El 31 de marzo de 2015 se conmemoran ciento un  años del natalicio del único mexicano que ha sido reconocido con el Premio Nobel de Literatura; el poeta Octavio Paz.

1891

Octavio Paz –que desata por igual pasiones y rencores- es recordado en estos días como el “hechicero de la palabra”, no sólo por su aportación a la literatura universal con su poesía sino como un intelectual que a lo largo de su vida analizó y criticó la vida social, política y cultural de nuestro país y del mundo entero.

En esa línea, queda claro que su voz y su pensamiento fueron y serán un referente para todo aquel que pretenda opinar y analizar sobre la sociedad mexicana, incluso cuando quien acuda a su obra no simpatice del todo con sus ideas.

Los siempre citados Laberinto de la Soledad y El Ogro Filantrópico son lecturas obligadas para analistas, periodistas y comentaristas, y a lo largo de estos días han abundado las reseñas y comentarios a los artículos de Paz ahí compilados.

Pero eso no es todo, ya que uno puede encontrar más elementos de la ideología de Octavio Paz –y de sus posturas ante hechos como la matanza de 1968 o la crisis de 1994- en las entrevistas concedidas por el Nobel de Literatura a lo largo de su vida.

Es por eso que a continuación, compartimos algunos fragmentos de su análisis y pensamiento sobre México, la democracia y sus políticos –que parecen tan actuales-, recogidos en entrevistas realizadas por el periodista Julio Scherer y que fueron publicadas en el libro Encuentro: Octavio Paz y Julio Scherer, editado por el Fondo de Cultura Económica.

Sobre los intelectuales y el poder

“Es comprensible la obsesión de los intelectuales mexicanos por el poder. En nuestra escala de valores el poder está antes que la riqueza y, naturalmente, antes que el saber. Cuando los mexicanos sueñan con la gloria, se ven el pecho cruzado por la banda trigarante. No predico la abstención: los intelectuales pueden ser útiles dentro del gobierno… a condición de que sepan guardar las distancias con el príncipe. Gobernar no es la misión específica del intelectual. El filósofo en el poder termina casi siempre en el patíbulo o como tirano coronado. Los que mueren antes, como Lenin, tampoco se escapan: los embalsaman y los transforman en fetiches. El intelectual, ante todo y sobre todo, debe cumplir con su tarea: escribir, investigar, pensar, pintar, construir, enseñar. Ahora, la crítica es inseparable del quehacer intelectual. En un momento o en otro, como don Quijote y Sancho con la Iglesia, el intelectual tropieza con el poder. Entonces el intelectual descubre que su verdadera misión política es la crítica del poder y de los poderosos.”

Sobre la idolatría a los mesías

“… la ruptura con Neruda y otros fue total y dolorosa. Los debates de aquellos años –también los de ahora- pertenecen no tanto a la historia de las ideas políticas como a la de la patología religiosa. Se trata de un desplazamiento del objeto religioso: se pasa de la adoración a una divinidad a la de una idea y de ésta a la adoración de los sistemas y los jefes. Se termina en la androlatría, el culto a un hombre divinizado.”

Sobre las izquierdas …

“En México, sobre todo entre la izquierda, que todavía constituye la opinión ilustrada (a la derecha no le interesan las ideas y los debates le producen dolor de cabeza), asombra e irrita cualquier crítica a los países llamados socialistas. Ciertos temas siguen siendo tabú. Así como hay un puritanismo sexual hay un puritanismo político. Condenar los crímenes de los generalotes y los generalillos es un ritual sin riesgos; decir que los soldados cubanos tienen nada que hacer en África, salvo perder la vida, es más grave que blasfemar ante la Virgen de Guadalupe.”

Sobre la ruta del México actual

“¿Qué veo? Una ausencia de proyectos. Si vuelvo la cara hacia la derecha veo a gente atareada haciendo dinero; si la vuelvo a la izquierda, veo gente atareada discutiendo. Las ideas se han evaporado. O han hecho sus pruebas y han fracasado. La situación de México no es excepcional: el mundo vive, desde hace ya años, no las consecuencias de la muerte de Dios sino la muerte del Proyecto. Ese proyecto se llamó a veces Progreso, otras Revolución.”

Sobre la religión y los intelectuales

“En nuestros espíritus y en nuestros corazones hay un hueco, una sed que no pueden satisfacer las democracias capitalistas ni la técnica. Aunque la visión religiosa es, esencialmente, visión de otro mundo, es claro que las religiones tienen que hablar de lo que pasa en la tierra. Y en la tierra pasan siempre cosas terribles. En este punto aparece un dilema: ¿cómo distinguir entre lo terrenal y lo espiritual? Cuando el Papa, por ejemplo, critica al mercado y al capitalismo, cumple con su misión espiritual; sin embargo, me opondría a que él –o cualquier otro prelado- en nombre de su religión interviniese directamente en la política […] Esto es aplicable también a los intelectuales, herederos de los clérigos: como ciudadanos pueden y deben participar en la vida política; como intelectuales, sus deberes son otros. La actividad del intelectual –ciencia, arte, literatura, filosofía- está referida a valores y objetos que están más allá de los partidos y sus luchas.”

Sobre los mexicanos y su relación con la democracia

“Los cambios en materia de moral, actitudes y costumbres son todavía más lentos. Millones de nuestros contemporáneos, tanto en Nueva York y en París como en México y en Pachuca, creen aún en la astrología babilónica. En la esfera de la política se observa lo mismo. Pasar de una idea a otra es relativamente fácil: se puede ser hoy monárquico y mañana republicano, comunista ayer y hoy liberal. Es mucho más difícil cambiar nuestras actitudes y hábitos mentales. Ahora se habla mucho de democracia en México sólo que, en general, se la reduce a una seria de ideas y conceptos. No, la democracia es también práctica. A su vez, las prácticas sociales, al arraigarse, se convierten en hábitos y costumbres, en maneras de ser. Para que la democracia funciones realmente debe haber sido previamente asimilada e incorporada a nuestro ser más íntimo. La democracia debe transformarse en una vivencia. Esto es lo que, todavía, no sucede en México.”

Sobre el PRD y la izquierda mexicana

“En cuanto al PRD: sigue siendo una alianza de facciones y grupos heterogéneos. Es deplorable la frecuencia con que sus dirigentes se contradicen unos a otros; también lo es que a menudo, en sus declaraciones públicas, incurran en opiniones y posiciones que parecían haber abandonado, como el estatismo en materia económica y la defensa del régimen de Castro. Es imposible saber a ciencia cierta cuál es la verdadera ideología de ese partido. Estas contradicciones y arcaísmos revelan que el PRD se enfrenta a un reto de la mayor gravedad: el de su definición ideológica.”

Sobre el PRI

“… el PRI no solamente constituye una clase política sino que no es un partido de viejos. Es un partido que se rejuvenece sin cesar. Hoy el jefe del gobierno es un hombre joven y lo son la mayoría de sus colaboradores. El régimen no es conservador: se han hecho reformas sustanciales en el dominio de la economía y en la estructura misma del Estado.”

Sobre la sociedad civil

“El cambio debe venir de abajo, de la sociedad entera. El cambio no será voluntario ni impuesto: será la natural consecuencia de la evolución política del pueblo mexicano. Vuelvo al comienzo de nuestra conversación: el cambio en las actitudes vitales de una sociedad precede a los cambios jurídicos y políticos.”

Más sobre la democracia

“La democracia es una idea pero asimismo es una cultura y una práctica, un aprendizaje. Triunfa allí donde se convierte en costumbre y segunda naturaleza. Y una advertencia: la política es el teatro de los espejismo; sólo la crítica puede preservarnos de sus nefastos y sangrientos hechizos…”

Por último, Octavio Paz nos deja una advertencia y una enseñanza más sobre la vida de una sociedad democrática:

“No me hago ilusiones acerca de la democracia: no nos dará ni la felicidad ni la virtud. Los demócratas mexicanos deben contemplarse en el espejo de las democracias occidentales. La imagen no es admirable: abundan injusticias y las desigualdades; hay muchos horrores, muchas estupideces. En el momento en que México parece dar, al fin, el salto hacia la modernidad, descubrimos que esa modernidad está en crisis y que vive en una pausa, en un vacío histórico. La suerte de México no es distinta a la del mundo; la pregunta sobre la modernidad y su desenlace en el siglo XXI también nos concierne a nosotros.”

 

Tomado de: http://laotraopinion.com.mx/

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