Aromas

Autor: Baldomero Fernández Moreno

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Cuando regreso a casa no me lavo las manos
si es que he estado contigo un instante no más,
el aroma retengo que tú dejas en ellas
como una joya vaga o una flor ideal.

Por aquí huelo a rosas y por allá a jazmines,
alientos de tus ropas, auras de tu beldad,
aproximo una silla y me siento a la mesa
y sabe a ti y a trigo el bocado de pan.

Y todo el mundo ignora por qué huelo mis manos
o las miro a menudo con tanta suavidad,
o las alzo a la luna bajo las arboledas
como si fueran dignas de hundirse en tu cristal.

Y así hasta media noche cuando vuelvo rendido
pegado a las fachadas y me voy a acostar,
entonces tengo envidia del agua que las lava
y que, con tu perfume, da un suspiro y se va.

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Antonio Pujia. Esculturas

Antonio Pujia. Esculturas
Antonio Pujia. Esculturas
Antonio Pujia. Esculturas
Antonio Pujia. Esculturas
Biografía:
Antonio Pujia.- Nace el 11 de Junio de 1929 en un pueblo del sur de Italia llamado Polia. Sus padres son: Vittorio Pujia y Maria Vallone. Ya en su infancia denota su interés por las formas modelando sus propios juguetes con arcilla que obtenía de las orillas de un arroyo.
En Mayo de 1937 emigra con su su madre y su hermana mayor Carmela hacia la Argentina donde los esperaba Vittorio que había viajado cuando Antonio tenia dos años. Llega a Buenos Aires y comienza sus estudios primarios con cierta dificultad puesto padecía de miopía y nadie se había percatado, su maestro de cuarto grado lo observa y le recomienda a su madre que lo lleve al oculista, usa lentes desde entonces.
También durante su primer grado superior, y por su dificultad con el idioma, comienza a dibujar elementos de la realidad que le llaman poderosamente la atención por la novedad que significaban para el; dibuja un diariero y su maestra lo muestra por toda la escuela llenándolo de orgullo.
Al momento de egresar, su maestro orienta a los alumnos en sus futuros estudios secundarios y le dice que el debería seguir Bellas Artes. Antonio, fascinado por el atrayente nombre de la carrera, le comunica su deseo a sus padres recibiendo una rotunda negativa por parte de su padre que imaginaba mas conveniente para el una carrera de contador. Con la complicidad de su madre consigue anotarse en el examen de ingreso de la Escuela Manuel Belgrano. Ya en el examen se siente un tanto intimidado por que descubre que sus futuros compañeros se han preparado y el no, de todos modos logra aprobar y cursa regularmente la escuela haciéndose notar cada vez mas por sus dotes artísticas y por su gran aplicación al estudio. Durante este período trabaja duramente para costearse los estudios eligiendo siempre trabajos que le permiten agregar conocimientos y practica de taller, relacionado con los materiales usados en la escultura, por ejemplo moldería en yeso, realización de taseles, etc. Así obtiene el titulo de Profesor Nacional de Dibujo en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y el de Profesor de Escultura en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Carcova. Este periodo de estudios abarca desde 1943 hasta 1954 y tiene como profesores a artistas de la talla de Troiano Troiani, Alfredo Bigatti, Alberto Lagos y José Fioravanti, con los cuales también trabaja como ayudante en sus talleres, también trabaja como ayudante en el taller de Rogelio Yrurtia…//
Antonio Pujia. Esculturas
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Antonio Pujia. Esculturas
…//Tiempo después, y a modo de sentido homenaje, bautiza con sus nombres los patios de su propia escuela-taller. Se dedica con creciente intensidad a la creación y a la docencia ejerciendo la titularidad de las cátedras de Escultura en las escuelas Pueyrredón y Belgrano y también enseña en su escuela -taller entre 1970 y 1975.
En 1956 el entonces Director Técnico del Teatro Colón, Hector Basaldua, decide dotar al Teatro de un taller de escultura escenográfica para lo cual organiza un concurso, el cual es ganado por Antonio Pujia; quien se desempeña como jefe del mismo hasta 1970. De este periodo proviene su fascinación por la música y la danza, dos de sus temas predilectos. Asiste regularmente a las clases de los bailarines y se dedica a tomar infinidad de apuntes en carbonilla sobre papel. Así, forja una intensa amistad con José Neglia y Norma Fontela, primeras figuras del Ballet estable del Teatro y tantos otros bailarines del cuerpo de baile. En 1966 realiza el retrato de Norma Fontela que hoy se exhibe en el foyer del teatro.
En 1959 Gana su primer premio de importancia: el Gran Premio del Salón Municipal Manuel Belgrano. Esta distinción lo empuja a profundizar su compromiso con el arte. Esto iniciaría una seguidilla de premios crecientes en importancia y ganados a una edad poco usual, puesto que los mismos se daban, por lo general a artistas de mayor edad y trayectoria. En 1960 gana el Gran Premio de honor del Salón Nacional de Artes Plásticas a la edad de 30 años.
En 1961 gana la Bienal Alberto Lagos y en 1964 el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes “Augusto Palanza”, completando de este modo la posesión de los premios mas importantes del país. Estas destacadas distinciones confirman la elección de Pujia y lo comprometen cada vez mas profundamente en su compromiso con el arte.
En 1965, motivado por esta secuencia de premios, decide realizar su primer muestra individual en la histórica galería Witcomb, una de las primeras galerías de Bs.As. la cual había albergado muestras de los mas importantes artistas del país y del extranjero. Esta muestra marca un hito en su carrera, pues, además de ser un veredero suceso de publico y ventas, fue una muestra donde expuso una gran cantidad de obras fundidas en bronce, cosa que hasta entonces no había podido hacer. Por otro lado, la apuesta fue grande, la muestra fue costeada integramente con sus ahorros; tónica esta, que continuara durante toda su vida como única forma de mantener independencia e integridad con respecto a lo que desea expresar.
Ya completamente definido y animado por el gran éxito de su primer muestra individual se embarca en una producción ininterrumpida (sin dejar su tarea docente ni el taller del Colón) que desemboca en su segundo gran éxito: Biafra. En el año 1970 y profundamente dolorido por el notable impacto que le producen las imágenes de la prensa sobre la desvastación de un nuevo país en el continente Africano, produce lo que seria su primer gran compromiso social. La exposición descarnada de la destrucción del hombre por el hombre. Esta exposición, inaugurada el 23/7/71 en la Galería Esmeralda provoca los mas grandes elogios por parte de la prensa especializada y del publico asistente.
Años después, en el 2000, las mismas esculturas expuestas en el Museo E. Sivori, provocarian sensaciones análogas a aquella época. Es tan grande la importancia que Pujia confiere a esta serie de esculturas que, aún en día, la serie completa y original es parte de su colección privada. En situación análoga a esta se encuentra su famosa serie Martín Fierro producto de los años 72/73 en los cuales vuelve a reflejar la miseria de la destrucción junto a su pasión por la tierra que lo recibió y albergo la Argentina. En la exposición del 75 en el prestigioso Hall del Teatro Municipal Gral. San Martín, el publico se encontró con una de las mas intensas series de esculturas que se hubiesen visto hasta entonces. El suceso es de tal magnitud, que Pujia decide incorporar la muestra, integra, a su colección…//
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…//El profundo sufrimiento que le provoca la producción de estas dos series, lo moviliza hacia el otro extremo de su rica personalidad; así es que, en 1977 en la Galería Imagen, expone una recordada serie de esculturas que se alejan sensiblemente de la temática dominate de aquellos años. Mujeres desnudas, parejas de amantes, erotismo, plantas, la serenidad, se expresan en obras como “Adagio” (retrato de su mujer embarazada) o “Amarnos con pasión” ponen en relieve la preocupación del artista en mostrar, con la misma intensidad y pasión, las diferentes posibilidades que anidan en el seno de los seres humanos; el amor y el odio, la construcción y la destrucción, la apatía y la pasión; Tanathos y Eros en eterna lucha.
En el año l976 y aproximadamente durante un año, vive y trabaja en España, en el Escorial, y durante ese periodo y ya de regreso en Bs.As hasta el 79 elabora la temática relativa a los años de plomo con la dictadura impuesta en Argentina. Una pieza de tamaño natural, “Libertad Amordazada” y la serie de esculturas mutables, que también dan cuenta de lo que es encarcelado, por ejemplo “El espejo del alma”, mas otras donde la expresión esta puesta en lo que es encerrado, lo que permanece oculto detrás de las cubiertas siniestras que oprimen. En l98O se conmemora la 2da. Fundación de Buenos Aires y se le encarga la creación de una medalla conmemorativa, que se acuña en Italia, y se regalan 250.000 como insert con la Revista “Siete Días”. Hasta el 82 se extiende el periodo de piezas con la temática de la dictadura, y con el viaje del 83 comienza a producirse un acercamiento a la obra de Amedeo Modigliani, teniendo como punto de partida el oleo “Le grand nu”. Esta serie es un homenaje al pintor,a la belleza, a la serenidad, como contrapartida de la serie anterior. A continuación de esta serie, y luego de este viaje, surge la certeza de que sus raíces están definitivamente en este país en el cual habita, vive, trabaja y ama, desde que llego a los 8 años. En algún momento, la fantasía era pertenecer a ambos, y repartir la vida entre Italia y Argentina, pero redescubre su ciudad, donde esta su familia, su taller, sus alumnos, sus amigos, y esto se traduce en otra serie temática: “Canto de amor a Buenos Aires”. Forma parte de este homenaje el acuñado de una serie de medallas con temas y poemas acerca de la Ciudad, que acompañan la edición de un libro. También en ese año, con el advenimiento de la democracia, crea por encargo, una medalla conmemorativa de la asunción a la Presidencia del Dr. Alfonsín…//
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…//Hace una importante ampliación a su taller consiguiendo un espacio y luminosidad muy importantes y su sentimiento se vuelca a desarrollar la parte mas bella de la vida: las parejas que se aman, este momento coincide con la etapa en que sus hijos están en pareja, y son el testimonio de la eterna continuidad de la vida siendo, ocasionalmente, modelos para sus obras. Realiza la exposición titulada”En-amor -a dos”, que muestra esta serie. A continuación, y con esa misma dirección aparecen las familias, que incluyen los nietos del artista, y forman el núcleo de las familias felices. Posteriormente la debacle económica en que se sumerge el país opone a estas familias las que quedan marginadas de toda inserción social por la desocupación y la indiferencia social. Esta serie la realiza a partir del cuadro de Ernesto de la Cárcova “Sin pan y sin trabajo”; el material que emplea para expresarse, es la cera directa pigmentada. Luego de un tiempo retoma la temática de las parejas y las familias combinando diversos materiales, madera, o mármol con bronce.
Luego de las dos muestras del año 2.000 (Museo Eduardo Sivori y Galería Principium) Pujia decide homenajear (durante el 2003) al Maestro Rogelio Yrurtia del cual fuera ayudante en su juventud y de quien conserva valiosas vivencias y un gran agradecimiento por su ejemplo como creador y pedagogo. Reune entonces parte de sus obras que abarcan el periodo desde l96O hasta 2000, realizando esta muestra en la Casa Museo Rogelio Irurtia que el Maestro donara, con la totalidad de su obra y sus pertenencias, al país. A partir de mediados de 2004 suspende cursos y su participación en Muestras Colectivas o Ferias de Arte, para comenzar un HOMENAJE A LA MUJER al cual dedica todo su tiempo creativo. Dibuja con modelo vivo en su taller, y a partir de esa idea y un numero importante de bocetos, va definiendo y construyendo una serie de piezas ensamblando, bronce fundido a la cera perdida, mármol de carrara, mármol belga, ébano con diversos baños de plata y oro.
Hasta el momento, continua esa misma serie.
Antonio Pujia. Esculturas
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Agradecemos el presente material a: http://cristinafaleroni.blogspot.com.uy/

En busca de Don Quijote de La Mancha

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Molinos de viento en Consuegra © Turespaña

En esta ruta descubriremos una de las zonas de España más famosas gracias a la literatura: La Mancha. Se sitúa cerca de la ciudad de Toledo y es el escenario de las aventuras de Don Quijote, personaje al que dio vida Miguel de Cervantes. A lo largo del viaje, contemplaremos extensas llanuras y pequeñas sierras donde se sitúan uno de los símbolos de esta tierra: los molinos de viento manchegos.

Que ver en esta ruta?

Tembleque

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(Plaza Mayor de Tembleque)

Tembleque espera a unos 60 kilómetros de la ciudad de Toledo. Este típico pueblo de La Mancha está declarado Bien de Interés Cultural por su singular Plaza Mayor.

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(Casa de las Torres, Tembleque)

Su Plaza Mayor es una singular muestra de arquitectura castellana, que sigue el esquema de los antiguos corrales de comedias. De planta cuadrada, está porticada con columnas de granito en los lados norte, sur y este. Por encima, dos plantas con corredores sostenidos por pilares de madera, fachadas encaladas y los antepechos de las barandillas decorados con la cruz de San Juan. La plaza está concebida para ser escenario de espectáculos taurinos y festivos, de ahí la particular disposición de las galerías y el torreón para las autoridades. Bajo sus soportales hay numerosos locales donde poder comer o tomar un tentempié tranquilamente. En ella también se encuentra el edificio barroco del Ayuntamiento, del siglo XVII.

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En Tembleque hay otros sitios dignos de visita como, por ejemplo, la Plaza de la Orden, que se comunica con la Plaza Mayor a través de un pasadizo; la Casa de las Torres, una mansión barroca del siglo XVIII; o la Casa de Postas, situada a las afueras. En los alrededores, a unos 15 kilómetros, se ubica la Ermita del Cristo del Valle, donde se celebran dos romerías al año, una en mayo y otra en septiembre.

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(Ermita del Cristo del Valle, Tembleque)

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El cerro Calderico y sus doce molinos

Molinos de viento como éstos de Consuegra son los que inspiraron a Miguel de Cervantes el famoso episodio de la lucha con los gigantes de su “Don Quijote de la Mancha”.

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El cerro Calderico es una crestería rocosa que se alza por encima de la llanura manchega. Allí se encuentra el castillo de la Muela o de Consuegra, de origen musulmán, pero modificado y ampliado durante el siglo XII por la Orden de San Juan de Jerusalén. Consta de tres recintos defensivos y se ha restaurado en las últimas décadas.

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Pero este cerro es conocido sobre todo porque alberga doce de los trece molinos de viento tradicionales que tuvo, todos ellos bautizados con nombres extraídos de la inmortal obra del Quijote. Cuatro de ellos conservan en buen estado la maquinaria. Destaca el Molino Sancho, del siglo XVI, escenario de la Fiesta de la Rosa del Azafrán de Consuegra.

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Las venas abiertas de América Latina (fragmento)

Autor: Eduardo Galeano

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Túpac Amaru —¿Quiénes nos han puesto en este estado de morir tan deplorable? ¿Quiénes se chupan nuestra sangre y comen de nuestro sudor? ¡Nos tratan como a perros, nos sacan el pellejo! ¡Cortemos de una vez el mal gobierno de tanto ladrón zángano que nos roba la miel de nuestros panales! ¡Hermano: el patrón ya no comerá más de tu pobreza!

En 1780, se levantó contra todo este sistema de muerte y esclavitud, José Gabriel Condorcanqui, Tupaj Amaru, que sublevó a los indígenas desde el valle del Cusco, se sublevó junto a miles de esclavos que servían en las haciendas y en los obrajes. Era una espalda y otra espalda, y todas llenas de cicatrices. Por traición, Tupac Amaru cayó en manos de los españoles. Lo llevaron a la plaza del Cusco, le cortaron la lengua, lo amarraron de pies y manos a las cinchas de cuatro caballos.

PREGONERO —¡Se prohíbe a los indios usar sus vestidos tradicionales!… ¡Se prohíben todas las pinturas de los incas!…

Los caballos corren hacia las cuatro esquinas de la plaza. Y tiran y tiran, pero no rompen el cuerpo del indio. No pueden.

PREGONERO —¡Se prohíbe a los indios celebrar sus fiestas! ¡Se prohíbe hablar en lengua quechua! ¡Se prohíbe el sonido del pututu!

Las espuelas de los jinetes desgarran los vientres de los caballos en un gran esfuerzo. Pero no pueden, no pueden romper su cuerpo. Tupaj Amaru no se parte, no se parte nunca.

PREGONERO —¡Se ordena a los indios vestirse según la costumbre española! ¡Se ordena a las indias peinarse según la costumbre española! ¡Se ordena a los indios hablar la lengua española!

Por fin, cuando el sol se oculta por no mirarlo, cortan el cuerpo del indio en pedazos y lo degüellan como hace dos siglos a Atahualpa, su antepasado.

PREGONERO —¡Se ordena que no quede semilla de este maldito nombre de Tupaj Amaru!!

Así murió el padre de los pobres, Tupaj Amaru, por querer ver a sus hermanos indios libres de la esclavitud.

COMPADRE —Y como él, tantos otros en tantos lugares de América Latina.
VECINA —De los muertos que mataron no nos dicen nada. Y de los que murieron peleando, todavía menos.
COMPADRE —Pero los nietos de los muertos y los nietos de los que murieron peleando, están entre nosotros. 50 de cada 100 ecuatorianos, 50 de cada 100 peruanos, 60 de cada 100 bolivianos, 70 de cada 100 guatemaltecos, son indios. Son los sobrevivientes de nuestros antepasados de América. Aún son esclavos en sus tierras. Pero ya se quitaron la máscara del susto. Y con su verdadero rostro rechazan ese «encuentro de culturas», que nunca existió.

Hora tras hora, día tras día

Autora: Rosalía de Castro

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Hora tras hora, día tras día,
Entre el cielo y la tierra que quedan
Eternos vigías,
Como torrente que se despeña
Pasa la vida.

Devolvedle a la flor su perfume
Después de marchita;
De las ondas que besan la playa
Y que una tras otra besándola expiran
Recoged los rumores, las quejas,
Y en planchas de bronce grabad su armonía.

Tiempos que fueron, llantos y risas,
Negros tormentos, dulces mentiras,
¡Ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
En dónde, alma mía?

La Muerte de Artemio Cruz (fragmento)

Autor: Carlos Fuentes

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Yo sé que me atraviesan la piel del antebrazo con esa aguja; grito antes de sentir dolor alguno; el anuncio de ese dolor viaja a mi cerebro antes de que la piel lo sienta… ah… a prevenirme del dolor que sentiré… a ponerme en guardia para que me dé cuenta… para que sienta el dolor con más fuerza… porque… darse cuenta… debilita… me convierte en víctima… cuando me doy cuenta… de las fuerzas que no me consultarán… no me tomarán en cuenta… ya: los órganos del dolor… más lentos… vencen a los de mi reflejo… dolor que ya no es… el de la inyección… sino el mismo… yo sé… que me tocan el vientre… con cuidado… el vientre abultado… pastoso… azul… lo tocan… no lo aguanto… lo tocan… con esa mano enjabonada… ese rastrillo que me afeita el vientre, el pubis… no lo aguanto… grito… debo gritar… me sujetan… los brazos… los hombros… grito que me dejen… me dejen morir en paz… no me toquen… no tolero que me toquen… ese estómago inflamado… sensitivo… como un ojo llagado… no tolero… no sé… me detienen… me apoyan… no se mueven mis intestinos… no se mueven, ahora lo siento, ahora lo sé… los gases abultan, no salen, paralizan… no fluyen esos líquidos que debían fluir, ya no fluyen… me hinchan… lo sé… no tengo temperatura… lo sé… no sé para dónde moverme, a quién pedir auxilio, dirección, para levantarme y andar… pujo… pujo… no llega la sangre… sé que no llega a donde debía llegar… debía salirme por la boca… por el ano… no sale… no saben… adivinan… me palpan… palpan mi corazón acelerado… tocan mi muñeca sin pulso… me doblo… me doblo en dos… me toman de los sobacos… me duermo… me recuestan… me doblo… me duermo… les digo… debo decirles antes de dormirme… les digo… no sé quiénes son… “Cruzamos el río… a caballo”… huelo mi propio aliento… fétido… me recuestan… se abre la puerta… se abren las ventanas… corro… me empujan… veo el cielo… veo las luces borradas que pasan frente a mi vista… toco… huelo… veo… gusto… oigo… me llevan… paso junto… junto… por un corredor… decorado… me llevan… paso junto tocando, oliendo, gustando, viendo, oliendo las tallas suntuosas —las taraceas opulentas— las molduras de yeso y oro— las cajoneras de hueso y carey —las chapas y aldabas— los cofres con cuarterones y bocallaves de hierro —los olorosos escaños de ayacahuite— las sillerías de coro —los copetes y faldones barrocos— los respaldos combados— los travesaños torneados —los mascarones policromos— los tachones de bronce— los cueros labrados —las patas cabriolas de garra y bola— los sillones de damasco —las casullas de hilo de plata— los sofás de terciopelo— las mesas de refectorio— los cilindros y las ánforas— los tableros biselados —las camas de baldaquín y lienzo— los postes estriados —los escudos y las orlas— los tapetes de merino —las llaves de fierro —los óleos cuarteados —las sedas y las cachemiras— las lanas y las tafetas —los cristales y los candiles— las vajillas pintadas a mano —las vigas calurosas— eso no lo tocarán… eso no será suyo… los párpados… hay que abrir los párpados… que abran las ventanas… ruedo… las manos grandes… los pies enormes… duermo… las luces que pasan frente a mis párpados abiertos… las luces del cielo… abran las estrellas… no sé…

El infierno musical

Autora: Alejandra Pizarnik

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Golpean con soles

Nada se acopla con nada aquí

Y de tanto animal muerto en el cementerio de
huesos filosos de mi memoria

Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a hurgar
entre mis piernas

La cantidad de fragmentos me desgarra

Impuro diálogo

Un proyectarse desesperado de la materia verbal

Liberada a sí misma

Naufragando en sí misma

El infierno musical (1971)

Lo escrito se lo lleva el viento

Autor: André Breton

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El raso de las páginas de los libros que se hojean modela una mujer tan hermosa
Que cuando no se lee se contempla esa mujer con tristeza
Sin osar hablarle sin osar decirle que es tan hermosa
Que cuando uno está por saber no tiene precio
Esa mujer pasa imperceptiblemente entre un murmullo de flores
A veces se da vuelta en las temporadas impresas
Para preguntar la hora o mejor quizás finge contemplar atentamente las joyas
De un modo insólito en criaturas humanas
Y el mundo muere una ruptura se produce en los anillos de aire
Una herida a nivel corazón
Los diarios matutinos traen cantantes cuyas voces tienen el color de la arena en orillas tiernas y peligrosas
Y a veces los vespertinos dejan paso libre a cumplidas muchachitas que conducen fieras encadenadas
Pero lo mejor está en el intervalo de ciertas letras
Donde manos más blancas que el cuerno de las estrellas a mediodía
Saquean un nido de golondrinas blancas
A fin de que llueva para siempre
Tan bajo tan bajo que las alas no puedan entremezclarse
Manos por las que se asciende hasta brazos tan leves que el vapor de los prados en sus graciosas volutas sobre las charcas es un espejo imperfecto
Brazos que sólo se articulan al peligro excepcional de un cuerpo creado para el amor
Cuyo vientre llama a los suspiros desprendidos de las zarzas llenas de velos
Y que sólo tiene de terrestre la inmensa verdad de hielo de los trineos de miradas sobre la extensión absolutamente blanca
De lo que no veré nunca más
A causa de una venda maravillosa
Que es la que utilizo al jugar al gallo ciego de las heridas.

Líneas que pude haber escrito y perdido hacia 1922

Autor: Jorge Luis Borges

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Silenciosas batallas del ocaso
en arrabales últimos,
siempre antiguas derrotas de una guerra del cielo,
albas ruinosas que nos llegan
desde el fondo desierto del espacio
como desde el fondo del tiempo,
negros jardines de la lluvia, una esfinge de un libro
que yo tenía miedo de abrir
y cuya imagen vuelve en los sueños
la corrupción y el eco que seremos,
la luna sobre el mármol,
árboles que se elevan y perduran
como divinidades tranquilas,
la mutua noche y la esperada tarde,
Walt Whitman, cuyo nombre es el universo,
la espada valerosa de un rey
en el silencioso lecho de un río,
los sajones, lo árabes y los godos
que, sin saberlo, me engendraron,
¿soy yo esas cosas y las otras
o son llaves secretas y arduas álgebras
de lo que no sabremos nunca?

Fervor de Buenos Aires (1923)

Oscar Niemeyer, el arquitecto que amaba las nubes

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Congreso Nacional, Brasilia. © José Manuel Ballester

Niemeyer representa la plenitud de la esperanza, y su arquitectura logra una conjunción de utilidad, verdad y belleza que tomó cuerpo en candorosas formas de escala heroica. Su obra, de fusión, y el modo en que acometió su vida, larga y fértil, se adelantaron a su tiempo y apostaron por un mundo justo y en paz, más mixto que global, forjado por seres humanos cabales, cultos, mestizos, libres, honestos, centenarios, activos y sabios, dispuestos a desterrar la ignorancia propia y la miseria en los demás.

Oscar Ribeiro de Almeida de Niemeyer Soares se sentía un “mestizo típicamente brasileño” por el origen diverso de sus apellidos. Había nacido en Río de Janeiro en 1907 en el seno de una familia católica acomodada, y presumía de ser latinoamericano y de contar con un abuelo, el materno, honrado. Antonio Augusto Ribeiro de Almeida había sido Fiscal General y Ministro de la Corte Suprema Federal, pese a lo cual “murió pobre”, repetía orgulloso. Este dato y el deseo de alcanzar una sociedad igualitaria en su país encauzaron el ingreso de Niemeyer en el Partido Comunista brasileño en 1945, y subyacen en la raíz de un éxito profesional teñido de sensibilidad política hacia los problemas humanos. Oscar Niemeyer encarnará para siempre Brasil, y también Latinoamérica. A ella dedicó el Memorial de América Latina (1986-1993) que edificó en São Paulo, bajo el doble emblema del Parlamento Latino y de la Mão, la escultura monumental de una gran mano que sangra herida con la forma del cono sur americano.

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(Iglesia de San Francisco (1943) – Arquitecto: Oscar Niemeyer – Ciudad: Belo Horizonte (Minas Gerais)
País: Brasil, América)

Durante su carrera, Niemeyer consiguió que el poder político se aliara con la mejor arquitectura. Sólo así logró levantar la capital del país, Brasilia (1957-1960), y ser reconocido con las honras fúnebres de un héroe nacional en la sede del ejecutivo del Palacio de Planalto (1958), que él mismo había proyectado junto al Congreso (1958), la Catedral Metropolitana (1958), el Palacio de Itamaraty (1962) y otras piezas maestras. Brasilia surgió en 1940 del encuentro de Niemeyer con Juscelino Kubitschek, presidente de Brasil en 1953, cuando fue reclamado por el político, entonces gobernador de Minas Gerais, para que proyectara un casino en Belo Horizonte y, siendo alcalde, el conjunto deportivo del lago de Pampulha, que completó con el Club de Yates, la Casa de Baile y la idílica iglesia de San Francisco de Asís.

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(Catedral de Brasilia (1960) – Arquitecto: Oscar Niemeyer – Ciudad: Brasilia (Distrito Federal)
País: Brasil, América)

 

Niemeyer encontró en la conversación uno de los alicientes de su vida, y un estímulo para la amistad. Tuvo por amigos a personalidades tan significativas como él mismo. Entre ellos, el propio presidente Juscelino Kubitschek, también Lula da Silva y Fidel Castro, el poeta Pablo Neruda, el músico Vinicius de Moraes y el arquitecto francésLúcio Costa, autor del Plan Piloto de Brasilia y su profesor en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde obtuvo el título de ingeniero arquitecto a los 27 años con el primer número de su promoción. El estímulo del profesor Costa resultó decisivo en la carrera de éxitos que inició el joven Oscar en el estudio que Costa compartía con Carlos Leão. Con él aprendió a valorar la arquitectura tradicional y el Movimiento Moderno, y a su lado tendría ocasión de participar con elPabellón de Brasil en la Feria Internacional de Nueva York de 1939 y de compartir con Le Corbusier el encargo a Costa del Ministerio de Educación y Salud (1936-1943) de Río y, años después, el proyecto para la sede de la ONU(1947-1952) en Manhattan.

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(Museo de Arte Contemporaneo (1996) – Arquitecto: Oscar Niemeyer – ciudad: Niteroi (Río de Janeiro)
País: Brasil, América)

 

El longevo arquitecto conservó hasta el final la mirada tierna y vigilante que brilla en el rostro ávido y franco de los niños. A los más pequeños dedicó muchas veces sus palabras de estímulo hacia la lectura y las razones del dibujo, porque libros y bocetos fueron las armas que sumó a su confesado interés por las ideas, el paisaje, las mujeres, la poesía, la música, el teatro, la samba, la filosofía, la cosmología, los puros o el futbol. Con estas herramientas creó los escenarios urbanos de imagen despojada y futurista de Brasilia, que trasladó sin artificios a varias obras del norte de África. Brasilia, laFeria Internacional de Trípoli (1962) en Libia, el proyecto para el centro urbano de Argel (1968) y las obras de launiversidad de Constantina (1969-1976), ambas en Argelia, anticiparon, a mediados del siglo XX, la estampa de progreso que han comenzado a disfrutar los países emergentes del planeta en la primera década del XXI.

Niemeyer, Teatro Popular en Niterói, Río de Janeiro. © José Manuel Ballester

Teatro Popular en Niterói, Río de Janeiro. © José Manuel Ballester

Vivió para comprobar en 2010 el despertar de la Primavera Árabe y los fastos que celebraron en todo el mundo el cincuenta aniversario de Brasilia. Conoció el impulso benefactor de Lula da Silva en la incipiente atención a los meninos da rua y la vida en las favelas, y su empeño en conseguir para Brasil la ubicación de la próxima Copa de la FIFA en 2014 y de los Juegos Olímpicos de 2016 en Río de Janeiro. Ambos eventos reportaron al estudio del emblemático arquitecto la propuesta de un proyecto para un estadio en Bahía y la consolidación del conjunto arquitectónico del Caminho Niemeyer (1999-2010). Situado en Niterói, el Caminho ofrece sobre la bahía de Guanabara el mejor alzado de la capital carioca desde el recorrido que une el Museo MAC de Arte Contemporáneo (1991-1996) con el poético Teatro Popular(1999-2006), obras magistrales de la última etapa del maestro.

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(Le Havre Cultural Center (1972) – Arquitecto: Oscar Niemeyer – Ciudad: Le Havre (Normandía)
País: Francia, Europa)

 

Asistió también al ascenso de Brasil a la categoría de sexta potencia económica del mundo en 2011, bajo la presidencia de Dilma Rousseff, destacada opositora al golpe de estado de 1964 que costó a Niemeyer la renuncia a la dirección de la Escuela de Arquitectura de Brasilia y el exilio en Francia durante algo más de una década completa, hasta la amnistía de 1976. Esta penosa circunstancia consolidó, sin embargo, la fama internacional de su firma. Abrió estudio en París y, sin cesar su actividad edificatoria en Brasil, realizó en Europa varias de sus mejores obras. Entre otras, la sede del partido comunista francés en París (1965), el complejo para la editorial Mondadori (1968) en Milán, el Centro Cultural Volcán en Le Havre (1972) y posteriormente las oficinas del periódico L’Humanité (1987) en París.

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(Centro Administrativo Minas Gerais (2003) – Arquitecto: Oscar Niemeyer – Ciudad: Belo Horizonte (Minas Gerais) – País: Brasil, América)

 

 

El ingreso de Brasilia en la lista de Patrimonio de la Humanidad en 1987 y la concesión del premio Pritzker en 1988 renovaron, cumplidos los 80 años, el prestigio de Niemeyer en todo el planeta con un cúmulo de premios, exposiciones y proyectos que, unidos a los recibidos en la conmemoración de su centenario en 2007, mantuvieron la actividad profesional del anciano arquitecto hasta los últimos días de su vida. España contribuyó con el premio Príncipe de Asturias de las Artes (1989), que Niemeyer agradeció regalando al Principado el proyecto del Centro Cultural de Avilés(2006 -2010), y, más tarde, con la entrega de la Medalla de las Artes y las Letras (2010). Culminó su carrera con la creación de la Fundação Niemeyer y la construcción del Museo Oscar Niemeyer (2002) de Curitiba, en Paraná, trazado sobre un podio con la expresiva silueta de un gran ojo, el emblema de la mirada sensible del arquitecto.

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(Auditorio de Ibirapuera (2005) – Arquitecto: Oscar Niemeyer – Ciudad: São Paulo (São Paulo)
País: Brasil, América)

 

La percepción de lo inestable

Si el paraíso de los genios está en el cielo, allí estará Oscar Niemeyer, el arquitecto que amaba las nubes, la vida y la justicia. El maestro brasileño veía en la bóveda celeste el lienzo sobre el que dibuja, retratos y formas efímeras, el vapor de agua. “Disfruto tratando de descifrarlas como si buscara un presagio largamente esperado”, explicaba en el libro As Curvas do Tempo (1998), las memorias que publicó a los 91 años de edad, al recordar los interminables traslados en automóvil que realizó desde Río de Janeiro a Brasilia durante la construcción, entre 1958 y 1960, de la capital brasileña, una obra crucial en la historia del país y decisiva en la extensa carrera profesional de Niemeyer, que superó las seiscientas en ocho décadas de trabajo.

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(Capilla Virgen de Fátima (1958) – Arquitecto: Oscar Niemeyer – Ciudad: Brasilia (Distrito Federal)
País: Brasil, América)

 

La sensación de pérdida que sigue a la evolución del humo de las nubes, y la percepción de lo inestable y de lo precario, de la muerte según su testimonio, habitaban melancólicamente en el alma sobria del maestro carioca, que contagió de soledad la desmesura inabarcable de las plazas públicas que proyectó. Descomunales y vacías, tan solo punteadas por escasas esculturas, las plazas desoladas de Oscar Niemeyer esperan ser, por voluntad de su autor, la plataforma de los desahuciados y el recinto público que compense con espacios fastuosos la pobreza de las favelas y demás infortunios humanos. La arquitectura fue para el maestro Niemeyer una herramienta social frente a la injusticia.

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(Edificio Copan (1951) – Arquitecto: Oscar Niemeyer – Ciudad: Sao Paulo (Sao Paulo)
País: Brasil, América)

 

La ilusión de Niemeyer en procurar alguna felicidad efímera para los que nada tienen, es la misma que sostiene al Carnaval en los desfiles del sambódromo carioca, que construyó en 1984 en Río de Janeiro. La fantasía era la base de las formas libres de su arquitectura, según el propio maestro. Aficionado él mismo a la samba, el paso de los sambistas se reconoce en el recinto interior del Palacio de la Industria de São Paulo, aparentemente danzante al ritmo de las barandillas cimbreadas que delimitan su espacio. Este pabellón, trazado con el estilo del racionalismo curvilíneo que caracterizó la arquitectura heterodoxa de Niemeyer en la década de los 50 del siglo pasado, acoge la Bienal de São Paulo y forma parte del conjunto edificado del parque de Ibirapuera (1951-1955), con la Oca y un tardío auditorio (2006) que muestra por marquesina, sobre el portal de entrada, el ambiguo icono de una alfombra roja voladora.

Niemeyer, Pabellón de la Industria. Parque de Ibirapuera, São Paulo. © José Manuel Ballester

Pabellón de la Industria. Parque de Ibirapuera, São Paulo. © José Manuel Ballester

Se dice que Oscar Niemeyer ha sido el poeta de la forma, y así fue si la poesía consiste en el arte de lo esencial y de lo contradictorio. La obra que deja es a la vez lírica y tajante, inasequible y evidente, racional y brutalista, monumental y etérea, y provoca un sentimiento intenso de ternura y belleza inalcanzable, que emana de la sabiduría en la expresión de los significados y del contraste directo entre los tamaños colosales y las escalas menudas. Al maestro, dotado de breve envergadura corporal, le atraían las dimensiones gigantescas y creó con ellas dos obras excepcionales. El Edificio Copan (1951 -1961), una megaestructura sinuosa que ocupa en la urbe de São Paulo la planta más extensa del planeta en un edificio residencial, y la Casa do Governo Mineiro (2003) de Minas Gerais, que le permitió cumplir el sueño de levantar el edificio colgado más grande del mundo.

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(Museo Oscar Niemeyer (2002) – Arquitecto: Oscar Niemeyer – Ciudad: Curitiba (Paraná)
País: Brasil, América)

 

La poética saudade de Niemeyer procedía de la nostalgia del que teme perder la mirada porque se complace en la fiesta de vivir. La arquitectura fue, en consecuencia también para el maestro, un placentero remedo de los engranajes de la existencia en el planeta. Un juego visual, sometido a la perspectiva del ojo humano, que permite ordenar las masas y los espacios con las leyes del contrapunto y de la escala. Las mismas reglas que rigen la naturaleza desbordante de los formidables paisajes desmembrados de la costa de Río de Janeiro, hechos de agua, de nubes y de morros. En las formas abstractas de esos montículos de su tierra natal, torneados por el mar con la arrogancia del Pan de Azúcar, Niemeyer distinguía las siluetas curvilíneas de hermosas mujeres a medio sumergir, casas y ciudades.

Niemeyer, Casa das Canoas, Río de Janeiro. © José Manuel Ballester

Casa das Canoas, Río de Janeiro. © José Manuel Ballester

Tenía su atalaya en el ático del Edificio Ypiranga, en la avenida Atlántica de Río de Janeiro, donde instaló su último estudio entre el cielo y el mar. Desde la galería de amplios ventanales escrutaba el océano que baña la playa de Copacabana hasta las aceras serpenteantes ideadas por su amigo Roberto Burle Marx al ritmo de las olas. Apreciaba el fluir de las curvas porque, insistía, “las curvas forman el Universo entero, el Universo curvo de Einstein”. Las veía en movimiento ondulando su arquitectura, traducidas del mar, de los meandros de los ríos y del cuerpo femenino. Él mismo las trazaba en el aire desde niño con el dedo, y de adulto, de pie y a brazo, con línea gruesa sobre papeles instalados en tableros verticales, para representar los escenarios ideados previamente en su cabeza, que imaginaba convertidos en materia real de arquitectura con la mediación de las cualidades plásticas del dúctil hormigón.

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(Congreso Nacional de Brasilia (1960) – Arquitecto: Oscar Niemeyer – Ciudad: Brasilia (Distrito Federal)
País: Brasil, América)

 

Descubrió la arquitectura del paisaje, y protagonizaron su obra el cielo, la tierra y el agua. Inventó marquesinas y techos recortados con la silueta de las nubes para mostrar la bóveda celeste a intervalos, y los construyó en la Casa das Canoas (1952), una obra esencial que habitó en Río de Janeiro con su familia. Separó del suelo las entradas para subirlas al cielo y formó, hasta ellas, escaleras de caracol y rampas ascendentes que pasean en el aire formando bucles inéditos en elMuseo MAC. Enterró accesos en la Catedral Metropolitana de Nuestra Señora Aparecida (1958) de Brasilia, para acceder a la luz celestial desde la oscuridad pecaminosa de la tierra. Ideó nuevas configuraciones para la columna y para el arco en los esquemáticos palacios de Brasilia, donde inventó huecos con texturas y alcanzó la escala ciclópea con el tratamiento brutalista de los materiales. Compuso estructuras sobre plataformas urbanas, al modo de los bodegones de los pintores, en Niterói y Avilés, y forjó símbolos solemnes con megalitos, obeliscos, dólmenes, cajas, huevos, bultos, tenderetes, abanicos, caracoles, copas, cuencos, manos, hoces y rastrillos, que guardarán la memoria de Oscar Niemeyer, el último de los progenitores de la arquitectura moderna.

Mercedes PELÁEZ

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