Autor: Víctor Hugo

las-espigadoras-millet

Es la hora solemne del crepúsculo.
Bajo la parra del portal sentado,
miro el fulgor postrero que ilumina
los últimos afanes del trabajo.

En la tierra, que tornan renegrida
la sombra nocturnal y el corvo arado,
conmovido contemplo a un achacoso
sembrador que a los surcos lanza el grano.

Sobre el mudo horizonte se destaca
el escueto perfil de aquel anciano,
que deja ver, al rayo del poniente,
sombra en sus ojos y en su cuerpo harapos.

Y siento, al ver cuál lanza la futura
mies bendecida entre los surcos anchos,
la fe, la fe profunda que él abriga
en el útil transcurso de los años.

Recorre la llanura ilimitada,
pasa, vuelve, prosigue. Los puñados
lanza, y torna a lanzar, de la simiente
entre la vaga oscuridad del llano.

Y yo, mudo testigo, lo contemplo
y medito a la vez… La noche en tanto
confunde, al empañar los horizontes,
la negra tierra con el negro espacio.

Y parece que el viejo pensativo,
al extender con majestad la mano,
arroja al infinito la semilla
que en el surco del cielo son los astros.

 

Arte: tableau Jean-François Millet les glaneuses

 

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