«Concibo la pintura como un fenómeno mucho más íntimo que la exteriorización de ideas. Trato de que mi pintura represente lo íntimo en que todos los seres humanos coincidimos; esa coincidencia en la que no entran refrigeradores ni automóviles, donde todos estamos ligados en el drama de la vida misma».

El corazón de la artista mexicana Cordelia Urueta se sumerge en los terrenos de lo fantástico para, a partir de ahí, explicar cuál es el papel del ser humano en el mundo. Sus cuadros son exploraciones del inconsciente pero también del mismo espíritu de la naturaleza, del ambiente y de la oscuridad que rodea al mundo. Nada es evidente ni sencillo en su pintura: como una melodía de compases indescifrables y alejados de lo convencional, la pincelada de Urueta se desliza por sitios que no existen en el mundo terrenal.

En su arte se mezclan lo mexicano con lo fantástico, la luz con la oscuridad, los colores con la sombra. Un gran tinte de dramatismo y ciertos aires tenebrosos se adivinan en sus cuadros. El hecho de que la pintora fuera perdiendo la vista de manera gradual fue modificando no sólo su forma de trabajar sino la evolución de su obra. Del uso constante de colores en sus primeros años pasó a una tendencia oscura, opresiva y llena de un misticismo palpable.

Temas recurrentes en su obra, los cuales se oponen a su visión fantástica, son las imágenes que hacen alusión directa al tormento de los conflictos sociales, en específico las guerras. Igualmente mostró una preocupación acerca de los problemas ecológicos. Dentro de ese gran espectro temático, las mujeres tienen un lugar importante en sus pinturas como protagonistas de secretos, amores y visiones místicas.

 

En el ya lejano 1992, Urueta expresó su quehacer artístico de la siguiente forma: «Lo que más me interesa en el arte es la sorpresa. Hasta que no llego a sorprenderme con lo que hago, aquello no me interesa. Voy buscando sin saber qué es lo que busco hasta que algo me sorprende, entonces me digo, es esto. Pero necesito saber que aquello fue un encuentro, un encuentro en el que yo misma no sabía lo que era. Los pensamientos muchas veces no corresponden a la imagen. La imagen ocurre. Trabajo a partir de sensaciones; pienso en color la sensación, indago luego dentro de mí la forma adecuada a ese color que estoy buscando. Los estados de ánimo entonces tienen mucho que ver; pero también la idea del mundo, la dificultad de entender las cosas. Necesito más bien sentirlas».

La gran dama del arte abstracto en México, como fue reconocida por diversas figuras del arte con las que convivió como Diego Rivera, Rufino Tamayo, Frida Kahlo o Gustavo Montoya (con quien se casó) creó una obra de adecuadas dimensiones, líneas y mezcla de elementos perfectamente estructurada y ejecutada, misma que destaca por su trazo libre, no sujeto a ninguna imposición técnica ni filosófica. Fue una artista que no se adscribió a alguna corriente artística en particular. Así como sus personajes vagan con libertad por un universo de fantasía, Urueta también se arrojó a volar por los aires de su imaginación para explorar con fidelidad lo que habitaba en su mente y su corazón.

 

Desde la infancia, Urueta creció en un ambiente de profunda intelectualidad y libertad de pensamiento. Su familia se distinguía por un agudo amor a la patria y un profundo sentido de la justicia social. Sus padres, Jesús Urueta Siqueiros, escritor, político y orador, y Tarsila Sierra González, también escritora, se desarrollaban en un mundo donde la exploración de la realidad y sus personajes eran tesoros valiosos sobre los que giraba el quehacer de sus vidas. Gracias a ello, Cordelia Urueta desarrolló una inmediata sensibilidad por el dibujo en particular.

Dr. Atl, seudónimo del pintor y escritor mexicano Gerardo Murillo Cornado, amigo de sus padres, se percató del talento de la pequeña cuando analizó sus primeros dibujos, en los cuales ya mostraba un talento descomunal: «Cordelia es una espiritualista que posee cualidades indispensables para producir obras de arte con pasión…. Estamos enfrente de un temperamento de una colorista que busca envolver dentro del movimiento de masas, la potencia del color».

 

La exploración de dimensiones fue la gran consigna de Cordelia Urueta, una artista rebelde que renegaba de la modernidad y lo material que acababan con la sensatez del ser humano. A través del espíritu, de la libertad y de la entrada a otros mundos donde la fantasía es el ingrediente básico, la humanidad se puede liberar de esas barreras de falsedad que envuelven gran parte de su vida. Gracias a Cordelia Urueta el espectador encuentra esa grandiosa vía de escape que provoca una revolución de color, formas y extraordinaria imaginación en su interior. Vuela a la par que observa las pinturas de esta gran mística del arte mexicano a la que hoy revivimos para darle el lugar que se merece.

 

Artículo tomado desde: http://culturacolectiva.com/

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