Las comedias y tragedias que escribió para su compañía teatral lo hicieron célebre en su época y aún más para la posteridad, pero su vida está llena de incógnitas, como su posible catolicismo.

Isabel I de Inglaterra

Camafeo de oro, diamantes y rubíes. 1595. Museo Victoria y Alberto, Londres.

 

El más célebre autor de la historia de la literatura inglesa fue aplaudido, admirado e incluso “idolatrado” en vida por las decenas de miles de personas que asistieron a las representaciones de sus obras en Londres. Pero esa fama no impidió que la personalidad y la biografía misma de William Shakespeare quedaran envueltas en sombras. Poco se sabe, por ejemplo, de los inicios de su carrera.

Sí consta que nació el 23 de abril de 1564 en Stratford-upon-Avon, una pequeña ciudad de unos mil habitantes, situada 120 kilómetros al noroeste de Londres. Era hijo de John Shakespeare, un próspero negociante local, y de Mary Arden. Asistió al colegio de la ciudad, y a ello se deben los amplios conocimientos de la literatura latina y de retórica de que haría gala en sus escritos.

A los 18 años se casó con una joven de la localidad, Anne Hathaway, cuando ésta ya se hallaba embarazada; tendría con ella tres hijos. Un documento sitúa a Shakespeare en Stratford todavía en 1585. Pero luego siguen siete años, “los años perdidos”, en los que se evapora totalmente su pista, hasta que reaparece en 1592 convertido en autor teatral de éxito en Londres.

William Shakespeare

 Así imaginó el pintor Ford Madox Brown al célebre dramaturgo. siglo XIX. Galería de Arte de Manchester.

 

Esos “años perdidos” han dado pie a muchas elucubraciones por parte de los biógrafos de Shakespeare; algunos han supuesto, por ejemplo, que hizo un viaje a Italia. También se ha discutido mucho otro aspecto de la juventud del dramaturgo: su supuesta adhesión al catolicismo. Por entonces, la monarquía inglesa de Isabel I había consumado la ruptura con el Papado, instaurando una Iglesia anglicana separada, y los ingleses que se mantenían fieles al catolicismo –llamados recusantes por su negativa a reconocer al rey inglés como cabeza de la Iglesia– sufrieron diversos tipos de acoso y persecución.

La conexión católica

Es muy probable que el padre de Shakespeare fuera un católico recusante, dado que se le impusieron fuertes multas por no asistir a los servicios religiosos anglicanos. En cuanto al joven William, ha sido identificado con un tal “William Shakeshafte” que figura en el servicio de un aristócrata católico del norte de Inglaterra, el conde de South-ampton, como preceptor de sus hijos. Si Shakespeare hubiese deseado oír misa o confesarse, hubiera podido hacerlo en esa casa, donde se daba cobijo a los sacerdotes católicos que llegaban en secreto a Inglaterra desde los seminarios europeos.

Un investigador reciente ha identificado también a Shakespeare con un tal Gulielmus Strofordiensis, mencionado en una lista de católicos ingleses que peregrinaron a Roma en la década de 1580. Otros estudiosos han señalado en las obras de Shakespeare posibles referencias a la doctrina católica (por ejemplo, al Purgatorio).Sin embargo, la tesis de que Shakespeare fue toda su vida un católico oculto resulta cuestionable y son muchos los estudiosos que opinan que fue un protestante sincero.l

Los comienzos en el teatro

No se sabe tampoco cómo se convirtió Shakespeare en autor teatral. Sin duda, en su juventud tuvo muchas ocasiones de presenciar representaciones dramáticas, ya que las compañías itinerantes de actores visitaban a menudo Strat-ford-upon-Avon. Si efectivamente Shakespeare estuvo algún tiempo en el norte de Inglaterra, pudo ingresar en alguna de estas troupes, primero como actor y luego como autor. Otra posibilidad es que se trasladara a Londres en busca de algún miembro de la nobleza al que servir como poeta o secretario, y que allí, como hicieron muchos otros, viera en la escritura para los escenarios una nueva fuente de ingresos.

Escena de Hamlet

Hamlet es una de las tragedias más famosas de Shakespeare, estrenada en torno a 1602. Óleo por Keeley Halswelle. Siglo XIX.

 

En esos años, el teatro se convirtió en una auténtica pasión para los londinenses. Se llegaron a crear nueve teatros comerciales, algunos con aforos notables, de hasta 3.000 personas; se calcula que cada semana iban al teatro 15.000 personas. Algunos de estos espectáculos eran de marcado carácter popular y se asemejaban a los mimos o farsas de feria. Las obras de Shakespeare, en cambio, tenían un registro más elevado, tanto literariamente como por el tipo de interpretación de los actores. En 1592 Shakespeare aparece mencionado como autor teatral, objeto incluso de críticas por los que envidian su éxito.

Pero su carrera despegó realmente dos años más tarde, cuando creó, junto a otros seis socios, una compañía teatral, los Lord Chamberlain’s Men, nombre que hace referencia a la protección que les prestaba el chambelán, jefe del personal del palacio real. Esa compañía, rebautizada en 1603 King’s Men, los Hombres del Rey, dominaría los escenarios londinenses durante un cuarto de siglo. Además de Shakespeare, figuraron en ella el actor cómico William Kemp y, sobre todo, Richard Burbage, genial actor que se encargó de los grandes papeles trágicos de Shakespeare, como HamletOtelo o el Rey Lear.

Para completar el reparto se solía contratar un número reducido de actores eventuales, así como a muchachos que interpretasen los papeles femeninos, ya que, en contraste con España, en Inglaterra las mujeres tenían prohibido actuar en los escenarios. Shakespeare escribía todas sus obras para la compañía, a un ritmo de dos por año (se conservan 38, aunque también colaboró en otras), y además desempeñaba algunos papeles secundarios en el escenario, como el del anciano padre de Hamlet.

Nace The Globe

Inicialmente la compañía daba sus funciones en un teatro llamado por antonomasia The Theatre, pero en 1598 el contrato de alquiler del local expiró. Ni cortos ni perezosos, Shakespeare y sus colegas desmontaron la estructura de madera del teatro y se la llevaron a otro local que habían encontrado en el Bankside, un barrio de Londres al sur del río Támesis, hoy llamado Southwark. En aquella época, Southwark estaba fuera de la ciudad propiamente dicha, y era una zona de diversión y “mala vida”, con abundancia de burdeles y tabernas.

Un teatro casaba bien con ese ambiente. De hecho, sabemos que un empresario teatral de esos años, Philip Henslow, competidor de la compañía de Shakespeare, era, además de empresario teatral, propietario de un burdel, agente inmobiliario y dueño de una casa de empeños; además, en su teatro, el Rose, las funciones dramáticas se alternaban con las peleas de perros y osos, que apasionaban al pueblo de Londres.

The Globe

Este teatro, en Londres, fue reconstruido en 1997 a partir de una investigación sobre la estructura del edificio original de época de Shakespeare.

 

El nuevo teatro de los Lord Chamberlain’s Men se llamó The Globe. Estaba cerca de donde hoy en día se alza el moderno Shakespeare’s Globe, teatro que busca, dentro de lo posible, reproducir la experiencia del público y de los actores de los siglos XVI y XVII. En el Globe original, ante una audiencia popular que pagaba un penique por la entrada y se agolpaba en el “gallinero” y en los palcos, entre tragos de cerveza y bocados a la comida que también podía comprarse, se representaron las obras inmortales de ShakespeareRomeo y Julieta, en 1595; el Mercader de Venecia, hacia 1597 (la historia del judío Shylock tal vez se inspiró en un médico judío-portugués instalado en Londres, acusado falsamente de tramar el envenenamiento de la reina y ejecutado en 1594); Hamlet, en 1602; Macbeth, en 1606…

Los frutos del éxito

Como negocio, el Globe fue una empresa muy rentable. Así lo indica el que Shakespeare pudiera comprar en 1597, por 120 libras, una residencia imponente en su pueblo natal de Stratford, con abundante espacio en torno a la casa, donde quizá pensaba vivir como un gran señor. Luego compró otras fincas urbanas y rurales.

En 1613, el Globe (hecho de madera y con tejado de paja) fue destruido por un incendio, provocado por la chispa de una descarga fingida de artillería en el escenario; pero el edificio fue reconstruido enseguida. Además, la compañía de Shakespeare gestionaba ya otro teatro, el Blackfriars, de aforo menor (unas 600 plazas) pero cubierto y con mayores medios escénicos. Por esta razón, las entradas más baratas para el Blackfriars eran hasta seis veces más caras que las del Globe, y era mucho más rentable que este último.

Aunque se ha afirmado que por entonces Shakespeare se había retirado, nada indica que con apenas 50 años se sintiera ya viejo o enfermo y por ello volviera a Stratford. Lo seguro es que murió en su ciudad natal, el 23 de abril de 1616, seguramente por un ataque de fiebres tifoideas. Su tumba se encuentra en una iglesia de Stratford, encabezada por un epígrafe que maldice a cualquiera que mueva sus huesos.

 

Artículo tomado de: www.nationalgeographic.com

 

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