por Gabriela Mistral

La devoción compartida por el escritor Thomas Mann fue el punto de encuentro entre dos mujeres excepcionales que desarrollarían una relación de casi una década de gran intensidad y pasión. Este epistolario permite seguir el poderoso vínculo que unió a la Premio Nobel chilena con Doris Dana, su amiga, secretaria y albacea de sus bienes materiales e intelectuales. Es una correspondencia donde el afecto y el amor, el aprendizaje y la rebelión, el arte y la poesía, los viajes y la política son los protagonistas. Este libro complementa de manera excepcional la obra de Mistral, una de las figuras literarias del siglo XX.

1. DORIS DANA
February 9, 1948
Gabriela Mistral
1305 Buena Vista Street
Monrovia, California
Mi querida Maestra:
Me he tomado la libertad de mandarle, a nombre de la New Directions Press, el ejemplar destinado para usted de The Stature of Thomas Mann.
De haber sido posible hubiera preferido, desde luego, gozar del privilegio de poner este libro personalmente en sus propias manos. En una época acribillada de comercialismo, un volumen como este es digno de tal gracia y dignidad.
Le escribo esta carta para expresarle, dentro de sus límites, la profunda gratitud que siento por el alto privilegio de haber traducido al inglés su ensayo poderoso y fuerte, «El otro desastre alemán». A través de sus obras, su nombre representa para mí todo lo que es fuerte y significativo, bello y realmente eterno. En la profunda ternura contemplativa y la fuerza de sus obras el mundo ha encontrado en usted una maestra de sentido y una llama viva del arte más puro.
Nunca podría expresar, ni mucho menos pagarle, todo lo que le debo personalmente. Deuda que es parte de lo que el mundo entero le debe a la gran artista que nos ha revelado bellezas tan excelsas y visiones tan profundas.
Cordialmente,
Doris Dana
Miss Doris Dana
435 West 119th Street
New York 27, New York

2. GABRIELAMISTRAL
[Marzo de 1948]
Cara señorita:
Su bella carta cordial me ha conmovido. Yo no me merezco ese cariño suyo y menos esa admiración; pero a los viejos profesores nos gusta ser queridos de los jóvenes con o sin derecho a ello.
Téngame Ud. por amiga suya. Nos hemos reunido en un mundo muy noble: en la obra de nuestro venerado Thomas Mann.
Yo soy una mujer tímida, a pesar de la dureza de mis versos. Y respeto mucho a los grandes atareados, por la calidad de su trabajo y por el cansancio que tienen de las gentes. No he buscado ver al Maestro. Y ahora tengo decidido un viaje a México y a Venezuela. Puedo regresar, pero también puedo quedarme por allá. Y no me resigno a no verlo.
Si le es posible a Ud. pídale un cuarto de hora para mí. Yo iré a Los Ángeles a fines de marzo. (Salgo muy poco porque no tengo salud.)
Mil gracias por el libro. Era tiempo ya de hacerle sentir a Thomas Mann la devoción de los suyos. Me siento muy honrada de estar presente en ese testimonio de «Acción de Gracias» al que tanto nos ha dado.
Acepte mis cariñosos saludos,
Gabriela Mistral
[P. S.] Yo vivo en Sta. Bárbara, 729 Anapamú St.

3. DORIS DANA
March 19, 1948
Mi querida Maestra:
Muchas gracias por su cálida y bella carta. ¡Qué alegría me dieron sus palabras!
Le escribo esta carta apresuradamente para que Ud. no quede en duda acerca de su posible visita a Thomas Mann. Ayer le envié a él una carta aérea pidiéndole que me telegrafíe contestándome, o que le escriba a Ud. directamente. Ya que Ud. piensa viajar pronto no quiero correr el riesgo de que no reciba mi carta o la del Dr. Mann. Por eso le pido encarecidamente que me envíe su nueva dirección para que pueda de esa manera enviarle cualquier mensaje.
Thomas Mann me habló hace algún tiempo del ensayo «El otro desastre alemán», con palabras cálidas y emocionadas. Estoy segura de que el Maestro se sentirá gozoso y conmovido de verla y saludarla personalmente.
Imposible me sería expresarle lo que su visita a Thomas Mann significaría para mí. Será un gozo para ustedes dos con que he soñado por mucho tiempo, ¡mis dos grandes y queridos Maestros! Yo también estoy proyectando un viaje a México en mi auto. ¡Cuánto me gustaría que nuestros viajes coincidieran! Si así fuera ¿me daría el gusto de aceptar mi ofrecimiento de llevarla en auto? Nunca estuve en México, pero sé que los cambios de altitud son muy drásticos. Viajando en automóvil podríamos detenernos cuando y donde Ud. gustase para que se ajustara a cualquier cambio. El auto es bastante grande y pienso que en él viajará con comodidad y hasta podrá, si lo creyere conveniente, llevar otra persona. Nos podríamos encontrar en California o en cualquier otro lugar. Estaría tan feliz de poderle acompañar en su viaje. Si lo acepta podríamos ponernos de acuerdo por teléfono. Si le parece envíeme el número de su teléfono.
Hace dos años tuve el gusto de conocerla personalmente en una conferencia que dio Ud. en Barnard College aquí en Nueva York. En aquel entonces tanto mi timidez, como mi deficiente conocimiento del español, así como el temor de agregarme a los que en ese momento se arremolinaban a su alrededor, me impidieron acercarme a Ud. a saludarla y hablarle algunas palabras. Todavía recuerdo vivamente, con angustia el sufrimiento que se reflejaba en sus ojos durante esos momentos de prueba.
Cuando vea al Dr. Mann, tenga Ud. la bondad de hacerle presente mis más afectuosos saludos tanto a él como a su esposa, Katia.
Con mis más cariñosos saludos y agradeciéndole una vez más su atesorada carta.
Su amiga,
Doris Dana
P. S. Sé que el Dr. Mann habla un poco de francés y que su esposa lo habla bastante bien. Su dirección es 1550 San Remo Drive,
Pacific Palisades, California (en la vecindad de Los Ángeles).
Cariñosamente,
Doris Dana
435 West 119 Street
New York 27, New York

4. DORIS DANA
April 1, 1948
Mi querida Maestra:
Hace días recibí una carta de Thomas Mann en la que dice de la carta que le escribió a Ud., y que expresa su gozo por la oportunidad de conocerle. Tengo la esperanza que la invitación del Maestro le llegó a sus manos sin novedad.
Me gustaría tener noticias suyas.
Con el cariño de su amiga,
Doris Dana
435 West 119th Street
New York 27, N. Y.

5. GABRIELA MISTRAL
6 de abril de 1948
Cara Doris Dana:
Sí, por gracia suya, yo tendré la dicha de ver el rostro de Thomas Mann y de saludar a su compañera Le debo mucho a Ud., querida.
Ese viaje nuestro por México sería una fiesta. Pero mi itinerario se ha torcido un poco. Parece, aún no es seguro, que yo iría por tren, de Los Ángeles a Alabama, para tomar allí un barco rumbo a San Juan. Yo no sé, querida, cuándo Ud. viene y es casi seguro que no le interesa el trayecto Los Ángeles-Nueva Orleans en auto. (El avión me sube la presión y me da mareo.)
Mucho me gustaría recobrar su rostro por entero. A mi edad los semblantes se anegan un poco.
Tal vez yo quede algún tiempo en Puerto Rico. Si así fuese, tal vez Ud. quisiese llegar a esa linda Isla bastante olvidada por el turismo americano. Muy hermoso su libro. ¡Mil gracias! Me habría dado gran pena no ver allí a nadie de la América del Sur. Porque allí se lee y creo que con entendimiento a Thomas Mann, cosa que a mí me conmueve constatar.
Que nos encontremos, pues, adonde ello sea dable.
El afecto y la gratitud de su vieja amiga,
Gabriela Mistral

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