El Matrimonio Arnolfini por Jan van Eyck / imagen Dominio Público

Históricamente, los matrimonios por amor se daban casi exclusivamente en los cantares y la literatura; una boda era algo demasiado serio como para celebrarla por algo tan etéreo y esto valía sobre todo para las familias reales, las nobles y las adineradas por aquello de las alianzas y tal, pero también se daba entre las clases populares donde un buen casamiento podía significar salir de la pobreza o, cuando menos, mejorar bien económica, bien socialmente (o ambas).

Es decir, se trataba de un negocio esencialmente, en el que la novia aportaba una dinero, la famosa dote, que debía servir para colaborar en el mantenimiento de la vida conyugal, ya que ésta, en el día a día, correría a cargo del esposo. Sin embargo, no todas las culturas se ceñían a estas características y en algunas ese aporte era mutuo o incluso masculino.

En efecto, hay toda una tradición en la que es la familia del novio la que asume esa costumbre, técnicamente denominada excrex. Se practica en ciertas regiones de Asia (más concretamente de India y China), África y, sobre todo, el mundo musulmán. En este último caso recibe el nombre de mahr o sadaq y tiene su base jurídica en el Corán, en el versículo 4 de la sura An-Nisa dedicada a la mujer.

Se incluía explícitamente en el contrato prematrimonial, llamándose mahr al-musamma, que significa dote asignada; si no se explicitaba, pasaba a concocerse como mahr al-misl, es decir, dote tasada, que iba en función de la clase social a la que se pertenecía. Algunos países como Turquía han eliminado el mahr de la legislación, dejándolo en un simple regalo voluntario. Pero en otros como Irán sigue vigente en su código civil.

Queen of Brigands, cuadro de Frederick Arthur Bridgman / Dominio Público
Queen of Brigands, cuadro de Frederick Arthur Bridgman / Dominio Público

La explicación es sencilla: el mahr constituye una especie de seguro de vida para la mujer en el caso de que se quede viuda, pues por ley sólo puede heredar una cuarta parte de los bienes conyugales y el mahr sí lo recibiría íntegro, o que se produzca un divorcio, ya que en este segundo supuesto no suele tener derecho a las propiedades de su marido.

La cuantía de esa dote masculina varía en función de una serie de factores como la edad del marido, su riqueza y la de su familia, su belleza, sus valores éticos y espirituales, su virginidad o incluso los regalos que hayan aportado sus hermanas, entre otros. En general, ofrecer un mahr elevado sirve para presentarse como un buen partido y eliminar rivales a la mano de la amada; exigirlo también obedece a unas razones concretas -aparte de las mencionadas antes-, como persuadir de un posible divorcio, disponer de medios económicos para tener una vida más o menos independiente en caso de ser ella misma quien solicite divorciarse, mantener a los hijos en caso de separación, etc.

Ahora bien, el mahr no es el único caso de dote masculina. También se daba en algunos sitios de Europa, ya que, al igual que el caso anterior, se fundamenta en reseñas de los libros sagrados, la Biblia y el Talmud. En España, por ejemplo,aragoneses y catalanes tenían una variedad denominada escreix (creces), también conocida como décima.

El escreix se define como una donación -no está claro si voluntaria u obligatoria- hecha por el esposo a su mujer en atención a su virginidad y otras cualidades personales, de forma muy similar a lo que dictaba la donatio ante nuptias del Derecho Romano; de hecho, en Tortosa se la llamaba donació per nupcies.

Unequal, cuadro de Quentin Masas / imagen Dominio Público
Unequal, cuadro de Quentin Massys / imagen Dominio Público

Dicen los expertos que la dote masculina europea tiene un origen diferente almahr, ya que se sitúa en la tradición del Derecho Germánico medieval plasmado en el morgengabe o matutinale donum (donación de la mañana, nombre que venía de que se la daba el marido a la esposa la primera mañana tras la noche de bodas, a manera de premiun virginitatis, es decir, un premio tras haber comprobado su virginidad).

Algunos autores opinan que fueron los visigodos quienes introdujeron esa costumbre en la Península ibérica y, por tanto, origen de la refrerida versión local; pero otros lo consideran improbable, al menos de manera general, porque el derecho visigótico se refería exclusivamente a ese pueblo, entendido como estamento social. En cualquier caso, el morgengabe persiste como curiosidad histórica y antropológica en algunos rincones de Austria.

 

 

Agradecemos el presente material a: http://www.labrujulaverde.com/

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