Autor: George Barris

Introducción

Siempre hay dos versiones de una misma historia,

Marilyn

Desde la primera vez que me encontré con ella, como fotógrafo independiente, en septiembre de 1954, siempre quise escribir un libro sobre Marilyn Monroe. En aquella ocasión ella estaba en Nueva York rodando exteriores para el film The seven year itch (La tentación vive arriba). En principio concebí el libro como una colección de fotografías que reflejaran su vida diaria, acompañadas con comentarios que ella misma hiciera mientras la entrevistaba. Desafortunadamente, el proyecto nunca llegó a buen puerto; pero creo que el que usted está leyendo ahora mismo puede insuflar una nueva vida a Marilyn.

Volvamos a 1954. Le había sugerido a uno de mis editores, el difunto Donald Feitel, del Grupo Metro, hacer un libro de fotografías sobre ella, porque desde que Marilyn alcanzó la fama, sus fans y el público no dejaban de leer cosas sobre su persona, especialmente sobre sus encantos o sus episodios más descontrolados. Feitel aceptó y le prometí tomar tantas fotografías como me fuera posible.

Cuando la vi por primera vez estaba apoyada hacia fuera de la ventana de un edificio moderno de piedra oscura de la calle 61, en el East Side de Manhattan, posando para la escena de una película. Realicé algunas fotos de su ahora famosa espalda y el sonido del objetivo la sorprendió. Se volvió rápidamente, me miró y me sonrió. Hice una docena más de fotografías, ambos reímos y el hielo se rompió por completo. Es innegable que tenía un gran sentido del humor. Seguí a Marilyn durante los días siguientes, entrevistándola y haciéndole fotos. Era agradable trabajar con ella.

Lo que más me gustaba era que no se comportaba como una estrella de cine. Tenía los pies en el suelo. Aunque tenía 28 años, se movía y tenía el aspecto de una adolescente. Era bella y sexy, y había una casi inocencia de niño en su comportamiento. Me impresionaban su amabilidad y camaradería en el plató. No era falsa ni snob.

Sorprendentemente, en los pocos días que estuvimos juntos nos hicimos amigos. Descubrimos que habíamos nacido bajo el mismo signo: Géminis. El cumpleaños de Marilyn era el 1 de junio y el mío el 14. Nos gustaban las mismas cosas y era de conversación fácil. Le dije que me gustaría trabajar en un libro sobre ella. Lo pensó durante un rato; luego, abrió los ojos, sonrió y dijo: «¿Por qué no? Un día lo haremos»; pero no nos pusimos a trabajar en serio hasta 1962. Ella había estado ocupada haciendo una película tras otra y se había convertido en una estrella internacional, lo que yo sabía que deseaba. Yo había estado ocupado recorriendo el mundo y fotografiando mis reportajes. Y, aunque no nos habíamos visto, nos manteníamos en contacto por teléfono.

En mayo de 1962 fui designado por la revista Cosmopolitan para cubrir un reportaje de Elizabeth Taylor, que estaba filmando Cleopatra en Roma. Elizabeth era la primera actriz en recibir un millón de dólares, más gastos, por aparecer en una película. La filmación había comenzado en Inglaterra, donde Liz enfermó y por poco muere. La 20th Century Fox, los mismos estudios que tenían contratada a Marilyn, había trasladado la producción a Roma, donde el clima menos frío convenía a Elizabeth. Allí podría recuperarse de una operación reciente y proseguir con la película; pero no era sólo porque la actriz estuviera enferma, sino porque los estudios tenían problemas. Los tremendos gastos de la película los estaban llevando camino de la bancarrota. El guión no estaba terminado y los guionistas escribían los diálogos el mismo día de rodaje. Richard Burton mantenía una relación con Taylor, mientras ésta seguía casada con el cantante Eddie Fisher. Fisher no tenía ni idea de cómo pararlo.

Comí con el editor de Cosmopolitan, Bob Atherton. Como fotógrafo independiente, mi vida dependía de las ofertas que pudiera recibir, y mi amiga Marilyn Monroe estaba produciendo noticias sin parar. Estaba comenzando su película número treinta, que iba a ser la última bajo su viejo contrato para la 20th Century Fox. Era el momento de hacer un reportaje sobre ella. El título que presenté al editor de Cosmopolitan era: «¿Cuál será el futuro de Marilyn Monroe ahora que va a cumplir 36 años?». El título de la película en la que trabajaba aquellos días, Something’s got to give, podía servir de título al libro. ¿Podía, a su edad, seguir siendo un símbolo de sexualidad y belleza juvenil?

A Atherton le encantó la idea. Acordamos hacer la portada y entre ocho y diez páginas interiores. La idea nos emocionó tanto que no terminamos el almuerzo. Me preguntó cuándo podría marcharme a Hollywood, donde estaba rodando la película en los estudios de la Fox. Le dije que podía irme inmediatamente.

Cuando llegué a Hollywood, me metí en los apartamentos de Sunset Tower. Después de una noche de sueño reparador, a la mañana siguiente una limusina de los estudios me llevó al plató 14 de la Fox, donde Marilyn estaba filmando. ¿Se alegraría de verme? ¿Me recordaría a simple la vista? A muchos grandes artistas les presentan a tanta gente que no se acuerdan ni de a quien le presentaron la noche anterior. Y nosotros no nos habíamos visto en años.

Cuando entré en el plató 14, distinguí a Marilyn de inmediato y me dirigí hacia ella; volvía a estar de espaldas, así que le toqué en el hombro: «¿Te acuerdas de mí?». Se volvió, sonrió y con un gran abrazo me dijo: «¡Cuánto tiempo!, ¿qué hay de nuevo?». Le contesté: «Hoy es primero de junio, y he venido desde Nueva York a ver a mi vieja amiga». Rió mientras la abrazaba y le decía: «Feliz, feliz cumpleaños, y que sólo tengas felices cumpleaños». Le conté lo de la historia para Cosmopolitan; le gustó. «Puede ser, Marilyn, que haya llegado el momento de hacer el libro del que tanto hemos hablado.» Se rió. «Puede que sí…, ¿por qué no?»

George Cukor la llamó al plató. Marilyn me pidió que permaneciera a su lado; luego hablaríamos del libro y de otras cosas.

Marilyn parecía emocionada con la película. Su pareja era Dean Martin, con el que siempre quiso trabajar, y ella había conseguido buenos papeles para dos de sus amigos. Ambos eran comediantes: Phil Silvers, la estrella de la TV del viejo show Sergeant Bilko, y Wally Cox, quien había interpretado a Mr. Peepers durante años. También participaba en la película su amiga Cyd Charisse, la bailarina y esposa del actor y cantante Tony Martin.

A las cinco y media de esa tarde de viernes Marilyn había terminado su jornada. Entonces, alguien gritó: «Feliz cumpleaños, querida Marilyn» y varios del grupo avanzaron con una enorme tarta. Estaba cubierta de nata helada y una figurita sexy de Marilyn en bañador, con HAPPY BIRTHDAY MARILYN en grandes letras rematadas con lucecitas centelleantes. Y, por supuesto, su champán preferido, Dom Pérignon

Ni los directivos de la Fox ni los empleados se habían olvidado su cumpleaños, y esto emocionó a la sensible actriz. Se volvió hacia mí y me pidió que la ayudara a cortar el enorme pastel. Los fotógrafos nos retrataron juntos mientras todos gritaban: «¡Feliz cumpleaños, querida Marilyn! ¡Te queremos! ¡Que todos tus deseos se conviertan en realidad!». Jamás la vi más feliz.

A las seis y media Marilyn había ofrecido un trozo de tarta y una copa de champán a todo el mundo. Se despidió y me dijo: «Te veo el lunes por la mañana en el plató, temprano, sobre las ocho». ….1ºq

 

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