La editorial Clave Intelectual publica el epistolario que la científica mantuvo con sus hijas Irène, también química y premio Nobel, y Ève, escritora .- Las cartas que intercambiaron madre e hijas recogidas en este libro nos sumergen en su intimidad familiar y nos trasmiten los grandes y pequeños sucesos de su vida, hasta el fallecimiento de Marie acaecido en 1934. Estas misivas dan testimonio de sus estrechos vínculos y del amor y armonía que nunca dejaron de desarrollarse entre ellas. La recopilación nos descubre también a tres personalidades femeninas brillantes e independientes, ligadas entre sí por un cariño intenso e indefectible.

Irène a Marie
de Arcouest a París
julio de 1922

Viernes 28

Mé querida:

Seguimos con unas alternancias de tiempo bueno y malo de lo más extrañas. El agua no está nada templada, pero te acabas acostumbrando

Hasta ahora, Ève se ha dedicado esencialmente a arreglar su piano, que suena demasiado, como el de hace un año. No ha navegado ningún día pero nos hemos bañado juntas dos veces en el espigón. Ève, Bichito y yo formamos un trío muy bien avenido. Bichito ha vuelto a sus andares rampantes para recorrer los aledaños de la casa y por las noches araña mi puerta de forma inaguantable cuando quiere entrar o salir. Cuando sepas adónde te puedo escribir en Suiza, dímelo. En cualquier caso, creo que vale más que te escriba a París para que sepas de nosotras cuando regreses. Si no te supone mucha molestia, envíale a Ève el dietario en el que ha anotado varias indicaciones sobre su música, pero si estás muy apurada déjalo estar: no es esencial.

Me sorprende mucho no saber nada de ti desde que regresaste a París.
Te mando un beso.

Irène

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Marie a Ève
de París a Arcouest

Domingo, 30 de julio de 1922

Querida Évette:

Como me pide Irène, te envío el dietario por correo certificado. Me alegro de que el gato no te diera demasiada lata durante el viaje y que estéis las tres más o menos contentas y bien instaladas (¡las tres, porque es una gata!).

No le he mandado el dinero a la portera de la señora Gr. porque me di cuenta de que, en la carta que mandó desde Suiza,  hablaba de devolvérmelo a finales de mes, así que era un servicio que no tenía razón de ser más que entre el 15 y el 20 de julio. Henriette Perrin y la señora Perrin no parecían darle importancia a la cosa.
Esta tarde voy a Brunoy en el tren de la 1:50 para enseñarle la casa a la señora Jarnieka, que va a venir con su marido y los niños.

No es que disfrute mucho con la perspectiva de esa expedición, porque mi sociabilidad es muy inferior a mi voluntad de hacerle favores al prójimo.

Además todavía tengo mucho que hacer. Ni siquiera les he echado una ojeada a las carpetas de documentos de la SDN1 ,  de los que convendría que tuviera una opinión hecha el martes por la mañana, y tengo que sacar tiempo mañana para pasarles revista y tomar unas cuantas notas.

Ya me dirás si Alice quiere que le meta el sueldo de julio en la reserva o que se lo lleve.

Te mando un beso, querida mía, y, en nombre del cielo, no  nades mar adentro y no te ahogues.

P. S.: he debido de dejarme en el libro del vikingo una plegadera de cobre a la que le tengo bastante aprecio; ¿la has encontrado? Dímelo por carta.

 

 

 

 

 

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