Autor: Graham Greene

s_319301-mlv20311543920_052015-o

 

“La solemnidad del crimen pesaba sobre su mente casi como una felicidad: aquello era acción por fin después de haber andado tanto tiempo confuso y a tientas. Colocó el paquete a salvo en su bolsillo y entró a la iglesia llevando su propia muerte. Una vieja estaba encendiendo un cirio delante de la estatua de la Virgen; otra permanecía sentada con su cesto del mercado junto a ella y las manos cruzadas contemplando el altar. El resto de la iglesia permanecía vacío. Scobie se sentó en la parte de atrás. No se sentía inclinado a orar. ¿ Para qué? Si uno era católico, conocía todas las respuestas y ninguna oración era eficaz en estado de pecado mortal. Observó, sin embargo, a las dos mujeres con envidia. Ellas eran todavía habitantes del país que él abandonó. He aquí lo que el amor humano le había hecho: le había robado al amor de la eternidad.”

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s