Autora: Laura Restrepo

 

CREO que debió servirse un trago: como todo señor de mundo, Luis C. Campos C. —llamado desde los días del colegio Luicé Campocé— tenía en su oficina una neverita con hielo, soda, ¿aceitunas y cerezas marrasquino?, lo necesario para servirse un trago cuando algo lo inquietaba. Se reclinó en su poltrona de cuero, desvencijada pero imponente, heredada de don Luis C. Campos padre, y la hizo girar hacia los cerros que espejeaban al otro lado del ventanal, para perder en ellos la mirada. Aunque «perder» sea sólo un decir porque, a diferencia de mí, él era el tipo de hombre que siempre gana.

Supongo que le sudaron las manos, síntoma inoportuno para nuestra edad y que no le sucedía desde la sesión de clausura en que recibimos de los jesuitas nuestro diploma de bachilleres. Podría jurar además que tan pronto colgó el teléfono sintió correr por su despacho, irreverente y resucitado, el viento limpio de esa primavera romana de hacía cuarenta años, que de buenas a primeras regresaba a desordenarle los papeles del escritorio y a alborotarle las canas. Debió hacerle gracia semejante revuelo a estas alturas de la vida: hombres como él no se despelucan con frecuencia. Frenó con una señal brusca de la mano a una secretaria solícita que pretendía interrumpirlo para que firmara alguna cosa: indicio inequívoco de que no quería que se dispersara la inesperada tremolina de recuerdos.

La voz femenina de acento incierto que acababa de escuchar por larga distancia había despertado en él un hormigueo de tiempos idos que aplazaba la urgencia de los negocios del día, invitándolo a interrumpir esa implacable rutina de lugares comunes y gestos calculados que garantiza el diario bienestar de la gente como él.

Me confesó después que en ese momento tuvo que hacer acopio de todo su poder de concentración para arrinconar al ratón hambriento que desde hacía un tiempo roía el queso blando de su memoria. Quería recomponer el escenario para ubicar esa voz de mujer: recuperar cada instante, cada olor, cada tonalidad del cielo…

Fracasó desde luego en el intento. Volvió a esforzarse, ya sin tanta pretensión: si pudiera rescatar al menos algún olor, un color siquiera, ¿del cielo?, ¿del vestido de ella? De sus grandes ojos verdes… Porque eran grandes y eran verdes, de eso estaba seguro, aunque era posible que tiraran a amarillo. No pudo acordarse de nada en concreto, pero sí, dichosamente, de todo en abstracto, y con eso tuvo suficiente para seguir volando en la cálida sensación de vitalidad que le había llegado por el cable del teléfono.

Fotografías cuidadosamente alineadas sobre el escritorio —en pesados marcos de plata, añadiría yo— desde las cuales le sonreían con cariño su esposa, sus hijos y sus nietos, intentaban recordarle cuan lejana y perdida estaba aquella primavera; cuánta vida buena, digna y esforzada había corrido desde esa remotísima temporada romana cuando aún estaba soltero. Él les devolvió la mirada con afecto infinito (porque amaba a su familia, de eso soy testigo) y les pidió disculpas por el momentáneo aplazamiento: en ese instante de inspiración no podía atenderlos; le resultaba indispensable borrar toda interferencia.

No puedo yo —y creo que tampoco podría él— precisar con claridad la secuencia de impulsos que lo habían llevado a marcar, después de cuarenta años, el indicativo internacional, el prefijo de Suiza, el 31 que comunica con Berna y finalmente el número telefónico de ella. Muchas veces me he preguntado por qué la llamaría justamente ese día, si hasta el anterior ni se le había pasado por la cabeza hacerlo. ¿Por qué de repente volvía a sentirla indispensable y cercana, si cuatro decenios de buen matrimonio con otra mujer admirable habían hecho que, hasta ahora, sólo en las veladas del Automático la recordara?

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s