Durante años de historia los seres humanos lograron comunicarse con base en el afecto, comprendieron que más allá de sobrevivir había que estar acompañado para lograr ser feliz en la vida. De manera consciente o no crearon el fuego, empezaron a cazar animales, comieron juntos, rieron y jugaron y al final se enamoraron entre ellos. Reprodujeron una especie que domina la cúspide la cadena alimenticia; todo gracias a que siguieron sus instintos y su libido. El placer del pasado creó el romance, por eso y más existimos y eres capaz de leer ahora estas líneas: sin la unión no somos nada, sin el amor no existimos, el drama es necesario y aquellas tragedias –aunque se quieran evitar– son parte de nuestra esencia.

Hay parejas irreverentes y muchas veces son incomprendidas. Romeo y Julieta no fueron el comienzo de aquel amor prohibido, Shakespeare sólo demostró que a la sociedad a veces simplemente no le gusta vernos felices. Las críticas son punzantes y filosas al grado de llegar a causar la muerte y sufrimiento de alguien más y el amor, por maravilloso que sea, también es un sacrificio, entregas tu identidad y te despojas de un poder que está clavado en lo más recóndito del ser: el ego. Por eso, quien no puede obtener tal romance o comprenderlo tiende a atacar y desaprobar un sentimiento.

Bien dicen en las calles y durante la vida que “el primer amor nunca se olvida”, es el más intenso porque nos atrevemos a hacer lo que el instinto nos dicta, nos entregamos a la nobleza de nuestros sentimientos y publicamos cada segundo, cada foto, cada frase, guiño, palabra, emoji o frase amorosa en las redes sociales. Aquél es nuestro presente, pero en el pasado el amor se vivía de distinta manera, pues en muchas ocasiones era visto ante todos como prohibido e incluso un crimen ante la ley y la sociedad. Hoy presentamos aquellos amores que lucharon contra la opinión y los traumas de otros –e incluso los suyos–, gente real que bien podrían estar en una obra de Shakespeare.

Shah Jahan y Mumtaz Mahal

El emperador musulmán Shah Jahan primero tuvo que casarse con otras mujeres antes de ver realizado su sueño: contraer matrimonio con aquella bella mujer de 15 años que había conquistado en un bazar de la ciudad india, Agra–recordemos que la ley musulmana entre los siglos XVI y XVII permitía casarse con más de una mujer–. Tiempo después, y una vez que obtuvo el permiso de los astrólogos, el emperador se unió con Mumtaz Mahal, nombre que le concedió y significa “la elegida o la perla del palacio”.

Shah Jahan y Mumtaz Mahal amores tragedia

Tuvo 13 hijos con ella y tristemente en uno de sus viajes, mientras daba a luz a su décimo cuarto primogénito, Mumtaz Mahal falleció, pero antes le pidió a su rey que le cumpliera las siguientes promesas: que construyera su tumba, se que casara otra vez, que fuera un excelente padre y que visitara su tumba cada año. Por supuesto, el emperador estaba destrozado, el romance que mantenía con Mumtaz era más grande que toda su riqueza, así que durante toda su vida se dedicó a construir una de las edificaciones más bellas del mundo: el Taj Mahal. Tal proeza lo dejó en la bancarrota y sus últimos años de existencia los pasó encerrado mientras miraba a lo lejos la majestuosa tumba de su amada.

Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir

Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir pueden ser la pareja más liberal –conocida– de la historia. Se encontraron mientras estudiaban en la École Normale Supérieure de París mientras preparaban su último examen de filosofía. Simone siempre fue una mujer solitaria, su padre le enseñó el amor por los libros, mientras que Sartre siempre vivió a expensas de su grupo social; era un chico consentido e idolatrado que muy joven decidió ir en contra de las ideas, costumbres y pensamientos que le querían inculcar, pues todo lo veía falso y sin sentido.

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Los dos embonaron a la perfección y su relación giraba en torno a un ideal muy adelantado a su época –década de los 20 y 30–, pues practicaban la poligamia. Nunca se casaron, nunca vivieron juntos ni muchos menos tuvieron hijos. Cuando Jean Paul Sartre murió, desgastado por un edema pulmonar, Simone le dedicó unas palabras dignas de ser inmortales: “Su muerte nos separa. Mi muerte nos volverá a reunir. Mejor así: ya es hermoso que nuestras vidas hayan encajado durante tanto tiempo”.

Elizabeth Taylor y Richard Burton

Elizabeth Taylor y Richard Burton tuvieron una relación llena de excesos, lujuria, romance y sobre todo mucha locura. Se conocieron mientras rodaban la película “Cleopatra”, donde la pasión y los actos sexuales significaban más que una simple escena; de hecho el director Joseph L. Mankiewicz se quedaba perplejo ante los actores mientras representaban a Cleopatra y Marco Antonio, un amor trágico, prohibido y poderoso.

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Después de la película se divorciaron de sus respectivas parejas y se casaron por primera vez en 1964, pero diez años después se divorciaron; sin embargo, cada tanto volvían a estar juntos. Su relación estaba basada en los excesos de todo tipo: drogas, alcohol, peleas y sexo. El grado de locura fue tal que cuando Liz intentó casarse con otro hombre –un senador llamado Warner–, Burton se hizo presente y, ebrio, le ordenó a Elizabeth que dejara a su prometido porque sólo él podría satisfacerla, Liz se dirigió a Warner y le contestó un rotundo: “lo siento, me necesita”. Tras la muerte de Richard en 1984, Elizabeth Taylor afirmó que cuando falleciera quería que la enterraran con el hombre que más amo, en Suiza, “con los valles y montañas cubiertas de nueve”: Richard Burton.

Juana “La loca” y Felipe “El hermoso”

Juana “La loca” y Felipe “El hermoso” gestaron su matrimonio en Lille el 21 de agosto de 1496. La atracción física antes de contraer nupcias y la lujuria que irradiaban propició una unión rápida. Obviamente no tardaron mucho en tener a su primera bebé –Leonor–, pero a raíz de este nacimiento algo cambió en Felipe, parecía que todo el amor se había esfumado y comenzó a engañar a Juana cada que podía. Dicen los cronistas que a partir del nacimiento e infidelidades de su esposo, Juana sólo era capaz de pensar en una sola cosa: recuperarlo y volver a encender la llama que tenían cuando se casaron.

juana felipe amores tragedia

A Felipe I de Castilla le sucedieron una serie de teorías acerca de su muerte, entre ellas que fue envenenado por su esposa. Los celos eran parte de la vida de Juana quien no derramó una sola lágrima el día que murió su esposo; sin embargo, siempre demostraba que estaba devastada. Todos los días acudía a la cripta donde estaba enterrado Felipe y después de almorzar en el monasterio, le pedía a los monjes que abrieran su ataúd para cerciorarse de que aún siguiera ahí. Algunos afirman que todo fue una conspiración, otros que ella lo mató, al final todo quedó en una leyenda.

Liu Guojiang y Xu Chaoqing

Liu Guojiang era un chico muy joven cuando conoció a Xu Chaoqing, sin embargo, eso no impidió que se enamorara perdidamente de ella. Aún así la sociedad China se encargó de estigmatizar a la pareja. La historia sucedió hace más de medio siglo y por supuesto era de muy mal gusto un romance donde se involucraran, en este caso, un joven –Liu– de 19 años  y una mujer viuda y con hijos –Xiu– de 24 años.

Liu Guojiang Xu Chaoqing amores tragedia

La pareja logró evitar las críticas de la comunidad, familiares y vecinos, aunque eso no impidió que los dos se mudaran a una inaccesible cueva en Jiangjin County en Chongping –en el suroeste de China–. A partir de ese momento comenzaron una nueva vida sin electricidad ni aditamentos básico, alejados de la sociedad; llegar hasta ese lugar era un martirio, así que Liu puso en marcha un plan: construir durante más de 50 años una escalera con sus propias manos para que su amada pudiera subir y bajar con facilidad.

Liu y Xu formaron una familia, crearon una historia aparte, alejados del yugo de las opiniones y la mentalidad atrasada de su comunidad. Liu murió en 2006 en brazos de su mujer, pero su historia de amor quedó para la posteridad, inmortalizada y vista ante todos como un romance inquebrantable.

Historias como las anteriores suceden todos los días, cada vez que un amor es superado por la muerte o bloqueado de manera externa. La sociedad a veces es muy complaciente con las guerras, la discriminación, los insultos xenófobos y las actitudes retrógradas, pero nunca se le da importancia al valor del romance.

 

 

Artículo publicado en http://culturacolectiva.com/

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