Sylvie Simmons retrata en ‘Soy tu hombre’ a un poeta, un genio, al autor de ‘Susanne’ y ‘So long, Marianne’. Al ganador del Príncipe de Asturias de las letras en el 2011. A este cantante de voz rasgada al que siempre acompañan un traje y un sombrero.

 

a continuación el primer capítulo de su biografía.

Nacido con traje

El chófer se desvió de la carretera principal a la altura de la sinagoga que ocupaba casi toda la manzana, dejó atrás la iglesia de San Matías, en la esquina opuesta, y subió por la colina. En la parte de atrás del automóvil viajaban una mujer -veintisiete años, atractiva, de facciones marcadas, vestida con elegancia- y su hijo recién nacido. Las calles por las que pasaban eran hermosas y bien trazadas, con árboles perfectamente alineados.

Grandes casas de ladrillo y piedra, que bien podrían derrumbarse bajo el peso de su presunción, parecían flotar sin esfuerzo en las laderas. Aproximadamente a mitad de la cuesta el conductor tomó una calle transversal y se detuvo frente a una casa situada al final de la calle, en el 599 de la avenue Belmont. Era una casa grande de estilo inglés, sólida y de aspecto solemne, cuyo ladrillo oscuro quedaba suavizado por una galería enmarcada de blanco en la parte delantera, y en la trasera por el parque Murray, unos catorce acres de césped, árboles y arriates, con unas magníficas vistas del río San Lorenzo a un lado y del centro de Montreal al otro. El chófer se bajó del coche y abrió la puerta de atrás, y Leonard hizo su entrada por los blancos escalones delanteros en el hogar familiar.

Leonard Norman Cohen nació el 21 de septiembre de 1934 en el hospital Royal Victoria, una mole de piedra gris situada en Westmount, un barrio acomodado de Montreal, Canadá. Según los registros, fue a las 6.45 de la mañana de un viernes. Según la historia, ocurrió a mitad de camino entre la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Echando la cuenta, Leonard fue concebido entre el final de la Hanucá y la Navidad, durante uno de los inviernos subárticos que su ciudad natal lograba alumbrar con tanta regularidad como brío. Se crió en una casa de trajes. Nathan Cohen, el padre de Leonard, era un próspero judío canadiense que tenía un negocio de ropa de calidad. La Freedman Company era conocida por sus trajes de etiqueta, y a Nathan le gustaba vestir con elegancia hasta en los actos informales. En el atuendo, como en las casas, prefería el elegante estilo inglés, que lucía acompañado de polainas y atenuaba con una flor en el ojal, y, cuando su mala salud lo hizo necesario, con un bastón de plata.

Masha Cohen, la madre de Leonard, era dieciséis años menor que su marido, judía de ascendencia rusa e hija de un rabino, y había inmigrado hacía poco a Canadá. Se casó con Nathan no mucho después de su llegada a Montreal, en 1927. Dos años más tarde daba a luz a la primogénita de sus dos hijos, Esther, la hermana de Leonard.

Las primeras fotografías de Masha y Nathan lo muestran a él como un hombre fornido, de rostro y espalda cuadrados. Ella, más delgada y una cabeza más alta, es, en cambio, toda círculos y curvas. La expresión del rostro de Masha es a la vez infantil y regia, mientras que Nathan aparece rígido y taciturno. Aun cuando no fuera esa la pose adecuada ante la cámara para un cabeza de familia de la época, sin duda Nathan era más reservado, y más anglicanizado, que su cálida y emocional esposa rusa. De bebé, Leonard -rechoncho y de rostro cuadrado- era la viva imagen de su padre, pero conforme fue creciendo adquirió la cara en forma acorazonada de su madre, su espeso cabello ondulado y sus ojos profundos, oscuros y caídos. De su padre heredó la estatura, la pulcritud, la decencia y la afición a los trajes; de su madre, el carisma, la melancolía y la música. Masha siempre cantaba cuando andaba por casa, en ruso y en yidis más que en inglés, viejas canciones populares sentimentales que había aprendido de niña.

Cantando con una buena voz de contralto, y acompañada de violines imaginarios, pasaba de la alegría a la melancolía y viceversa. Leonard la calificaría de «chejoviana». «Reía y lloraba con toda el alma», diría Leonard, una emoción seguía a la otra en rápida sucesión. Masha Cohen no era una mujer nostálgica, no hablaba mucho del país que había dejado atrás, pero llevaba su pasado en forma de canciones.

Los residentes de Westmount eran anglocanadienses protestantes acomodados, de clase media alta, y judíos canadienses de segunda o tercera generación. En una ciudad absolutamente marcada por la división y la separación, se metía en el mismo saco a judíos y protestantes por la sencilla razón de que no eran ni franceses ni católicos. Antes de la denominada «revolución silenciosa» de Quebec, en la década de 1960, y antes de que el francés se convirtiera en la lengua oficial de la provincia, los únicos franceses en Westmount eran los empleados domésticos. Los Cohen tenían una criada, Mary, aunque era católica irlandesa. También tenían una niñera, a la que Leonard y su hermana llamaban Nursie, y un jardinero negro llamado Kerry, que asimismo hacía las veces de chófer de la familia. (El hermano de Kerry desempeñaba el mismo trabajo en casa del hermano pequeño de Nathan, Horace.) No es ningún secreto que Leonard tuvo un origen privilegiado. Nunca ha negado que nació en la parte rica de la ciudad, nunca ha renunciado a su educación, renegado de su familia, cambiado de nombre ni pretendido ser alguien distinto de quien era. Pertenecía a una familia adinerada, aunque sin duda las había más ricas en Westmount. A diferencia de las mansiones de Upper Belmont, la casa de los Cohen, aunque grande, era semiadosada, y su coche, aunque conducido por un chófer, era un Pontiac, no un Cadillac.

Pero lo que tenían los Cohen, y muy pocos llegaban a igualar, era prestigio social. La familia en la que nació Leonard era distinguida e importante, una de las familias judías más prominentes de Montreal. Los antepasados de Leonard habían construido sinagogas y fundado periódicos en Canadá. Habían financiado y presidido una dilatada lista de sociedades y asociaciones filantrópicas judías. El bisabuelo de Leonard, Lazarus Cohen, fue el primero de la familia que llegó a Canadá. En Lituania, que cuando él nació, en la década de 1840, formaba parte de Rusia, Lazarus había sido profesor en una escuela rabínica de Wylkowyski (hoy Vilkaviškis), una de las más rigurosas yeshivot del país. Cuando rondaba la veintena dejó a su esposa y a su hijo de corta edad para probar fortuna. Tras una breve estancia en Escocia, cogió un barco rumbo a Canadá y recaló en Ontario, en una pequeña población llamada Maberly, donde a fuerza de trabajo logró pasar de mozo en un almacén de madera a dueño de una empresa de carbón llamada L. Cohen and Son. El hijo era Lyon, el futuro padre de Nathan, a quien Lazarus mandó a buscar, junto con su madre, dos años después. Con el tiempo la familia se trasladó a Montreal, donde Lazarus se convirtió en el presidente de una fundición de latón y creó una próspera empresa de dragados.

Cuando en 1860 Lazarus Cohen llegó a Canadá, la población judía del país era minúscula. A mediados del siglo xix había menos de quinientos judíos en Montreal, mientras que a mediados de la década de 1880, cuando Lazarus asumió la presidencia de la sinagoga de la congregación Shaar Hashomayim, eran más de cinco mil. Los pogromos rusos habían provocado una oleada de inmigración, de modo que a finales del siglo XIX su número se había duplicado. Montreal se convirtió en la sede de la comunidad judía canadiense, y Lazarus, con su larga barba blanca de aspecto bíblico y su cabeza descubierta, era una figura conocida en su comunidad. Además de construir una sinagoga, Lazarus fundó y dirigió varias organizaciones para ayudar a los colonos y futuros inmigrantes judíos, e incluso llegó a viajar, en representación de la Asociación de la Colonización Judía de Montreal, a Palestina (donde compró tierras ya en 1884). El hermano pequeño de Lazarus, el rabino Tzvi Hirsch Cohen, que se unió a él en Canadá poco después, se convertiría en el gran rabino de Montreal.

En 1914, cuando Lyon Cohen sucedió a su padre en la presidencia de Shaar Hashomayim, la sinagoga podía enorgullecerse de ser la mayor congregación de una ciudad cuya población judía sumaba alrededor de cuarenta mil personas. En 1922, al quedarse pequeño el viejo local, la sinagoga se trasladó a un nuevo edificio en Westmount que ocupaba casi una manzana entera, a solo unos minutos colina abajo de la casa de la avenue Belmont. Doce años después, Nathan y Masha añadían a su único hijo varón al «registro de nacimientos de la corporación de judíos ingleses, alemanes y polacos de Montreal» de la sinagoga, dando a Leonard su nombre judío de Eliezer, que significa «Dios es mi auxilio».

Lyon Cohen fue, como su padre, un empresario de gran éxito, concretamente en los sectores de la ropa y los seguros. También siguió los pasos de Lazarus en el servicio a la comunidad, y cuando todavía no había cumplido los veinte años fue nombrado secretario de la Asociación Anglojudía. Más tarde pasaría a fundar un centro comunitario judío y un sanatorio, y dirigiría campañas de ayuda a las víctimas de los pogromos. Lyon ocupó asimismo altos cargos en el Instituto Barón de Hirsch, la Asociación de la Colonización Judía y la primera organización sionista de Canadá.

Viajó al Vaticano en representación de su comunidad para entrevistarse con el Papa y fue cofundador del primer periódico anglojudío de Canadá, The Jewish Times, en el que colaboró con algún que otro artículo. Además, a los dieciséis años había escrito una obra de teatro titulada Esther, que produjo él mismo y en la que también actuó. Leonard no conoció a su abuelo -tenía dos años cuando Lyon murió-, pero siempre sintió un fuerte vínculo con él, que se fue intensificando con el paso de los años. Los principios de Lyon, su ética del trabajo y su creencia en «la aristocracia del intelecto», como él la denominaba siempre, encajaban muy bien con las convicciones de Leonard.

Lyon fue también un leal patriota canadiense, y cuando estalló la Primera Guerra Mundial organizó una campaña de reclutamiento para animar a los judíos de Montreal a alistarse en el ejército canadiense. Los primeros en enrolarse fueron sus hijos Nathan y Horace (el tercero, Lawrence, era demasiado joven). El teniente Nathan Cohen, número 3.080.887, fue uno de los primeros oficiales judíos del ejército canadiense. A Leonard le gustaba ver las fotos de su padre en uniforme. Sin embargo, tras regresar de la guerra Nathan sufriría períodos recurrentes de mala salud que le dejarían cada vez más inválido. Es posible que por eso Nathan, pese a ser el primogénito del primogénito, no siguiera la tradición familiar de ejercer la presidencia de la sinagoga ni de muchas otras actividades. Aunque en teoría era el presidente de la Freedman Company, el negocio lo dirigía en gran medida su hermano Horace. Tampoco era un intelectual ni un erudito religioso como sus antepasados. Las estanterías de madera oscura de la casa de la avenue Belmont albergaban una impresionante colección encuadernada en piel de las obras de los grandes poetas ingleses -Chaucer, Wordsworth, Byron-, que había sido el regalo de bar mitzvá de Nathan, pero sus lomos permanecieron intactos hasta que Leonard los cogió para leerlos. Nathan -diría Leonard- prefería el Reader’s Digest, pero «su corazón era cultivado; él era un caballero».

En cuanto a la religión, Nathan era «un judío conservador, nada fanático, sin ideología ni dogma, cuya vida se componía puramente de hábito doméstico y vínculos con la comunidad». En casa de Nathan no se hablaba de religión, ni se pensaba en ella siquiera. «No se mencionaba más de lo que un pez menciona la presencia del agua.» Simplemente estaba ahí, en su tradición, en su gente.

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