En Japón, las artes escénicas constituyen un rico patrimonio cultural con siglos de antigüedad. El fotógrafo Yusuke Nishimura documentó las diferentes celebraciones y espectáculos del país.

Danza Tentsuku-mai

El bailarín de la danza Tentsuku-mai lleva un tocado de más de un metro de alto en forma de luna creciente con el dibujo de un dragón alado. La danza se ejecuta para pedir una buena cosecha, paz y prosperidad. La foto se tomó en Saga, en la prefectura homónima (isla de Kyushu).

En verano de 2012, durante un festival en el santuario Meiji Jingu de Tokio, conocí por primera vez a los grupos de artes escénicas tradicionales de Tohoku, una región del norte de Japón. Aquella tarde el santuario se había convertido en un maravilloso universo espiritual iluminado con miles de velas y antorchas. Quedé fascinado por los singulares trajes de los artistas y por la energía de sus movimientos en la oscuridad. Fue entonces cuando decidí embarcarme en un proyecto de tres años con el fin de visitar los festivales que se celebran por todo el país y fotografiar los 49 grupos que existen en la actualidad.

Kagura, una antigua ceremonia sintoísta

Kagura es una antigua ceremonia sintoísta en honor a los dioses, acompañada de danza y música. Existen muchas variantes. En esta, celebrada en el santuario de Suwa, en la prefectura de Fukushima (Honshu), participa una docena de bailarines de entre 8 y 12 años de edad.

Las artes escénicas tradicionales son un patrimonio que se extiende por todo el archipiélago nipón, y existen numerosas asociaciones en todo Japón que, en aras de su conservación, las han transmitido de generación en generación. Además de la Shishi-mai (o danza del león), la Kagura (un baile y una música reservados a los dioses) y las interpretaciones con tambores, destacan los festivales relacionados con el calendario agrícola.

Danza del ciervo

El grupo Gyozanryu Maikawa Shishi ejecuta la Shishi-Odori, o danza del ciervo, en Ichinoseki, en la prefectura de Iwate (isla de Honshu). Se trata de un baile ritual que honraba a los animales salvajes a los que se cazaba por su carne.

También hay espectáculos y rituales en las islas más pequeñas cuya función es asegurar la buena salud y prosperidad de los aldeanos o invocar a los marebito, unos seres divinos que traen la felicidad.

Shishi-Odori

Otro momento de la danza del ciervo o Shishi-Odori. Los bailarines llevan un tocado con la cornamenta de un ciervo, un tambor atado alrededor de la cintura y un sasara, un palo de tres metros de altura envuelto en papel blanco y sujeto a la espalda.

Festival Chokai Shishi

Durante una interpretación de la Shishi-Odori en el Festival Chokai Shishi, en la prefectura de Akita (Honshu), un bailarín agita sus ropajes al son de los tambores y los cantos. Del hombro le cuelgan finas cintas de corteza de álamo. También intervienen bailarinas, que danzan blandiendo espadas.

Algunas de esas artes escénicas recibieron la influencia de las culturas china y coreana. Pese a que todas ellas existen desde hace siglos, muchos japoneses las desconocen. Por ese motivo me propuse documentarlas en imágenes y mostrar lo importantes que son en nuestra cultura.

Valor simbólico

En el Gagaku, un arte que combina danza, música y cultura budista, las máscaras tienen un elevado valor simbólico. Procedente de China y Corea, llegó a Japón hacia el siglo v y se mezcló con elementos autóctonos.

En mi viaje, visitaba las aldeas un día antes de que se celebrara el festival, y siempre que podía fotografiaba a los artistas. Las sesiones no duraban más de diez minutos. Aunque las imágenes emulan la fotografía de estudio, era esencial tomarlas en la propia localización donde tenía lugar la representación, porque la energía y atmósfera del momento hacía que las expresiones fueran mucho más vívidas, más auténticas. Después añadía un fondo negro a las fotos para eliminar el entorno real del lugar y resaltar la esencia de cada arte escénica.

A lo largo del proyecto descubrí algo inesperado acerca de esas tradiciones: hay grandes diferencias entre quienes las practican. Algunos no conocen su origen ni su historia; para otros, es toda una forma de vida. Hay quien propone cambios radicales en los trajes y en los bailes. Con el paso del tiempo, las artes escénicas han ido evolucionando.
En cierto sentido, las nuevas generaciones rompen con la tradición para renovar su espíritu y transmitirlo en los años venideros.

Invocación a Buda

Kanko-Odori es una invocación a Buda para implorar buenas cosechas y prosperidad. En torno a una hoguera, los bailarines danzan con vestidos de rayas, faldas de paja, un tocado cilíndrico hecho con crines de caballo blanco que les cubren el rostro, y un tambor llamado kakko. El fotógrafo tomó esta imagen en Ise, prefectura de Mie (Honshu).

Hombres vestidos de mujer

En la danza Nanjo-Odori (o Honen-Odori) solo intervienen hombres, que van vestidos de mujer. Ataviados con un hanagasa (sombrero cónico de bambú adornado con flores de papel), bailan al son de tambores, gongs y flautas para pedir una buena cosecha de arroz. La foto fue tomada en el distrito de Yamagata, prefectura de Hiroshima (Honshu).

 

 

Artículo tomado de: www.nationalgeographic.com

 

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