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“(…) Una mujer o un hombre que escribieran la verdad de su vida, escribirían una gran obra. Pero nadie se ha atrevido a escribir la verdad de su vida. Jean-Jacques Rousseau hizo este supremo sacrificio por la Humanidad: revelar la verdad de su alma, sus acciones y pensamientos más íntimos. El resultado fue un gran libro. Walt Whitman ofrendó su verdad a América. Su libro estuvo algún tiempo prohibido como “libro inmoral”, expresión que hoy nos parece absurda. Ninguna mujer ha dicho toda la verdad de su vida. Las autobiografías de las mujeres más famosas constituyen una serie de relatos de su existencia exterior, detalles y anécdotas livianos que no dan ninguna idea de su vida verdadera. Los grandes momentos de gozo o de tristeza quedan en silencio. (…)”.

ISADORA DUNCAN (Del libro ‘Mi vida’, Losada Ed., primera edición 1938)

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“La vida la rompió, pero nunca la redujo”, dice Fredrika Blair en el prefacio de su biografía sobre la bailarina y coreógrafa Isadora Duncan (San Francisco – EE UU, 1877 – Niza – Francia, 1927). “Sus nociones, metas y esfuerzos siempre mantuvieron un carácter heróico“.

En sus coreografías, con movimientos semejantes al vaivén de las olas del mar (su primera inspiración), imprimía el esfuerzo supremo sin que le importaran las consecuencias. Se mostraba ante los demás como el reflejo de lo que todos hemos sido antes de cortarnos las alas con el veneno de la razón.

Inventora del baile moderno, odiaba el ballet y consideraba anti-natura lo estricto de sus posturas y la deformación que las bailarinas se provocaban en los pies.

Isadora Duncan, revolucionaria de la expresión corporal, una mente libre en la sociedad victoriana.

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1. Joseph Charles Duncan, banquero y empresario, una figura pública de San Francisco, abandonó a su mujer Dora -30 años más joven- y a sus cuatro hijos cuando Isadora (la menor) contaba con cinco meses. Fue acusado de fraude bancario y más tarde encarcelado. La familia quedó en la ruina y Dora -amante de la música y la literatura- tuvo que ponerse a dar clases de piano, saliendo de casa al amanecer y volviendo tarde por la noche, para malvivir junto a sus niños. La madre de Isadora, de familia profundamente católica, se hizo un atea convencida.

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Isadora con sus hijos Deirdre y Patrick en 1912, un año antes del accidente

2. La niña que imitaba a las olas del océano Pacífico también era una ávida lectora. Su madre leía para ella y sus hermanos obras de notables escritores y filósofos. Abandonó el colegio en la preadolescencia, convencida de que no servía de nada memorizar el contenido de las asignaturas y sintiéndose la más pobre de la clase. Para llevar dinero a casa, comenzó a dar clases de baile a niños del barrio junto a su hermana Elizabeth.

3. Comenzó a bailar en Chicago haciendo contactos, pero ganando poco dinero. “No puedo ver las calles de Chicago sin experimentar un sentimiento enfermizo de hambre”, escribiría más tarde. Después le ofrecieron un pequeño papel en una pantomima de Nueva York: Mme. Pygmalion. Tuvo que pedir dinero para el billete de tren y durante más de un mes ensayó sin cobrar. En el descanso de mediodía Isadora no tenía dinero para comer y se escondía en las instalaciones para dormir y seguir ensayando después.

4. El éxito en el mundo del baile pasaba por plegarse a las exigencias del ballet, que Duncan rechazaba: “Lo considero falso y absurdo. Bajo los maillots bailan músculos deformes, bajo los músculos hay huesos deformes“. Sus intentos de triunfar ante el gran público terminaban en incomprensión por parte de los críticos, que consideraban un escándalo que bailara con vestidos vaporosos que dejaban los brazos y las piernas al descubierto con cada movimiento. Ante el rechazo, Duncan reunió dinero convenció a su familia para partir a Europa en 1899. En Londres y en París alcalzó la fama.

primera hada de ‘Sueño de una noche de verano’ de Shakespeare

5. Siempre enseñó danza, pero nunca siguiendo el estandar académico. No creía en las posturas mecánicas lejanos, en su opinión, del sentimiento. “Recordad siempre empezar los movimientos desde dentro. El deseo de hacer el gesto es lo primero”, decía a sus alumnos. Los pasos de Duncan eran sumamente sencillos, pero alcanzaban una tensión emocional que incluso hacía llorar a la audiencia. El escultor impresionista Auguste Rodin dijo de ella: “Su baile es simple y bello como la antigüedad”.

6. Uno de los pilares de su manera de bailar fue el arte clásico griego: imitaba las posturas de las heroínas y diosas de los bajos relieves y las esculturas. Incluso hizo un viaje de peregrinación a Grecia en 1903. Creía en la moira, los hechos que escapan a nuestro control, el destino fatal que marca con sucesos terribles la vida de los protagonistas de las tragedias griegas. Duncan en sus memorias comparaba sus desgracias a las de la familia de los Atridas, los descendientes de Atreo (rey de Micenas), que según la mitología griega fueron castigados por los dioses y destinados de manera inevitable a cometer crímenes dentro de su familia.

7. Fundó varias escuelas de baile, pero la de Grünewald (Alemania) fue la más ambiciosa. Era para niños que provenían de familias con apuros económicos. Vivían en el centro y recibían clases de todas las asignaturas que pudiera ofrecer un colegio. Las clases de baile las impartía Elizabeth, la hermana de Isadora. De las seis chicas con más talento del centro salió un selecto grupo que actuó con la artista entre 1905 y 1909. Anna, Irma, Lisa, Theresa, Erica y Gretel fueron bautizadas como las Isadorables por el poeta francés Fernand Divoire. En 1917 las seis chicas adoptaron el apellido Duncan.

Isadora con las seis 'Isadorables'
Isadora con las seis ‘Isadorables

8. Quiso ser madre soltera y tuvo dos hijos. Deirdre (1906) era hija del escenógrafo inglés Gordon Craig. Patrick (1910) era hijo de Paris Singer, hijo del magnate de las máquinas de coser Singer. Los dos murieron en un accidente de coche camino de Versalles junto con su niñera, cuando el vehículo se precipitó al Sena. El chofer se olvidó de poner el freno de mano cuando revisaba un problema mecánico en el motor.

9. Era bisexual. Se rumorea que tuvo un romance con la actriz Eleonora Duse, pero la poeta hispano-estadounidense Mercedes de Acosta, que también fue amante de Greta Garbo y Marlene Dietrich, fue uno de sus grandes amores.

10. Se casó a los 45 años, en 1922, con el poeta ruso Sergei Esenin, casi 20 años más joven que ella. El matrimonio duró más o menos un año: él no soportaba parecer “una posesión” de su mujer. Celoso de cualquier hombre que la mirara, protagonizó escenas violentas, cometió agresiones y destrozó habitaciones de hotel en un estado de ebriedad que comenzó a ser habitual. Esenin volvió a Moscú tras la separación y fue internado en un hospital psiquiátrico. Se suicidó en 1925, a los 30 años.

Un Amilcar como el que provocó la muerte de Duncan
Un Amilcar como el que provocó la muerte de Duncan

12. La muerte de Isadora Duncan fue propia del último acto de una tragedia griega de Eurípides, con la excepción del elemento moderno del automóvil. Llevaba uno de los grandes chales de seda con los que envolvía su cuerpo y parte del cuello. El final del hermoso pañuelo ondeaba al viento en el Amilcar francés en el que viajaba junto al conductor por la costa de Niza. El chal se enredó en el eje de una de las ruedas traseras del coche aplastando la laringe y rompiendo el cuello de la bailarina.11. En los últimos años de su vida sufrió graves problemas económicos. Con el suicidio de Esenin (del que no se había divorciado) le llegó una herencia que, aunque necesitaba, rechazó: no quería su dinero. Se sentía sola y olvidada por su familia y cargaba con el sufrimiento que le provocaba la pérdida de sus hijos. Durante muchos años le era dificil ver niños, sobre todo si eran muy pequeños. Duncan comenzó a beber y las juergas y la vida privada empezaron a llamar más la atención que su creatividad.

Tengo una imagen en la cabeza de la cual no me puedo zafar y me voy a valer de esta reflexión para contarla. mientras meditaba sobre qué escribir y recordaba las líneas leídas de “Mi vida” de Isadora Duncan, observé por la ventana a una mujer de cabellos grises, le calculo unos sesenta años por lo demacrada que estaba .  Me pregunté todo sobre ella: ¿quién era?, ¿de dónde venía?, ¿cómo había sido su infancia?, ¿sus padres?, ¿amantes?, ¿sería feliz?, ¿quién la lloraría?, ¿quién la besaría? No lo sé. Y traigo a mi memoria en estas líneas, porque no quiero que se pierda en el olvido, porque está viva y es una mujer como yo, solo que con un destino diferente.

Isadora ejemplifica lo que una mujer de fuertes convicciones hace al seguir su energía más intima sin importarle que diga el mundo a su alrededor. De líneas curvas y gruesas, su cuerpo buscó inspiración en los vasos griegos y guiada por el incansable movimiento del mar y la naturaleza creó una danza única, liberada de las normas del ballet y las leyes de la sociedad. Buscó su guía en lo más hondo de su ser, dejando un largo camino pare ser explorado por todas las generaciones que le precedieron en la danza y fuera de ella.

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Rebelde desde muy pequeña, caprichosa y honesta, tuvo una crianza poco usual para su época. Sin institutriz, desligada del pensamiento puritano católico y escuchando a su mamá al piano en las noches o recitando poesía, se forjaron en ella ideas que adelantaron su tiempo. Y tengo la certeza que si naciera en estos años, sería igual de incomprendida por muchos que valoran la moral y buenas costumbres, que exigen un buen tendu, o unos brazos premeditadamente relajados. A muchos de los más grandes artistas solo se les valora y comprende cuando se les ve en retrospectiva.

Isadora fue una asidua lectora, investigadora del movimiento, buscándose constantemente a sí y a su danza en el arte, la literatura, la poesía… rodeada de una realidad que abrió su mente al futuro. Frecuentó círculos de bohemios, intelectuales, artistas, poetas, personas de la alta sociedad, recorrió caminos poco usuales, viajando y mudándose constantemente con su familia, caminos que la llevaron a descubrir la danza del alma, de su alma, logrando transmitir en sus movimientos ondulantes y sueltos, eso vital que todo buen bailarín desea expresar, la conexión entre el cuerpo y el alma, el hombre como un solo ser, donde el cuerpo por entero habla, murmura o grita al oído sin escucharse nada.

Enamorada locamente de un buen movimiento, de una caricia, de un hermoso rostro, de un deleitante poema, exploró todo lo que ella deseaba dar de sí. Una mujer de muchos amantes, entregada a su madre, hermanos e hijos, desligada de lo ordinario para ser auténtica, danzando en vez de caminar, soñando en vez de dormir, viviendo sin descansar por lo que amaba, la danza. Ella da muestra de lo que uno es como mujer y puede dar de sí, que sin importar los caminos de la vida, de los sufrimientos y perdidas, se lucha por lo que dicta el ser interior, lo que aunque se lea fácil la mayoría de las mujeres nos quedamos a mitad de camino, disminuidas por el miedo, por la soledad, por la perdida.

Isadora conectó la vida y la muerte al mismo tiempo al expresar como esos dos gritos, al dar vida a un ser o al irse este, se convierten un solo momento, donde no hay ni futuro ni pasado, donde todo lo que se vive es un constante presente, un presente de incertidumbre, donde las más bellas emociones se separan del dolor y sufrimiento por un hilo. En punto en el que cada mujer, aunque no quiera, está a merced de la vida y su impredecible destino. No sé si se puede luchar por una vida mejor y libre o el destino ya está escrito o es parte y parte. Quizás hoy eres bailarina o estás en un semáforo pidiendo dinero, seas amante de infinidad de hombres o tal vez olvidada por el mundo.

Pero si sé una cosa, de lo cual estoy segura y por lo cual me identifiqué con aquella señora que miré por la ventana : que todas somos mujeres, con derecho de elegir vivir como dicte nuestro corazón. ¿No? Como ejemplo tenemos a Isadora Duncan, madre, hija, hermana, amiga, amante, bailarina… viviendo cada faceta de ella misma al máximo, sin poder reducirse a una sola, solamente al hecho de que fue -de que es- mujer.

 

Agradecemos el presente material a: https://hebearte.wordpress.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 thoughts on “La tragedia de ser Isadora Duncan

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