Recordando a Octavio Paz, hoy se cumple una nueva fecha de su fallecimiento.

Octavio Paz es el poeta mexicano más prestigiado y controvertido de la segunda mitad del siglo XX. Nace en la ciudad de México en 1914, cuando el país se encuentra en plena lucha revolucionaria. Pasa parte de su niñ ez en los Estados Unidos y en su vida adulta vive en Francia y la India debido a su actividad como diplomático mexicano. Es galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1990. Muere en la ciudad de México en abril de 1998.

Su vida familiar se polariza entre dos figuras: su abuelo Irineo Paz, escritor, intelectual y allegado al gobierno de Porfirio Díaz y, su padre, Octavio Irineo Paz, simpatizante de la Revolución Mexicana y cercano a Emiliano Zapata.

La vida y la obra de Paz fueron y son motivo de atención y crítica.

El Premio Nobel

En 1990, Octavio Paz es galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Tal distinción remueve celos y orgullos. La figura de Paz alcanza dimensiones megatónicas en el mundillo intelectual mexicano y latinoamericano; más en el primero. Se radicalizan los bandos en pacianos y antipacianos. Se le venera y denosta al mismo tiempo, pero nadie lo ignora. Todo aquel que desea crecer busca su cobijo nobélico o se declara en franca rebeldía antipaciana. A muchos, su actitud les rinde frutos.

En el texto que Octavio Paz lee en la ceremonia de recepción del Premio Nobel, plantea varias vertientes de reflexión. A mi juicio destacan tres: la aparición en el siglo XX de “las literaturas de América”; la búsqueda de la modernidad, y, el probable fin y mutación de la Edad Moderna.

Al inicio de su discurso, Octavio Paz asegura que las “lenguas son realidades más vastas que las entidades políticas e históricas que llamamos naciones”. Con ello, Paz, por ser un autor en lengua española, pretende hacer suya la tradición que ésta alberga; de tal suerte, que ya no es un poeta y ensayista mexicano del siglo XX, sino un heredero y continuador de los hombres que pretenden hacer, de la literaria, una tradición transcontinental y una continuidad histórica. Con esta interpretación, Paz se suma a una historia que incluye a los poetas y escritores de mayor influjo en lengua española. Asimismo, se ubica como partícipe del renacimiento americano de la literatura en el siglo XX, que abarca desde el Modernismo dariano con que se abre el siglo, hasta las manifestaciones de antecedente surrealista que con diversos nombres florecieron en América y que ahora moribundas asoman sus cuencas vacías al siguiente milenio. Por ese hecho, Paz ya no es temporalidad de hombre sino historicidad literaria americana. En él se cumple su sentencia: “La gran novedad de este siglo, en materia literaria, ha sido la aparición de las literaturas de América”, acto que, para cumplirse, demanda la aparición de los escritores americanos de este siglo.

En lo tocante a la Modernidad, Paz dirá en su discurso Nobel: “quería ser (un poeta) de mi tiempo y de mi siglo. Un poco después esta obsesión se volvió idea fija: quise ser poeta moderno. Comenzó mi búsqueda de la modernidad”.

Como tantos antes y ahora, Paz se sumerge en el concepto de modernidad para explicarse su temporalidad y sentido histórico; como ellos, al poco descubre que la modernidad es un concepto atemporal, ageográfico y ahistórico y, por ello, multivalente. Al percatarse de la mutabilidad que tiene implícita el término “modernidad”, Paz lo define como un “concepto equívoco”. Creo que su definición no es precisa, pues el concepto define un acción evolutiva y por ello cambiante y nunca fija. Modernidad y moderno, no califican una época sino una acción, acaso una intención: la evolución como norma del sentido. Mayor acierto logra Paz al asegurar que:

La modernidad es una palabra en busca de su significado[…] La modernidad ha sido una pasión universal. Desde 1850 ha sido nuestra diosa y nuestro demonio. En los últimos años se ha pretendido exorcizarla y se habla mucho de la «postmodernidad». ¿Pero qué es la postmodernidad sino una modernidad aún más moderna?

Destaca en la reflexión de Paz que, buscando la modernidad, retrocede hacia los orígenes. Con ello afirma la teoría de la continuidad en la que para existir un presente y, por ende, un futuro, debió haber un pasado. Adquiere, así, sentido su historia en la Historia; es un hombre porque hubo hombres; es y será poeta porque antes de él existieron los poetas y la poesía. No es una isla sino un continente que por momentos está aparentemente separado por los mares, pero en el fondo y esencia del ser se continúa, conjurando la soledad. Al final no está solo. La modernidad no lo rebasa, lo acuna e impulsa hacia lo permanente.

El probable fin y mutación de la Edad Moderna se me presenta como un reto reflexivo de alta densidad.

Octavio Paz cuestiona el concepto de “postmodernidad” considerándolo inadecuado pues designa una “modernidad más moderna”, cosa imposible por tautológica. De ahí que al sugerirnos el fin y la mutación de la Edad Moderna, no pretende señalarnos tan sólo el derrumbe de una época, sino también la necesidad de una reconceptualización del futuro, comenzando con una redimensión del lenguaje. “La crítica del mundo comienza con la crítica del lenguaje”, dice en alguno de sus textos, señalando la íntima relación entre la lengua y las acciones humanas. Con ello parece decirnos: “somos lo que decimos; el decir impulsa el hacer”. Pero ¿llegamos al final de una época lingüística? ¿Se ha agotado el lenguaje de ésta época y necesitamos otro? ¿Todo esto nos lleva necesariamente a una mutación? Para entender, necesito hablar sobre la vida de la lengua.

No hay duda que las lenguas son vida, entendida ésta como un proceso dinámico compuesto de varios estratos y diferentes funciones que se complementan. Entre los estratos se encuentra un núcleo sólido formado por las palabras que designan a las cosas perennes e inmutables y la forma básica en que las combinamos para formar oraciones. “Árbol” o la esencia de los conceptos: sujeto, verbo y predicado, no se vería afectada por una crítica del lenguaje como la propuesta por Paz, puesto que ésta no se refiere a lo función utilitaria de la lengua. Paz se refiere al valor conceptual, a la significación y sentido que le atribuimos a aquellas acciones que nos permiten ser.

Entendida así, una crítica del lenguaje nos obligaría a redefinir los contenidos y alcances de la lengua hecha reglas y normas para la convivencia. Un buen ejemplo de esto lo constituye el concepto “democracia”.

Nadie en su sano juicio considera condenable a la democracia; sin embargo, son diversas sus interpretaciones y limitados sus alcances. Criticar, es decir, sopesar las interpretaciones y limitaciones del concepto en la práctica, es lo que interpreto de la propuesta de Paz. La humanidad, para subsistir, necesita de compromisos y estos de conceptos que funcionen como pilares de aquéllos. Algunos de los conceptos detrás de los compromisos humanos se han deslavado y necesitan reemplazo. Paz lo ejemplifica con el concepto “progreso” como motor del “bienestar colectivo”. No hay duda que hubo una época en que se creyó, a pie juntillas, en la íntima relación que existía entre progreso y bienestar colectivo. Hoy, el “progreso”, alma y motor de la industrialización, ha resultado en un cada vez más dudoso bienestar colectivo y en un creciente deterioro de los equilibrios naturales del planeta. Este ejemplo sirve de paradigma para todos los campos de interés del hombre.

En este sentido, no sólo encuentro válida, sino atinada la propuesta de Paz en su discurso.

 

Fragmento de texto, tomado de: http://www.latinartmuseum.com

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