allí donde ella impera como poetisa, como dramaturga, ningún escritor tiene derecho a intentar superarla.”

El deleite del bosque sin senderos

Autor: Lord Byron

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El deleite del bosque sin senderos,
Hay éxtasis en la costa solitaria,
Hay compañía, allí donde nadie se hace presente,
Y al lado del mar profundo hay música en su rugido:
No amo menos al hombre, sino más a la Naturaleza,
A partir de nuestros encuentros, a los que asisto sigiloso,
A partir de todo lo que puedo ser, o haber sido antes,
hoy puedo fundirme con el Universo y sentir
lo que no puedo expresar, aunque me sea imposible ocultarlo.

Imagen al amanecer

Autora: Coral Bracho

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El agua del aspersor cubría la escena
como una niebla,
como una flama blanquísima, dueña
de sí misma, de su brotar cambiante, de su pulso
ritual
y cadencioso.
Un poco más allá y más allá hasta
tocar las rocas. Lienzos de sol
entre la cauda humeante; lluvia de cuarzo; interno
oleaje
silencioso. Un mismo
denso
movimiento lo centra; lo ahonda
en su asombrado corazón. Profundo, colmado
vórtice.
Renace, tenue, su palpitar. Marmóreo y lento
borbollón luminoso.
Un poco más allá, más allá, su tacto límpido
se estremece. Son remanso
las rocas
a su enjambre estelar, a su incesante,
encendida nieve. Por un momento se cubre
con su seda el jardín. Suavemente
los troncos ceden
y van tendiéndose sobre el pasto;
largas sendas oscuras bajo el tamiz
que inunda el amanecer. Cuando su lluvia
se ha expandido hacia el este
pesan menos las sombras
y los troncos se adensan y se levantan.
Vuelve entonces el arco
a resplandecer. Una llama reciente nubla la escena,
un olor de magnolias
y rocas húmedas.

 

Imágen: Magnolia Oleo Pilar Sala: