Woodland Prayer (Bosque de oración), 1915. colección privada

Los paisajes de Egon Schiele son mosaicos donde cada tesela cobra vida propia, la distancia entre lo figurativo y lo abstracto se desvanece y su paleta desarrolla los matices más profundos.

House on a River (casa en el río), también conocida como Old House I, 1915, Museo Leopold

La línea expresiva de Schiele cobra una dramática profundidad en sus paisajes. El motivo se altera en un caleidoscopio de  formas que giran y perspectivas que se aplanan, con un desplazamiento de la percepción cada vez más evidente a medida que su estilo madura. Si al principio, al calor de la Secesión vienesa, básicamente son los colores los que se alteran, con el tiempo el proceso se hace cada vez más personal, distorsionando formas, omitiendo otras y reordenando la escena.

Casas de lavandería, 1914, col privada

Egon Schiele – House with Shingle Roof (Old House), 1915

Este proceso es muy visible en paisajes localizables y especialmente en aquellos que retoma a lo largo de los años. Por ejemplo Krumau, bellísima localidad medieval de Bohemia, la ciudad natal  de su madre que ejerció una atracción mágica sobre Schiele. Había hecho estudios de este paisaje desde la infancia, en pequeño formato. En 1911 decide mudarse allí para impregnarse del paisaje y pintarlo. Sólo duró unos meses, su carácter rebelde y poco convencional le enfrentó con todo el vecindario, que le invitó a hacer la maleta precipitadamente. Años después volvería a pintar aquellos paisajes de memoria y en ese proceso el natural pierde ya cualquier relevancia. Los motivos de Krumau siguen siendo reconocibles, pero con una dimensión cada vez más espiritual, que le acerca a la abstracción: expresividad total del color y formas geométricas que se suceden y superponen… como en un mosaico.

Campo de Flores, 1910, col privada

El puente, 1913, col privada

Krumau Town Crescent, 1915. Museo de Israel

Alguno de los paisajes más bellos, sugerentes y misteriosos de Schiele son sus pinturas de árboles, en especial la serie que pintó en 1912, la mayor parte de la cual se encuentra en colecciones privadas. Contienen los dos elementos básicos de su obra: la pose y el movimiento, porque  sus formas retorcidas son fascinantes retratos de la alienación humana, en su búsqueda de su propia identidad y su lugar en la sociedad. No busquen exuberantes paisajes de primavera, sino luz otoñal, tenue y llena de matices, en una manifestación sutil e insospechada de nuevos colores.

En la actualidad, principalmente observo el movimiento físico de las montañas, agua, árboles y flores. Me recuerdan movimientos del cuerpo humano, son impulsos similares de alegría y sufrimiento en las plantas” escribió. Y en una carta a Franz Hauer “Cuando uno ve un árbol otoñal… es una experiencia intensa que involucra todo mi corazón y mi ser;  y quiero pintar esa melancolía“. Con pinceladas ligeras,  Schiele creada un verdadero estudio psicológico en cada uno de sus árboles.

 

 

Autumn tree in the wind Schiele.jpg

Winter trees, 1912, col particular

Four trees, 1917

Artículo publicado en http://www.galeriasdeartebarcelona.com/

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