Por Víctor J. Maicas, periodista y escritor

Zigzagueando al son que marca su gran río, el casco antiguo de la ciudad de Oporto se presenta al viajero como una amalgama de sugerentes estampas.

Declarado Patrimonio de la Humanidad, el centro histórico de esta bella población nos ofrece la oportunidad de contemplar en todo su esplendor hermosos edificios como su Catedral (la Sé) o el gran Palacio de la Bolsa, así como también rincones con un encanto especial como la Rua das Flores (calle de las flores) o la Praça de Ribeira, un lugar desde donde se puede observar una bella panorámica del espectacular Puente de Luis I que, por cierto, atraviesa el Duero para conducir nuestros pasos hasta el barrio de Vila Nova de Gaia, ese rincón de la ciudad en donde se sitúan un sinfín de bodegas cuya razón de existir es la elaboración del producto más preciado de la zona: el vino de Oporto.

Calle Rua das Flores

El puente Luis I y el Duero

Por supuesto, no estaría de más que en su viaje degustaran el brebaje preferido del dios Baco mientras reconfortan su estómago con diferentes delicatesen en materia gastronómica como el bacalao, el pulpo o la típica “francesinha” (un contundente bocadillo típico de la zona con carne asada, jamón, salchicha con queso fundido, un huevo frito y todo regado con una deliciosa salsa de cerveza). Aunque eso sí, dejen espacio en su estómago para saborear su famoso pastelito de “nata” (aunque en realidad es de crema, el mismo que en Lisboa se denomina de Belém).

la típica “francesinha”

Pero son tantos los recovecos, callejuelas y hermosos edificios los que les esperan en Oporto, que lo ideal sería que se marcaran unas cuantas rutas para intentar aprovechar mejor su tiempo. Una de ellas consistiría, una vez admirada ya la Sé con sus correspondientes callejuelas así como también la zona de Ribeira anteriormente mencionada (en donde en su deambular ya habrán descubierto otras hermosas edificaciones como la Iglesia de San Francisco, la de la Misericordia o la Casa del Infante), en que fijaran sus pasos sobre los adoquines de la zona alta de la ciudad comprendida entre la comercial Rua Santa Caterina (repleta de comercios y cafeterías con encanto como “El Majestic”) y el Jardín de Cordoaria, ya que en sus dominios encontrarán la elegante Avenida Dos Aliados con el bello edificio del Ayuntamiento presidiéndola en uno de sus extremos.

Rua Santa Catarina – Porto

Edificio del Ayuntamiento – Oporto

Por supuesto, en las inmediaciones de esta avenida, tanto a derecha como a izquierda, descubrirán singulares recintos como el Mercado de Bolhao o la curiosa Praça de Lisboa. Evidentemente, y como no podría ser de otra forma en una ciudad tan antigua, en  su caminata también hallarán numerosas iglesias como la de las Carmelitas, la de los Clérigos (con su espectacular torre), la del Carmo o la de San Ildefonso, las cuales son todo un regalo para nuestras pupilas por los bellos azulejos con las que están decoradas en su fachada exterior algunas de ellas. ¡Ah!, y en este sentido, no olviden tampoco adentrarse en el vestíbulo de la estación ferroviaria de Sao Bento para admirar, precisamente, la hermosura de sus azulejos. Evidentemente, tampoco estaría de más que fuesen callejeando y dejándose llevar por el paisaje urbano de esta zona y sus alrededores para descubrir el pequeño barrio judío (situado muy cerca del Jardín de Cordoaria) así como también todas esas callejuelas que de una u otra forma les conducirán de nuevo a la parte baja de la ciudad,  a las mismas orillas del majestuoso Duero.

Praca de Lisboa, Porto

Iglesia de San Ildefonso de Oporto

Y bueno, si disponen de más tiempo, les aconsejo que se relajen en los bellos jardines del Palacio de Cristal desde donde podrán observar unas magníficas panorámicas de la ciudad. Igualmente, les recomiendo también recorrer toda la ribera del río hasta llegar al fuerte de San Francisco Javier (más conocido como el Castillo del Queso), pues en su deambular descubrirán hermosas playas y cómo y de qué forma el río Duero se funde con el mar (si están cansados y no les apetece caminar varios kilómetros, una buena opción es coger el autobús 500 puesto que les conducirá desde la céntrica Avenida de los Aliados hasta el mencionado “Castelo do Queijo” recorriendo toda la ribera).

Jardines del Palacio de Cristal

Castelo do Queijo – Porto

 

Sin lugar a dudas, y como siempre suele suceder en cualquier hermosa ciudad, son muchos más lugares los que podrán descubrir al visitar Oporto, como por ejemplo los jardines y el museo de Serralves, la moderna “Casa da Música” o pequeños y pintorescos barrios como el de Foz do Douro o Afurada, pero eso ya forma parte de su iniciativa y de las ganas de descubrimiento que en ese momento tengan.

Buen viaje y, como siempre, que disfruten de lo todavía “no conocido” y de la amabilidad que sin duda les ofrecerán de forma desinteresada los habitantes de esta sugerente ciudad llamada Oporto.

Texto publicado en http://losojosdehipatia.com.es

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